Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, lo tiene claro y se avecina una era dorada de la IA: "Creo que eso empezará a suceder hacia 2030"

Si la AGI llega a funcionar como este gran cerebro espera, la humanidad podría entrar en una etapa de máximo florecimiento, donde los grandes problemas dejarán de serlo.
Por fin algo de declaraciones positivas con respecto a lo que le espera a la humanidad una vez la IA llegue a su máximo apogeo. Según Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, se avecina una era dorada.
Tal y como explica en una reciente entrevista a Wired, en menos de una década podríamos vivir en un mundo donde la IA resuelva problemas que hoy parecen imposibles. Y para el que ande algo perdido, no lo dice cualquiera. Hassabis es el cerebro detrás de AlphaFold, la IA que cambió por completo la medicina al predecir la estructura de las proteínas y que le valió el Nobel de Química.
Este pone sobre la mesa la idea de que la inteligencia artificial general (IAG), esa IA capaz de igualar o incluso superar la inteligencia humana, está más cerca de lo que crees. Habla de un 50% de posibilidades de que llegue entre 2030 y 2035.
Si acierta, el mundo tal y como se conoce hoy en día, y eso que ha cambiado bastante, podría dar un salto enorme: desde curar enfermedades hasta encontrar nuevas fuentes de energía, pasando por poner fin al cambio climático o descubrir teorías científicas que hoy se desconocen.
¿Qué es la inteligencia artificial general y por qué importa tanto?
Cuando se habla de IA, se suele pensar en chatbots, asistentes virtuales o programas que te recomiendan series. Pero la AGI ya es otra liga. Se trata de sistemas capaces de aprender, razonar y adaptarse como lo haría una persona. Hassabis lo explica afirmando que podrá realizar cualquier tarea cognitiva que hoy hace un humano, pero probablemente mejor y más rápido.
Esto abre la puerta a una "abundancia radical", como él la llama, dando pie a un mundo donde la escasez casi desaparece porque la IA encuentra soluciones a los grandes problemas como energía limpia, agua potable, medicamentos personalizados o transporte eficiente.
Partiendo de la base de que se considera este avance como uno de los grandes logros de la humanidad al conseguir que la IA sea tan inteligente como un humano, matizar primero un pequeño aspecto que se recoge a la perfección en las palabras de Sophie Callies, experta en IA, neurociencia y filosofía:
"Decir que cualquiera, incluida la IA, puede alcanzar el nivel de la inteligencia humana, ya sea imitándola o realizándola, se basa en la premisa de comprender qué es realmente la inteligencia humana... pero nosotros, los neurocientíficos, no sabemos mucho sobre el funcionamiento de nuestro cerebro y sus relaciones con nuestro cuerpo... Así que sí, estamos progresando, ¡pero persisten tantos misterios! Y dudo mucho que en un futuro próximo lo hayamos solucionado todo".
Como ya se ha explicado en otras ocasiones, se supone que las aplicaciones AGI replican la conciencia humana y las habilidades cognitivas sin problemas. Sin embargo, los desarrolladores de esta tecnología no pueden crear redes neuronales que puedan imitar la conciencia artificial en un laboratorio, al menos no todavía. La conciencia humana es demasiado abstracta y asimétrica.
Otro problema que se puede ver es que la IA, a pesar de todas sus increíbles capacidades, todavía se ejecuta en algoritmos y programas informáticos meticulosamente creados que, por un lado, pueden fallar y dejar de funcionar como ocurre con el resto de herramientas y, por otro, cada decisión está respaldada por análisis y procesamiento de datos humanos.
Aquí realmente el miedo debería residir en cómo determinados gobiernos o cuerpos de seguridad o incluso algunas empresas harían/hacen uso de esta tecnología más que si esta es capaz de alcanzar las capacidades cognitivas humanas.
Lo cierto es que no todo es optimismo en las plaabras de Hassabis. Él mismo reconoce que los riesgos son reales y que hay que tomarlos en serio. Por un lado, está el peligro de que la IA caiga en manos equivocadas, como se acaba de comentar y, por otro, está el riesgo técnico, el de que la IA se vuelva demasiado autónoma y difícil de controlar, o que tome decisiones que nadie entiende ni puede frenar.
En cuanto a la gran duda, Hassabis es realista y afirma que muchos empleos cambiarán o desaparecerán, pero también surgirán otros nuevos, y la IA será una herramienta que nos hará más productivos. La clave estará, una vez más, en adaptarse y aprender a trabajar con todo lo que está llegando.
Eso sí, añade que hay cosas que la IA nunca podrá sustituir del todo, como la empatía, la creatividad o el trato humano. Por ejemplo, un médico podrá usar IA para diagnosticar mejor, pero el cuidado de una enfermera difícilmente podrá ser reemplazado por un robot. Lo humano seguirá siendo muy neceario, aunque la tecnología avance como lo hace.
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Carolina González
Redactora
Carolina González, redactora de actualidad, reportajes a fondo, análisis de todo tipo de productos y vídeos para el canal de Youtube.
