Ordenadores de 50 años con 68 kilobytes de memoria alimentan las sondas Voyager de la NASA: una sola imagen podría bloquearlos

Las sondas de la NASA siguen enviando información a la Tierra, pero su sistema es tan frágil ante los estándares actuales que una foto de 2 MB sobrescribiría los datos de vuelo.
Las sondas Voyager de la NASA llevan casi medio siglo viajando por el espacio profundo impulsadas por una tecnología que hoy cabría en un reloj de pulsera básico.
Con una capacidad de almacenamiento de apenas 68 kilobytes, sus sistemas informáticos han sobrevivido a las condiciones más extremas del universo gracias a un diseño austero y redundante.
Se trata de un volumen de datos tan minúsculo que un simple correo electrónico en texto plano o una sola foto de apenas 2 MB de peso apenas dejaría espacio libre en su disco duro.
Tanto la Voyager 1 como la Voyager 2, lanzadas en 1977 y situadas a más de 24.000 millones de kilómetros de la Tierra, operan el total de sus sistemas críticos con menos de 70 kilobytes de memoria.
Por qué una sola foto provocaría un colapso total
Para entender la magnitud de esta limitación, basta imaginar qué ocurriría si intentáramos enviar a la nave una fotografía actual tomada con cualquier smartphone moderno.
Una imagen básica en formato comprimido ronda los dos megabytes, es decir, unos 2.000 kilobytes. Pero si el ordenador de la Voyager intentara recibir este archivo, se produciría un desbordamiento de memoria inmediato.
Al no tener espacio físico para alojar los datos, el enorme volumen de la imagen comenzaría a sobrescribir sin control las instrucciones básicas del sistema operativo.
Significa que en cuestión de segundos, la sonda de la NASA borraría su propio código de control térmico, la orientación de la antena, así como los comandos de vuelo.
El resultado sería un colapso técnico catastrófico, ya que la nave quedaría ciega y girando a la deriva en el vacío interestelar, completamente incapaz de volver a comunicarse con la Tierra.
El secreto de la supervivencia de la sonda Voyager
Los ingenieros de la NASA sabían que la radiación cósmica podía freír los circuitos en cualquier momento, así que equiparon a las sondas con tres sistemas informáticos duales.
En la práctica, esto significa que llevan seis ordenadores a bordo, y si uno de ellos sufre un fallo crítico, su gemelo asume el mando automáticamente sin interrumpir la misión.
A esta arquitectura de hardware se suma un software extremadamente limpio, donde no hay interfaces gráficas ni líneas de código innecesarias; cada byte tiene una función vital de supervivencia, lo que demuestra que la eficiencia absoluta es el mejor antídoto contra el paso del tiempo.
Mantener vivas estas naves exige hoy un trabajo constante, puesto que la distancia es tan abismal que cualquier comando enviado desde las antenas terrestres viaja a unos lentísimos 160 bits por segundo y tarda más de veintidós horas en alcanzar a la sonda.
De hecho, los técnicos de la agencia espacial estadounidense tienen que esperar casi dos días completos para saber si una sola orden ha funcionado correctamente.
Además, como la memoria está llena, actualizar el software implica tomar decisiones drásticas. Para cargar un nuevo parche de seguridad, los programadores deben borrar primero instrucciones antiguas, como los comandos que se usaron para fotografiar Júpiter en los años ochenta.
Es un trabajo casi artesanal, donde los ingenieros revisan manuales de papel escritos hace décadas para asegurarse de no alterar una sola línea de código que mantenga a la nave con vida.
Paradójicamente, la amenaza que acabará con la misión no será un fallo informático, sino la escasez de energía. Los ordenadores siguen funcionando con una precisión asombrosa, pero las baterías de plutonio que alimentan a las sondas pierden potencia cada año.
Para estirar la vida útil de las naves hasta el final de esta década, la NASA ha iniciado un proceso de apagado selectivo.
Los ingenieros están desconectando calentadores y sistemas secundarios, exprimiendo hasta el último vatio disponible para mantener activos los sensores principales y asegurar que la antena siga apuntando hacia nuestro planeta.

