Entrenadores de robots o la gran ironía del mundo moderno: en China ya hay humanos que enseñan a robots que podrían quitarles su trabajo en el futuro

Un hombre enseñando a trabajar a un robot
Un hombre enseñando a trabajar a un robotImagen generada con IA
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En China, los entrenadores de robots cobran hasta 800 euros, un trabajo que consiste en enseñar a las máquinas tareas como doblar ropa, lavar platos, abrir botellas, barrer o mover objetos.

En China está surgiendo un nuevo trabajo donde, según el South China Morning Post, algunas empresas están contratando a personas para enseñar a robots autónomos a doblar ropa, lavar platos, abrir botellas y recoger objetos, con salarios de entre 4.000 y 6.000 yuanes mensuales, equivalentes a unos 500-800 euros. Los trabajadores repiten determinados movimientos hasta 200 veces al día para generar datos que permitan a las máquinas aprender a realizar esas mismas tareas en viviendas, fábricas y supermercados.

Cabe señalar que el objetivo no consiste simplemente en mostrar a un robot cómo se hace algo, sino que las empresas necesitan registrar movimientos humanos para entrenar sistemas capaces de manipular objetos y desenvolverse en entornos físicos. Para ello, los trabajadores utilizan equipos de captura de movimiento que permiten recopilar información sobre sus acciones y convertirla en datos útiles para el aprendizaje de las máquinas.

Esta actividad forma parte del desarrollo de la llamada inteligencia artificial física, que busca trasladar las capacidades de la IA al mundo real mediante robots capaces de percibir su entorno y actuar sobre él. A diferencia de un chatbot, que genera respuestas o automatiza ciertas tareas, un robot debe coordinar sus movimientos, calcular cómo agarrar un objeto y adaptarse a situaciones que pueden cambiar en cada intento.

La demanda de este tipo de perfiles está creciendo en plataformas de empleo y redes sociales chinas. Entre quienes aceptan estos trabajos aparecen personas desempleadas, estudiantes universitarios y trabajadores que buscan ingresos flexibles. Todos participan en una tarea fundamental para el desarrollo de la llamada IA física o embodied AI, una rama de la inteligencia artificial centrada en enseñar a las máquinas cómo relacionarse con el mundo real.

Cómo se enseña a un robot a lavar platos, doblar ropa o abrir una botella

Una mujer enseñando a trabajar a un robot
Una mujer enseñando a trabajar a un robotSCMP

Es importante mencionar que detrás de cada movimiento existe un enorme volumen de datos e información, ya que para que un robot de este tipo aprenda a realizar tareas básicas, primero debe observar cómo las ejecuta una persona real. Por ese motivo, los entrenadores realizan una y otra vez acciones domésticas y de mantenimiento siguiendo instrucciones que aparecen en pantallas de ordenador.

Entre las actividades más habituales figuran doblar prendas de ropa, barrer, mover objetos, manipular recipientes, abrir tapones o fregar utensilios de cocina. Todo el proceso queda registrado mediante sensores que capturan detalles sobre posición, velocidad, trayectoria y precisión de cada movimiento. Posteriormente, esa información termina formando parte de los sistemas de entrenamiento utilizados por empresas de robótica.

Los datos resultantes se utilizan para desarrollar máquinas capaces de actuar en distintos escenarios. No obstante, el objetivo no se limita al hogar, sino que también se están entrenando robots destinados a supermercados, líneas de producción industriales y espacios comerciales donde deben manipular objetos de forma autónoma y sin supervisión de humanos.

La paradoja de entrenar máquinas que algún día podrían hacer esas mismas tareas

Uno de los casos citados es el de Liu Yun, una trabajadora de 40 años que perdió su empleo en la industria de la automoción y encontró una nueva oportunidad en este sector. Su jornada consiste en seguir instrucciones mientras lleva sensores que registran sus movimientos. Según explicó, algunas tareas pueden repetirse hasta 200 veces al día, un nivel de repetición que acaba generando cansancio físico y mental.

El nuevo trabajo de los entrenadores de robots en China refleja una realidad que rara vez aparece en los debates sobre automatización. Y es que antes de que una máquina pueda trabajar de forma autónoma, necesita aprender observando a seres humanos, y eso significa que detrás de muchos avances en inteligencia artificial sigue existiendo una gran cantidad de trabajo humano detrás.

Por ahora, estos trabajadores son una pieza esencial del desarrollo robótico en China, y lo que ocurra dentro de unos años es una incógnita. Lo que sí demuestra este nuevo puesto de trabajo, que no es bien pagado, es que la automatización no surge de la nada, sino que antes de que los robots aprendan a trabajar solos, alguien tiene que enseñarles cómo hacerlo, y este trabajo es uno de ellos.

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