Donald Trump apuñala a Tesla: le ha dado a China el poder tecnológico absoluto, desde los coches eléctricos a los móviles

Donald Trump ha encendido la mecha de una nueva guerra comercial y tecnológica con China, y el primer damnificado podría ser la empresa de coches eléctricos de Elon Musk.
El actual Presidente de Estados Unidos, como ya bien sabrás, inició una gran guerra arancelaria con China, que ahora se ha reducido, pero que mantiene la mecha de la batalla encendida entre estas dos grandes potencias. ¿La respuesta del gigante asiático? Pekín ha respondido cerrando el grifo de las tierras raras.
Para que aquellos que anden algo perdidos, se trata de minerales imprescindibles para fabricar desde coches eléctricos hasta móviles y turbinas eólicas. El resultado es que China tiene ahora el poder absoluto sobre la tecnología mundial y las consecuencias ya se sienten en toda la industria.
La jugada de Trump parecía que no iba a tener fallo alguno: subir los aranceles a los productos chinos para proteger la industria estadounidense y frenar el avance de China en sectores como el coche eléctrico.
Pero la reacción de Pekín ha sido magistral y el país controla casi el 70% de la producción mundial de tierras raras y más del 90% del refinado, lo que le permite decidir quién accede a estos materiales y en qué condiciones.
Ahora, con las nuevas restricciones, cualquier empresa que quiera importar tierras raras o imanes fabricados en China necesitará una licencia especial, que puede ser denegada si se sospecha que el material acabará en tecnología militar o en manos de rivales estratégicos. En pocas palabras, lo mismo que ha hecho EEUU con Nvidia, por ejemplo, y sus chips de IA.
Un as bajo la manga de China que Trump parece que no se ha visto venir
A día de hoy, aunque no lo parezca, las tierras raras son el ingrediente secreto y necesario para todo lo que actualmente la tecnología requiere. Sin ellas, no hay baterías para coches eléctricos, ni smartphones, ni aviones de combate, ni turbinas eólicas.
Un coche eléctrico lleva, de media, un kilo de imanes hechos con tierras raras; una turbina marina puede necesitar hasta seis toneladas. Hasta ahora, Occidente había dado por hecho que siempre podría comprarlas a buen precio en el mercado global. Pero China jugó a largo plazo y se aseguró el control de toda la cadena, desde la mina hasta el refinado.
El nuevo sistema de licencias anunciado por Pekín permite al gobierno chino bloquear exportaciones caso por caso. El truco está en que muchos de estos materiales se consideran de 'doble uso': pueden servir tanto para una batidora como para un misil. Así, China puede frenar el suministro a cualquier empresa o país que considere una amenaza o que le haya impuesto sanciones. Un win-win en toda regla.
El impacto de todo esto ya se está notando y precisamente el primero en echarse las manos a la cabeza es el que fue mano derecha de Donald Trump: Elon Musk. Tesla, que hasta ahora había salido indemne de esta guerra, está ahora en una posición peliaguda.
Si el suministro de tierras raras se corta o se hace más cara, la producción de coches eléctricos y de componentes puede verse paralizada o disparar los precios. Y lo mismo ocurre con otras tecnológicas, desde Apple hasta los fabricantes europeos de baterías y turbinas.
La dependencia de materiales y componentes chinos sigue siendo un talón de Aquiles para este país y ya son muchas las marcas que está buscando alternativas ante lo que se avecina. Renault, por ejemplo, ya ha creado motores eléctricos que no dependen de estos minerales, usando rotores bobinados en lugar de imanes permanentes.
Sin embargo, no todos corren la misma suerte y este tipo de avances requieren demasiada previsión, tiempo y dinero.
A corto plazo, lo que antes se notará será el encarecimiento de los coches eléctricos, los móviles y otros dispositivos. A largo plazo, la batalla por el control de los materiales críticos marcará un poco quien consigue hacerse con el poder ya casi global.


