La IA ya vigila a los empleados, y no es una buena idea, revela un estudio

Algunas empresas ya utilizan la inteligencia artificial para mejorar el rendimiento de sus trabajadores. Sin embargo, lo que logran es precisamente el efecto contrario.
Actualmente la inteligencia artificial se utiliza para muchas cosas, y esa tendencia crecerá en el futuro. De hecho, no faltan quienes incluso defienden que gracias a esta tecnología se podrá combatir la inmortalidad. Sin atreverse a ir tan lejos (al menos aún), el propio Sam Altman, creador del popular ChatGPT, ya trabaja en una especie de médico creado con IA.
Sin embargo, no todas las tareas en las que se emplea la inteligencia artificial obtienen unos buenos resultados, incluso en aquellos casos que, sobre el papel, parecían bastante razonables. Un buen ejemplo de ello es aquellas situaciones en las que la IA vigila a los empleados de una empresa. Un nuevo estudio ha puesto la lupa sobre ellas, y sus conclusiones no son positivas.
La IA no es buena vigilante
Adaptarse o morir. Eso es lo que parece que están pensando muchas empresas a la hora de invertir en inteligencia artificial. En muchos casos, para llevar a cabo ocupaciones tan peculiares como vigilar el rendimiento de los trabajadores. Y más hoy en día, cuando opciones como el teletrabajo están a la orden del día, por mucho que se cuestionen constantemente.
No obstante, una nueva investigación publicada en Nature sugiere que esta no es la mejor idea del mundo. Al parecer, aquellas compañías que aprovechan la inteligencia artificial para llevar un seguimiento del comportamiento y la productividad de los empleados, no logran buenos resultados. En realidad, podría decirse que consiguen el efecto contrario.
La respuesta en estos casos no puede ser más significativa: cuando es la IA quien vigila, los trabajadores se quejan con mucha más frecuencia de lo habitual, renuncian siempre que tienen ocasión de hacerlo y lo peor de todo para las empresas: su rendimiento se ve severamente perjudicado. Algo que no sucede habitualmente cuando la supervisión la lleva a cabo una persona normal y corriente.
Básicamente, el problema se pone de manifiesto cuando los trabajadores perciben que una máquina está ahí para juzgar su desempeño y no para ayudarles en su trabajo. Lo cual, al menos en muchos casos, es una verdad como un templo. Lo que hace la IA en estas situaciones es fijarse en si alguien cumple con sus horarios, trata bien a un cliente y ese tipo de cosas.
Un arma de doble filo
La realidad es que cuando se da esto, los empleados tienden a sentir que cuentan con menos autonomía, señalan desde Nature, y esto al final termina por perjudicar en su eficacia. Ya se sabe que cuanto menos motivado esté alguien en su puesto, peor, tanto para él como para la compañía que lo contrata. Así lo defiende una de las creadoras de la investigación, la doctora Emily M. Zitek.
"Las organizaciones que intentan implementar este tipo de vigilancia mediante IA deben reconocer los pros y los contras de hacerlo", asegura. "Deben hacer todo lo posible para que sea más orientada al desarrollo o asegurar que las personas puedan agregar contextualización. Si los trabajadores perciben que de alguna forma se reduce su autonomía, no estarán contentos".