El padre del primer algoritmo cuántico asegura que aún no entendemos lo que hemos creado: "No podemos controlarlo"

Según Peter Shor, la computación cuántica aún no puede aplicarse a gran escala, no por falta de avances teóricos, sino porque todavía no sabemos cómo hacerlo.
Hace casi treinta años, Peter Shor desarrolló una fórmula que marcó un antes y un después en la historia de la tecnología. Quizá su nombre no te resulte familiar, pero lo que inventó podría poner patas arriba tus conocimientos.
En 1994 creó el primer algoritmo cuántico con aplicaciones reales, un hallazgo que destapó el enorme potencial de una tecnología que, hasta entonces, era solo una promesa teórica.
Ahora, décadas más tarde, Shor lanza una advertencia donde afirma que la computación cuántica avanza a un ritmo vertiginoso e imparable, de hecho, mucho más rápido que nuestra capacidad para entenderla o mantenerla bajo control.
Peter era un investigador más en los prestigiosos Bell Labs, conocido por ser una fábrica de ideas revolucionarias. Allí, en 1994, presentó el famoso algoritmo de Shor, una solución matemática que permitía factorizar números muy grandes usando computación cuántica.
En palabras más simples, un ordenador cuántico podría romper con facilidad sistemas criptográficos, como RSA, utilizados para proteger desde correos electrónicos hasta transacciones bancarias. En aquel momento, su propuesta fue una bomba científica.
No solo demostró que el algoritmo podría tener aplicaciones prácticas reales, sino que forzó a gobiernos y empresas a replantear la seguridad informática desde cero. Fue como descubrir que existía una llave capaz de burlar cualquier sistema digital, y nadie lo vio venir.
Desde entonces, el algoritmo de Shor es considerado el punto de partida de la computación cuántica aplicada, iniciando una carrera tecnológica que aún hoy continúa.
Las dudas de Shor sobre el futuro
Si en los años noventa Peter Shor fue un visionario entusiasta, hoy su postura es mucho más reservado. En sus últimas declaraciones, advierte que la teoría cuántica ha ido demasiado por delante de la realidad tecnológica.
El problema no está en la potencia teórica, sino en nuestra capacidad real para controlar esta tecnología. Señala que la computación cuántica es increíblemente sensible y vulnerable al error y al ruido externo, un fenómeno conocido como decoherencia. A esto se suma la falta de algoritmos realmente aplicables para sistemas cuánticos funcionales.
Según él, esto significa que podríamos estar avanzando hacia una revolución tecnológica que no sabremos gestionar adecuadamente cuando llegue. En este sentido, el propio Shor compara la situación actual con la que vivimos ante la llegada del año 2000. Advierte claramente:
"Si esperamos demasiado para adaptar nuestros sistemas criptográficos a esta nueva realidad, será demasiado tarde para reaccionar".
La paradoja de la computación cuántica
La mayor paradoja que plantea Shor es que, aunque logremos construir un ordenador cuántico plenamente funcional, eso no significa necesariamente que sepamos cómo aprovechar todo su potencial.
Las propiedades fundamentales de la física cuántica, como la superposición, el entrelazamiento o el principio de no clonación, hacen que operar un equipo de este tipo sea radicalmente distinto a manejar una supercomputadora.
Esto implica que científicos e ingenieros están desarrollando una tecnología cuyo funcionamiento profundo aún no logran entender por completo.
Al final, las consecuencias podrían ser enormes, desde brechas inmediatas en la seguridad digital, hasta problemas éticos o la pérdida de control sobre simulaciones físicas complejas que podrían alterar sistemas críticos.
¿Estamos preparados para el mundo post-cuántico?

Si crees que esta advertencia es exagerada, conviene que sepas qué gobiernos y grandes empresas tecnológicas ya están invirtiendo cantidades millonarias en desarrollar la llamada criptografía post-cuántica, un ejemplo son Google, Microsoft o IBM.
Esto no es casualidad, puesto que aunque actualmente ningún ordenador cuántico pueda romper los protocolos de seguridad existentes, Shor afirma que, en cuanto exista uno operativo, podría descifrar información en minutos, lo que un PC clásico tardaría siglos. En otras palabras, estamos frente a una auténtica cuenta atrás.
Si no adaptamos rápidamente nuestros sistemas de protección, podría llegar un día en que información sensible —desde datos bancarios hasta secretos gubernamentales— quede expuesta de la noche a la mañana. Por ello, el padre del primer algoritmo cuántico insiste en que el tiempo de actuar es ahora mismo, antes de que sea demasiado tarde.
El mensaje de Peter Shor no busca frenar la investigación de esta tecnología, sino recordar que no basta con crear algo poderoso, sino también hay que saber cómo usarlo, aprovecharlo y qué consecuencias puede tener. Y en ese sentido, su advertencia no es solo válida: es necesaria.

