La extraña mutación de Linus Torvalds con la IA, ha pasado de un "90% marketing y 10% realidad" a "si no te gusta, márchate" en un abrir y cerrar de ojos

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En la actualidad, el creador de Linux considera que la IA es una herramienta útil y admite que ya se usa para encontrar errores y no quiere que el proyecto se convierta en un espacio anti-IA.
Durante los primeros años de la IA, muchos programadores recibieron estas herramientas con cautela. Podían escribir código en segundos, pero también tenían alucinaciones, errores y ofrecían resultados aparentemente convincentes que después exigían una revisión completa.
Linus Torvalds compartía ese escepticismo. Durante una charla con TFiR en el Open Source Summit Europe de Viena, celebrado en octubre de 2024, resumió su opinión con la siguiente frase: "90% marketing y 10% realidad".
Cabe mencionar que el creador de Linux no negaba que esta tecnología pudiera llegar a ser importante, pero su crítica se dirigía al enorme ruido comercial que la rodeaba.
Y es que las empresas prometían una revolución inmediata, mientras los usos realmente fiables seguían siendo limitados, muy limitados. Por eso prefería esperar varios años y comprobar qué aplicaciones sobrevivían una vez desapareciera tal exageración por la inteligencia artificial.
Torvalds comenzó a encontrar usos reales

Es importante mencionar que la evolución de su postura no ocurrió de un día para otro. Linus Torvalds empezó a separar las promesas infladas de las tareas en las que la IA sí podía resultar útil.
Incluso llegó a utilizar herramientas generativas en AudioNoise, un proyecto personal relacionado con efectos de sonido. Escribió la parte principal en C y recurrió al entorno Antigravity de Google para trabajar en un visualizador desarrollado en Python.
Del mismo modo, se mostró favorable al llamado vibe coding para aprender, experimentar o crear proyectos pequeños.
Sin embargo, mantuvo un límite claro: generar código sin entenderlo no es aceptable cuando otra persona tendrá que revisarlo, corregirlo y mantenerlo durante años.
La IA ya ayuda a revisar partes del kernel Linux

El cambio más importante llegó cuando estas herramientas dejaron de utilizarse únicamente para generar código y comenzaron a participar en tareas de revisión, pruebas y detección de errores.
Greg Kroah-Hartman, uno de los principales responsables de las versiones estables de Linux, ha experimentado con sistemas de fuzzing asistidos por IA.
Se trata de una técnica que introduce datos inesperados o incorrectos en el software para provocar fallos y encontrar problemas difíciles de detectar mediante una revisión convencional.
Las pruebas se han aplicado a componentes como el servidor SMB del kernel, USB, HID, Wi-Fi, redes y la arquitectura LoongArch, donde la IA identifica comportamientos sospechosos, pero no decide por sí sola qué cambios deben aceptarse.
Al final, un programador revisa detalladamente cada resultado, descarta los falsos positivos y prepara las correcciones necesarias.
Otro ejemplo es Sashiko, un sistema que analiza parches enviados al kernel y publica observaciones sobre posibles errores. Funciona como un revisor adicional, no como un sustituto de los mantenedores.
Linux no será un proyecto anti-IA
Posteriormente, en julio de 2026, durante una discusión sobre el uso de estas herramientas inteligentes, Linus Torvalds dejó clara su postura: “Linux no es uno de esos proyectos anti-IA”.
También señaló que quienes quisieran imponer una prohibición podían crear su propia bifurcación del kernel. Su respuesta para quienes no estuvieran dispuestos a aceptar esa posición fue todavía más directa: “O simplemente márchate”.
Linux permite las contribuciones asistidas por IA, pero mantiene reglas estrictas. El código debe respetar la licencia GPL-2.0 y una persona tiene que revisarlo, entenderlo y responsabilizarse de su calidad.
Cuando la participación de una herramienta sea importante, puede indicarse mediante la etiqueta 'Assisted by'.
De este modo, Torvalds no ha pasado de rechazar la IA a confiar ciegamente en ella, pero lo que ha cambiado es la tecnología y, sobre todo, su utilidad práctica.
Sigue criticando los parches inútiles, los informes inventados y cualquier herramienta que traslade más trabajo a los mantenedores. Pero ya no considera razonable prohibir una tecnología capaz de detectar errores, revisar cambios y reducir tareas repetitivas.
La postura actual del creador de Linux es sencilla: la inteligencia artificial y los modelos generativos pueden ayudar a las tareas y a escribir código, pero una persona debe seguir al mando.