Dispositivos para escribir con la mente, la tecnología que podría cambiarlo todo

Profesor Xavier, X-Men
Profesor Xavier, X-Men20th Century Studios

El ser humano ha basado gran parte de su evolución en el lenguaje, tanto verbal como no verbal, y la tecnología podría conseguir un nuevo paso en pocos años.

A pesar de que se cree que el ser humano comenzó a comunicarse al menos hace 50.000 años, lo cierto es que nadie sabe cuál fue el detonante que hizo al homínido establecer una relación de comunicación con un semejante.

Según las diferentes investigaciones, una hipótesis bastante consensuada consiste en varios factores que propiciaron lo que se conocen como preadaptaciones cognitivas, como la capacidad de seguir a otro sujeto con la mirada o prestar atención sobre un motivo.

Aquí, por supuesto, se habla del lenguaje no verbal; es decir, básicamente gestos y aspavientos que pueden alertar a otros de la comunidad, por ejemplo, si llega un depredador peligroso.

En cuanto al lenguaje verbal, algunos autores como Charles Darwin consideran a los propios gestos y sonidos naturales como la semilla que posibilitó una comunicación verbal, mediante imitación y modificación.

Aunque nada está totalmente claro, ya que existen muchísimas teorías, muchas de ellas dirigidas a sonidos o advertencias mímicas, prácticamente, que originaron las palabras encadenadas como tal.

Sea como sea, en la historia milenaria conocida el ser humano ha brillado gracias a la escritura; no obstante, el próximo paso revolucionario podría ser directamente escribir con la mente, algo que no está ya muy lejos.

Una nueva forma de comunicación que llegará en 2030

Durante las últimas décadas, el ser humano ha querido configurar una nueva forma de comunicación, mediante la interfaz de una máquina –con varios rasgos de la comunicación interpersonal mediada por tecnología–, en contacto con un cerebro humano.

Todas estas denominadas interfaces cerebro-ordenador, o BCI por sus siglas en inglés, mantienen el mismo modus operandi: reciben señales de la actividad cerebral mediante sensores, procesan la señal y permiten la interacción.

En la práctica, como ha ocurrido durante numerosos estudios, esto se traduce en que personas que han tenido un accidente automovilístico, por ejemplo, puedan volver a escribir con el simple hecho de pensar.

Este tipo de interfaces han servido en numerosos casos para que personas que no pueden hablar recuperen básicamente esta capacidad, al menos mediante la traducción de sus señales en un monitor, con resultados muy positivos para la medicina.

Ha pasado ya una década desde que Elon Musk prometiera con Neuralink un dispositivo apto para el consumo masivo, y no solo como parte de ensayos clínicos dirigidos a mejorar la calidad de vida del paciente.

Y, aunque se han conseguido importantes avances, como la ya histórica partida de Pong que llevó a cabo un mono –un curioso caso de comunicación transhumanista–, aún no han llegado estos dispositivos al común de la población.

A día de hoy, los grandes avances en este tipo de tecnología se han centrado en la mejora del rendimiento del dispositivo, así como en un diseño no intrusivo con el usuario, aunque parece algo estancado.

Como suele ocurrir en el sector tecnológico, China ya aseguró en un documento oficial que 2027 sería el año en el que avanzarían estas tecnologías en el país, con un horizonte más claro en 2030 para liderar este mercado, también en el ámbito de consumo.

En su caso concreto, la potencia asiática cree que es posible que para dicha década las BCI sean básicamente dispositivos que no molesten durante diferentes tareas, como cascos, gafas o cualquier otro complemento.

Todo ello para conseguir que esta tecnología llegue finalmente a sectores estratégicos, como la energía, la minería e incluso la seguridad, algo que favorecerá su adopción masiva.

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