Esta bombilla lleva encendida 125 años: por qué las de ahora no aguantan tanto

Instalada en 1901, la bombilla centenaria continúa funcionando, mientras que las más nuevas se funden enseguida: esta es su explicación.
En el parque número 6 de Livermore, en California (Estados Unidos), cuelga una pequeña bombilla que desafía prácticamente todas las leyes, la conocida como Centennial Light, o bombilla centenaria por su traducción al español.
Desde su instalación en 1901, esta impasible bombilla ha visto incluso morir a 3 cámaras de videovigilancia que grababan y emitían todos sus directos, ya que en su página web se puede comprobar que sigue funcionando.
Para hacernos una idea de la longevidad de esta bombilla, hay que tener en cuenta que en 2015 se celebró el millón de horas en activo, ya que a excepción de los cambios de lugar, ha seguido ahí sin sufrir el paso del tiempo.
Desafortunadamente, esta bombilla centenaria ha sido una excepción en la historia más reciente, debido al conocido como Cártel Phoebus, integrado por los principales fabricantes del momento, Osram, Philips y General Electric.
Antes de la Navidad de 1924, estas compañías consensuaron rebajar la vida útil de las bombillas a las 1.000 horas, con el objetivo de que las ventas no cayeran a corto y medio plazo, una técnica que se mantuvo al menos hasta 1939.
Este es el primer caso reconocido e investigado de obsolescencia programada, modificando artificialmente el mercado para crear más demanda, por supuesto, a costa de los consumidores.
Por qué las bombillas de ahora no aguantan tanto
Antes del año en el que el Cártel Phoebus se configuró, las bombillas podían duplicar la capacidad a la que se limitaron con su creación, en total, con aproximadamente 2.500 horas de vida útil.
La justificación de este oligopolio colusivo fue clara: una bombilla con una vida útil más larga no era más eficiente; al contrario, se solía producir más calor que luz, algo fatal para la bombilla.
Aunque para aquel entonces pudiera sonar a una hipótesis que justifica rebajar la vida útil de las bombillas, lo cierto es que era parcialmente falso, debido al propio funcionamiento de los dispositivos en aquella época.
En definitiva, es cierto que la bombilla centenaria –fabricada con un filamento de carbono por la Shelby Electric Company ya a finales del siglo XIX– produce más calor que luz, pero eso no implica una vida útil más corta.
En el caso concreto de las bombillas LED actuales, están fabricadas con un diodo capaz de soportar aproximadamente unas 50.000 horas de uso, un salto cuantitativo, pero que aún puede mejorar.
Esto se debe a que los fabricantes suelen utilizar materiales más baratos o, directamente, se reduce la cantidad de alguno de estos para abaratar los costes; y en tecnología, algo más barato suele tener una vida útil mucho más corta.
Y, adicionalmente, se sacrifica algo de vida útil para conseguir una mejor iluminación, en lugar de calor, por lo que tiene algo más de sentido en la actualidad, al menos con este tipo de tecnología más reciente.
Sea como sea, y aun con luces de refuerzo, la bombilla de Livermore continúa aguantando el paso de los años de forma heroica, siendo la envidia de las bombillas actuales, con una vida útil muchísimo más corta.
