Greg Kroah-Hartman, uno de los máximos responsables del kernel de Linux: "Si crees que el parche es malo, no lo critiques aquí"

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Linux no está atravesando sus mejores meses. La avalancha de errores detectados por la IA, tanto para bien como para mal, está dejando entrever un ambiente bastante tenso.
Es bien sabido por todos que el kernel de Linux, desde que Linux 7.1 salió a la luz, no está atravesando un buen momento. A la enorme carga de trabajo se le ha añadido uno nuevo: el filtrado de parches absurdos directamente redactados por IA.
En este ambiente no se puede negar que cualquier chispa salta a la mínima, como se ha visto en estos días en las listas de correo con unas palabras de Greg Kroah-Hartman, una de las manos derechas de Linus Torvalds.
Un usuario cargó en la lista de seguridad oss-security contra una gran reestructuración interna en el subsistema de virtualización KVM (bautizada como kvm-chainsaw).
Este no compartía la idea, o más bien la necesidad de cambiar estructuras de datos sin una razón aparente y proponía con cierta ironía que cambios tan grandes "deberían pasarse por un modelo de lenguaje (LLM) fiable".
La insinuación de meter más inteligencia artificial en el proceso de revisión, sumada a todo lo que se estaba discutiendo terminó por colmar la paciencia de Kroah-Hartman, quien comentó lo siguiente: "Si tienes objeciones sobre los parches enviadas al kernel, vete a revisarlas a la lista de correo correspondiente e incluye datos específicos. Comentar en una lista aleatoria como esta no va a cambiar nada".
El problema es que, con la vista puesta en la muy esperada e inminente salida de Linux 7.2, el equipo de desarrollo se encuentra desbordado filtrando miles de propuestas.
Que la IA esté en todas partes ha provocado que muchos usuarios envíen parches generados en segundos por IA que parecen estar bien redactados, pero que ocultan fallos de lógica o intentan corregir errores que en realidad no existen.
"Los problemas en Linux detectados por la IA no deja de crecer"
Este es el gran quebradero de cabeza en estos últimos meses. Están viendo que errores que antes podían estar ocultos durante años ahora salen a la luz con mucha más frecuencia, lo que mejora la seguridad a largo plazo, aunque también está generando una avalancha de informes que los mantenedores apenas pueden revisar al mismo ritmo.
La magnitud del problema quedó clara cuando el equipo responsable del kernel publicó 432 vulnerabilidades CVE en solo dos días. No todas eran críticas ni habían sido descubiertas mediante IA, ya que Greg Kroah-Hartman explicó que buena parte correspondía a una cola de trabajo acumulada durante varias semanas.
Kroah-Hartman asegura que eso está cambiando porque las herramientas actuales pueden seguir rutas de ejecución complejas, detectar comportamientos sospechosos y señalar zonas del kernel que merecen una investigación real.
El problema de fondo es que todo esto que se encuentra, sea mucho o poco, sigue necesitando una revisión humana.
Linus Torvalds, sin piedad contra los críticos de la IA
Lo cierto es que el problema de la inteligencia artificial lleva meses trayendo cola. Si bien en un inicio Linus Torvalds, creador de Linux, no estaba totalmente de acuerdo con su uso, sus pros superan a sus contras. Eso sí, con matices.
Si bien supone un gran avance, los fallos (y los reportes de errores erróneos) crecen. Con esto como base, a partir de ahora, el código generado con ayuda de IA no puede llevar la firma de los desarrolladores.
En su lugar, se añade una etiqueta distinta que deja claro que ha habido asistencia de inteligencia artificial. Así, cualquier persona que revise ese código sabe exactamente de dónde viene.
Aun así, y pese a estas medidas, esto está generando un cuello de botella insostenible por algo muy simple: al ser una lista privada, nadie sabe lo que está denunciando otro usuario. Como casi todo el mundo utiliza las mismas herramientas de IA, los mismos robots encuentran exactamente los mismos fallos una y otra vez.
Hartos de perder horas con el mismo error clonado por veinte robots diferentes, las personas al mando de Linux han tomado una medida drástica para acabar con esto. A partir de ahora, cualquier fallo que haya sido detectado mediante una inteligencia artificial dejará de considerarse secreto por definición y se prohibirá su envío a la lista privada.
Torvalds ha dejado claro que gestionar estos avisos automatizados de forma anónima es una pérdida de tiempo que solo empeora la carga de trabajo, por lo que todo reporte automatizado se derivará directamente a los foros abiertos para que la propia comunidad los descarte.



