Experto español en IA realiza una curiosa prueba y el resultado es inquietante: "¿Sabes dónde estoy?"

Pablo Álvarez Azcúnaga, profesor en la Universidad de Deusto, desafía a una IA con una foto y el sistema acierta su ubicación solo con el reflejo de sus gafas.
La inteligencia artificial sigue rompiendo límites, y esta vez lo ha hecho a través de un experimento que mezcla lo cotidiano con lo inquietante. Pablo Álvarez Azcúnaga, experto español en IA y profesor en la Universidad de Deusto, ha puesto a prueba las capacidades visuales de ChatGPT, subiendo una foto suya y desafiándolo a que descubriera su localización exacta.
El resultado ha sido tan preciso que da que pensar sobre lo que puede llegar a ver una inteligencia artificial, e incluso cuando nosotros no lo vemos.
El experimento, realizado con ChatGPT y una imagen donde el propio Pablo aparece con gafas de sol, se ha viralizado en redes sociales por lo insólito del desenlace. El chatbot fue capaz de identificar el lugar exacto en el que se encontraba el experto, únicamente analizando el reflejo en sus lentes y algunos elementos del entorno.
El poder del análisis visual de la IA
En el vídeo que acompaña al experimento, subido a las redes sociales del experto (@maxmaxdata), él reta directamente al sistema: "¿Sabes dónde estoy? Si adivinas te doy un premio. No puedes fallar ni inventarte la respuesta si no estás seguro. Analiza cada detalle como si fueras un experto".
Desde ahí, la IA inicia un proceso detallado de observación. Primero, identifica el reflejo en las gafas de sol. Luego, examina los elementos del fondo, como un edificio, una estructura, posibles detalles arquitectónicos. Y vuelve a los cristales, como si supiera que ahí hay información clave.
Finalmente, ChatGPT concluye que la imagen fue tomada en "La Comercial", uno de los edificios del campus de la Universidad de Deusto, en Bilbao.
Este nivel de precisión sorprendió incluso al propio Pablo. "Cualquier persona con una suscripción de ChatGPT puede llegar a saber dónde ha sido tomada la foto", afirma en el vídeo.
Y aclara que el sistema no usó ningún dato adicional, como coordenadas GPS o etiquetas ocultas. Todo se dedujo visualmente. Es decir, la inteligencia artificial fue capaz de interpretar el entorno como lo haría una persona muy observadora, o incluso mejor.
El experto no es nuevo en esto de experimentar con sistemas de IA. En otras ocasiones, ha mostrado cómo ha usado esta tecnología para crear cuentos personalizados para su hijo de nueve años, según El Correo.
"Ya no sabía qué historia inventarme y configuré la IA para que lo haga por mí, con acertijos, aventuras, moralejas… para que aprenda y se divierta", explica. Este tipo de usos muestran el lado más amable y útil de estas herramientas, que pueden ir desde ayudar con la creatividad hasta resolver tareas complejas de forma automática.
Pero lo que ha dejado huella en este caso es la capacidad de deducción de una IA solo con una foto aparentemente normal. Y si bien este experimento se realizó en un contexto académico y controlado, plantea preguntas relevantes sobre privacidad y seguridad. ¿Qué ocurre cuando subimos una imagen sin pensar en lo que podría reflejarse en unas gafas, una ventana o un espejo?
Este tipo de pruebas ponen de manifiesto cómo la IA está superando barreras que hasta hace poco parecían ciencia ficción.