Chris Haslam ha recorrido Reino Unido, Australia, Canadá y Estados Unidos en caravana: "Después de 26 años, he abandonado la autocaravana por algo mucho mejor"

Para Haslam, muchas autocaravanas acaban funcionando como una casa sobre ruedas. Dan comodidad, pero también alejan de la experiencia que supuestamente se busca al viajar por naturaleza.
Durante años, la autocaravana se ha vendido como una de las formas más libres de viajar. Sobre el papel suena perfecto, debido a que tienes techo propio y reduces la dependencia de alojamientos.
Pero no es ninguna sorpresa que esa misma comodidad también tiene una parte menos visible, sobre todo cuando el tamaño del vehículo empieza a marcar la ruta.
De acuerdo con Chris Haslam, redactor jefe de viajes de The Sunday Times, eso es precisamente lo que le ha ocurrido después de 26 años viajando en caravana y autocaravana.
Tras recorrer Reino Unido, Australia, Canadá y Estados Unidos, ha llegado a una conclusión que puede sorprender a muchos: ha abandonado la autocaravana por algo que considera mucho mejor.
La autocaravana no siempre da tanta libertad como parece

Haslam no habla desde una experiencia puntual, sino que ha pasado décadas recorriendo carreteras muy distintas, desde las grandes distancias de Norteamérica y Australia hasta rutas británicas mucho más estrechas.
Esa comparación es importante, porque una autocaravana puede resultar cómoda en carreteras amplias, pero convertirse en un problema cuando toca entrar en pueblos pequeños, buscar aparcamiento o acercarse a zonas costeras.
En cuanto al viaje en sí, el tamaño del vehículo acaba condicionando más de lo que parece, sobre todo porque hay que pensar dónde dormir, dónde girar, dónde aparcar y qué caminos conviene evitar.
Si bien la autocaravana ofrece cama y techo propio, al final también exige más planificación. Por ello, Para Haslam, ese equilibrio ha dejado de compensar.
Lo “mucho mejor” es una Dacia Bigster y una tienda
Cabe señalar que el experto en viajes ha optado por una fórmula más sencilla que una autocaravana; se trata de un Dacia Bigster y una tienda de campaña fácil de montar.
En su último recorrido hizo unos 6.931 kilómetros con este coche, una distancia suficiente para comprobar si el cambio funcionaba de verdad y donde concluyó que la ventaja principal está en la agilidad.
Y es que un coche como el Bigster permite moverse con más facilidad por carreteras estrechas, entrar en lugares donde una autocaravana resulta incómoda y reducir buena parte del estrés asociado a conducir un vehículo grande.
Donde también gana esta opción es en la relación entre espacio y sencillez. El coche tiene capacidad para llevar el equipo necesario, pero no obliga a viajar con una casa completa sobre ruedas.

La tienda de campaña, según su experiencia, puede montarse en pocos minutos, lo que elimina una de las molestias habituales de la acampada tradicional.
Del mismo modo, el precio marca una diferencia enorme, ya que un Dacia Bigster ronda aproximadamente los 29.250 euros, mientras que una autocaravana de alta gama como la Niesmann+Bischoff Arto 78 puede situarse cerca de los 191.880 euros.
Además, la diferencia no termina en la compra, ya que una autocaravana suele implicar más gasto en mantenimiento, combustible, seguro y estacionamiento.
En cambio, viajar con coche y tienda reduce la inversión inicial y deja más margen para gastar en la propia ruta. En cuanto al presupuesto, la conclusión de Haslam es bastante clara: no siempre hace falta un vehículo enorme para viajar mejor.
Volver a lo simple también puede ser viajar mejor
Chris Haslam tampoco ve claro el salto a las tiendas de techo, pese a que se han puesto de moda entre quienes quieren convertir un coche normal en una pequeña camper.
Algunos modelos de TentBox pueden moverse entre 1.169 y 2.925 euros, una inversión que para él no siempre aporta una ventaja suficiente frente a una tienda convencional.
Su postura no significa que la autocaravana haya dejado de tener sentido. Para algunas familias o para quienes priorizan dormir siempre bajo techo, sigue siendo una opción cómoda. Pero su experiencia apunta a que cuanto más grande y caro es el vehículo, más puede limitar la ruta.
Después de 26 años, Haslam no ha dejado los viajes por carretera, solo ha cambiado la forma de hacerlos. Y lo que ahora considera mejor no es más lujo, sino menos complicaciones.
