Todas las impresoras 3D son rastreables: descubren que cada una deja una "firma invisible"

Gracias a la inteligencia artificial, ya es posible identificar las huellas que dejan las impresoras 3D, algo que podría facilitar el rastreo de productos de mala calidad hasta la máquina original.
Hoy día las impresoras 3D han ganado un gran protagonismo, sobre todo en el entorno de producción industrial, aunque siendo cada vez más accesible para los propios consumidores.
Lo que nadie podía imaginar es que tarde o temprano se descubriera una técnica capaz de identificar las huellas de estas máquinas con un 98 % de precisión.
Esto es así, porque resulta que cada impresión tiene una huella dactilar única que permite rastrearla hasta la máquina que la produjo.
Así lo descubrieron investigadores de la Universidad de Illinois, que encontraron un método fiable de asociar una impresora 3D con la máquina exacta que la fabricó.
Para ello crearon un sistema de inteligencia artificial, capaz de analizar e identificar qué máquina fabricó cada uno de los componentes.
Para crear este modelo de inteligencia artificial, los investigadores proporcionaron 9192 fotografías de piezas que se imprimieron en 21 máquinas construidas conjuntamente por seis marcas y con cuatro procesos de fabricación distintos.
Luego proporcionaron a la IA una imagen de 1 mm² y una pieza impresa, y el sistema logró fijar la impresión en la máquina con una precisión del 98%.
“Todavía nos sorprende que esto funcione: podemos imprimir el mismo diseño de pieza en dos máquinas idénticas (mismo modelo, misma configuración de proceso, mismo material) y cada máquina deja una huella única que el modelo de IA puede rastrear hasta la máquina”, dijo King. “Es posible determinar con exactitud dónde y cómo se fabricó algo. No tienes que fiarte de la palabra de tu proveedor en ningún aspecto”.
Esto facilitaría la detección de fallos en los procesos de fabricación de productos a gran escala.
Es decir, que si por ejemplo, la calidad de la creación de un producto es deficiente, los responsables podrían rastrear rápidamente la impresión 3D hasta la máquina que lo fabricó para que pudieran mejorarla o descartarla, encontrando por el camino, los fallos en la cadena de producción.