Llegan los radares de velocidad 4D: sin flash y capaz de multar en ambas direcciones

Radar de velocidad 4D
Una radar de velocidad 4D monitorea el tráfico en una autopistaGenerado con IA

¡Imposible escapar! Los nuevos radares vigilan cinco carriles a la vez en ambos sentidos. Miden distancia, altura y trayectoria para que nadie se salte los límites de velocidad.

Londres ha empezado a probar una nueva generación de radares de velocidad capaces de vigilar varios carriles en ambos sentidos sin destellos de flash ni marcas pintadas en el asfalto.  

Estos dispositivos, basados en tecnología de radar 4D y cámaras de alta definición, reabren el debate sobre hasta dónde puede llegar la vigilancia automatizada en nombre de la seguridad vial.

De los flashes al radar invisible

Cabe señalar que hasta ahora, la mayoría de los conductores asociaba los radares fijos a cajas visibles, líneas blancas sobre el asfalto y un fogonazo cuando el coche superaba el límite, pero con el nuevo sistema, ese esquema se rompe. 

Las cámaras 4D que Londres ha comenzado a instalar pueden monitorizar hasta cinco carriles y captar vehículos en ambas direcciones desde un único punto elevado, sin necesidad de señalizar el tramo con marcas específicas ni disparar un flash que delate la infracción.

La clave está en la combinación de un radar capaz de seguir la trayectoria y velocidad de cada coche con una cámara en alta resolución que captura imágenes nítidas incluso con poca luz. El dispositivo identifica qué coche rebasa el límite, calcula su posición exacta y registra la escena sin llamar la atención. 

Para el conductor, el resultado es que puede recibir una multa días después de un trayecto aparentemente rutinario sin haber visto ni un destello ni una señal visual clara de que estaba siendo controlado.

Cómo funciona realmente el radar 4D

La ciudad ha elegido para la prueba varias zonas con límites de 30 y 50 kilómetros por hora y un historial de siniestralidad y quejas por excesos de velocidad, declaró Siwan Hayward, directora de seguridad, vigilancia y control de TfL.

No se trata de una implantación masiva, sino de un despliegue acotado en puntos considerados sensibles, con el objetivo de medir qué impacto real tienen estos radares en el comportamiento de los conductores y en la reducción de accidentes.

Cabe señalar que Londres mantiene desde hace años una estrategia de "Vision Zero" que aspira a reducir a cero las muertes y lesiones graves en sus carreteras. 

Y es que la velocidad es un factor recurrente en las colisiones mortales y, al mismo tiempo, las estadísticas muestran un volumen creciente de sanciones por exceso de velocidad en todo el país. 

En ese escenario, la ciudad busca herramientas que permitan hacer cumplir los límites más bajos en zonas urbanas sin multiplicar la infraestructura ni saturar a la policía de tráfico.

Aunque la etiqueta 4D suene a eslogan de marketing, detrás hay un cambio relevante. El radar no solo mide la velocidad de los vehículos, sino también su distancia, su trayectoria y su altura. 

Eso le permite diferenciar con precisión qué coche está infringiendo la norma cuando varios circulan en paralelo, cruzan en sentido contrario o se mezclan en una intersección. 

A partir de esa información, la cámara asociada toma las imágenes necesarias para identificar el vehículo y documentar la infracción.

Otra diferencia importante respecto a los cinemómetros tradicionales es que el sistema no depende de sensores embebidos en el firme ni de marcas pintadas para comprobar la velocidad media en un tramo. 

Todo ocurre en el propio poste: la antena de radar y la cámara generan la prueba sin necesidad de intervenir en la calzada. Esto reduce costes de instalación, facilita mover o añadir equipos y, de paso, hace menos evidente para el conductor dónde empieza y dónde termina la zona vigilada.

Qué cambia para los conductores

Con este sistema desaparecen muchas de las señales que ayudaban a anticipar la presencia de un radar, como las franjas blancas en el suelo, la caja de los radares visible a distancia, el destello repentino en el parabrisas. 

A partir de ahora, un simple poste puede estar controlando varios carriles y ambos sentidos a la vez, incluso en calles relativamente estrechas o en accesos urbanos que hasta ahora pasaban más desapercibidos.

Eso puede tener dos efectos simultáneos. Por un lado, obliga a asumir que el límite de velocidad rige siempre, no solo donde se ve el cinemómetro, y que confiar en el ojo para detectar cámaras deja de ser una estrategia razonable. 

Por otro, alimenta la sensación de algunos conductores de estar sometidos a una vigilancia continua difícil de identificar, en un momento en que ya existen dispositivos capaces de detectar el uso del móvil al volante o el uso del cinturón mediante análisis de imagen.

El objetivo es reducir atropellos y colisiones graves en entornos urbanos, especialmente en vías con límites de 50 kilómetros por hora donde, a velocidades más altas, las probabilidades de supervivencia de un peatón caen en picado. 

Sin embargo, es evidente que un radar que ve más también sancionará más. Si la prueba demuestra que los equipos son fiables y rentables, Londres tendrá en la mano un instrumento muy potente para extender el control a otras zonas. 

Y, como ya ha ocurrido con otras medidas de movilidad de la capital británica, es probable que otras ciudades del Reino Unido e incluso de fuera del país observen el experimento de cerca y acaben replicando el modelo si los resultados acompañan.

Un anticipo del futuro del control de tráfico

La prueba de estos radares 4D en Londres no es solo una actualización de hardware, sino un anticipo del tipo de control de tráfico que viene, más preciso y menos visible. 

Para la administración, ofrece la posibilidad de reforzar la seguridad vial y hacer valer límites de velocidad cada vez más bajos en entornos urbanos densos. Para el conductor, supone el fin definitivo de la era en la que bastaba con conocer dónde estaban los radares para esquivarlos.

El equilibrio entre seguridad y sensación de vigilancia va a ser clave. Si la tecnología se traduce en menos víctimas en las calles, tendrá argumentos sólidos para consolidarse y expandirse a otros países.

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