De Nueva York a Londres en 3 horas: el avión supersónico silencioso X59 de la NASA a punto de despegar

Avión supersónico X-59 de la NASA
Avión supersónico X-59 de la NASAMontaje / NASA Armstrong Flight Research Center

El X-59 forma parte de los proyectos clave de la NASA junto a Artemis y ya ha realizado varios vuelos de prueba. Volará a más de 1.014 km/h y a unos 13.000 metros de altitud.

Durante décadas, la industria aeronáutica ha perseguido la idea de viajar más rápido que el sonido. Un ejemplo es el Concorde, que demostró que era posible cruzar océanos en tiempos récord, pero también dejó claro que existía un obstáculo difícil de superar.

Y es que no era la velocidad, ni la seguridad, ni siquiera la tecnología, sino que era el ruido. Pero ahora, la NASA cree haber encontrado una solución a esta situación.

Su apuesta se llama X-59, un avión experimental diseñado para demostrar que los vuelos supersónicos pueden realizarse sin generar el estruendoso boom sónico que durante décadas limitó este tipo de aeronaves.

El proyecto con el que la NASA quiere recuperar los vuelos supersónicos

Cabe señalar que el X-59 forma parte de la misión Quesst, un programa desarrollado por la NASA junto a Lockheed Martin cuyo objetivo no es transportar pasajeros ni competir con los aviones comerciales actuales.

Se trata de un demostrador tecnológico creado para validar nuevas soluciones capaces de transformar el futuro de la aviación, que ha sido diseñado para volar a velocidades cercanas a Mach 1,4, lo que equivale a más de 1.400 kilómetros por hora.

Es importante mencionar que a esa velocidad supera ampliamente la barrera del sonido, pero intenta hacerlo de una forma completamente distinta a los aviones supersónicos tradicionales.

El verdadero propósito del proyecto consiste en demostrar que es posible mantener velocidades supersónicas sin provocar las fuertes explosiones acústicas que se escuchan desde tierra cuando una aeronave rompe la barrera del sonido.

Y es que cuando un avión supera la velocidad del sonido genera ondas de choque que se expanden hasta llegar al suelo, donde el resultado es el conocido estruendo capaz de escucharse a kilómetros de distancia.

Precisamente este fenómeno fue uno de los principales problemas que encontró el Concorde. Aunque podía reducir los tiempos de vuelo, las restricciones sobre el ruido limitaron enormemente sus operaciones sobre zonas habitadas.

Por esta razón, la NASA quiere demostrar que ese problema puede resolverse mediante diseño e ingeniería avanzada.

Todo lo que hace diferente al X-59

La característica más llamativa del avión X-59 es su aspecto, ya que su fuselaje es extraordinariamente largo y estrecho, con una nariz alargada que ocupa buena parte de la aeronave.

Esta forma no responde a cuestiones estéticas, sino a una función muy concreta: controlar cómo se generan y distribuyen las ondas de choque.

Gracias a este diseño, las perturbaciones que normalmente se combinan para crear un fuerte boom sónico se dispersan de manera gradual, ya que el objetivo es que las personas en tierra perciban un sonido mucho más suave.

Del mismo modo, incorpora un motor situado en la parte superior del fuselaje. Esta ubicación ayuda a reducir la propagación directa del ruido hacia el suelo y contribuye a minimizar el impacto acústico.

Otra de sus innovaciones es la ausencia de una ventana frontal convencional cuya enorme longitud de la nariz impide la visibilidad tradicional, por lo que los pilotos utilizan el sistema XVS (eXternal Vision System).

Este conjunto combina cámaras de alta resolución y pantallas digitales que muestran una imagen en tiempo real del exterior, sustituyendo la visión frontal directa.

Todo el avión ha sido optimizado mediante simulaciones avanzadas y herramientas de modelado aerodinámico para garantizar que cada elemento contribuya a la reducción del ruido.

Lo que podría cambiar para los pasajeros del futuro

Aunque el avión X-59 nunca transportará viajeros con fines turísticos, las tecnologías que está probando la agencia espacial podrían acabar llegando a futuras aeronaves comerciales.

Cabe señalar que si las pruebas tienen éxito y los reguladores aceptan los resultados obtenidos por la NASA, podrían desarrollarse nuevos aviones capaces de reducir drásticamente los tiempos de viaje.

Rutas como Nueva York-Londres podrían completarse en aproximadamente tres horas y media, una cifra muy inferior a la actual. Por ello, el X-59 representa uno de los proyectos más ambiciosos de los últimos años.

Más allá de su velocidad, su importancia reside en intentar resolver el problema que durante décadas frenó el desarrollo de los vuelos supersónicos.

Si la NASA logra demostrar que es posible romper la barrera del sonido sin generar un ruido molesto, la industria aérea podría estar ante el primer paso hacia una nueva generación de viajes mucho más rápidos que los actuales.

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