Un robo en Silicon Valley que implicó a Steve Jobs: "Nunca hemos tenido vergüenza a la hora de robar grandes ideas"

Steve Jobs (izquierda) y Bill Gates (derecha)
Steve Jobs (izquierda) y Bill Gates (derecha)Flickr
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El cofundador de Apple nunca negó que había copiado ideas de otros dispositivos para sus productos míticos, como iPod o iPhone, con una visión muy peculiar sobre la industria.

Casi desde el comienzo de la historia de la humanidad, los grandes inventos nunca han tenido que ver con ideas que partían desde cero, sino más bien con copias y mejoras de otras, una forma de ver el mundo que marcó profundamente a Steve Jobs, el cofundador más afamado de Apple.

Durante la miniserie de televisión titulada Triumph of the nerds (1996), el antiguo CEO de Apple no tuvo dudas en señalar que muchos de los grandes hitos de Apple residían en el "robo" de ideas, en sus propias palabras y parafraseando a Pablo Picasso, uno de los pintores más importantes del siglo XX.

"En última instancia, todo se reduce a una cuestión de gustos", explicaba Jobs durante la entrevista. "Se trata de exponerse a las mejores creaciones humanas y luego intentar incorporarlas a lo que uno hace. Picasso decía: 'Los buenos artistas copian, los grandes artistas roban'".

Y proseguía: "Y nunca hemos tenido vergüenza a la hora de robar grandes ideas. Creo que parte de lo que hizo grande al Macintosh fue que quienes trabajaban en él eran músicos, poetas, artistas, zoólogos e historiadores que, además, eran los mejores informáticos del mundo".

En definitiva, el fundador de Apple nunca presumió de haber inventado la rueda, sino de haberla copiado y haberla mejorado, como ocurrió prácticamente con muchas de las creaciones de la compañía de Cupertino, recurriendo a una analogía al margen de la informática.

Durante sus más de 50 años de historia, Apple ha sido la mejor en recoger este tipo de ideas para plasmarlas en sus diseños y productos, un hecho que puede gustar más o menos, pero que han llevado a la empresa de Jobs a ser una de las más populares del sector tecnológico.

Steve Jobs no fue un inventor, sino más bien un visionario

Con tan solo 24 años de edad, Jobs recibió una invitación para una visita privada en los laboratorio del Palo Alto Research Center (PARC), de la corporación Xerox. El Apple II había logrado un éxito tremendo y Jobs ya había acumulado varios millones de dólares que precedían a su fama.

La compañía de la manzana aún no había dado el salto a la bolsa, pero Jobs prometió a Xerox que les daría 100.000 acciones de la compañía si esta permitía que él viera la nueva tecnología que habían creado. Y no era para menos, ya que Xerox había creado lo que sería el futuro de la informática.

Un equipo de investigadores de Xerox, con nombres tan relevantes como Alan Kay, Bob Taylor, Larry Tesler y Adele Goldberg, habían desarrollado el Xerox Alto en 1973, una máquina impresionante que llegaba con interfaz gráfica de usuario (GUI), un ratón de 3 botones, red cableada y programación orientada a objetos.

Mientras que la propia compañía lo veía como un elemento más, los investigadores y el propio Jobs sabían que se encontraban ante un avance revolucionario en la industria, como recuerda en la misma docuserie John Warnock, exinvestigador de Xerox PARC y posterior cofundador de Adobe.

"No estaban preparados para aceptar las respuestas", aseguraba. "Había un desfase enorme entre la dirección y lo que hacían los investigadores. Hablabas con gente que no entendía la visión, aunque esa visión se creaba cada día en Palo Alto".

Además, aquella máquina costaba alrededor de 10.000 dólares, por lo que Jobs decidió simplificar las cosas: organizó de mejor forma la GUI que le había impresionado, redujo los botones del ratón y, por supuesto, también su precio. En cualquier caso, el Apple Lisa de 1983 fracasó de forma estrepitosa por mantener un precio muy parecido a la máquina original.

Tesler, uno de los responsables de crear aquella primera interfaz gráfica, ayudó a que se fraguara el Macintosh de 1984; a partir de aquí, comenzó una cruda batalla de fondo entre Jobs y Bill Gates, este último con otra GUI que sería el comienzo de Windows.

Apple ya llevaba trabajando varios años con la compañía fundada por Gates, Microsoft, aunque Jobs sospechaba que esta se dedicaba a copiar datos confidenciales para montar su propio sistema operativo, lo que derivó en una guerra en los tribunales.

Con la misma técnica que había practicado y compartido Jobs, Gates consiguió ganar todos los litigios y la disputa acabó en nada, concluyendo que los elementos de Windows 2.0 no estaban limitados a un "monopolio" por parte de Apple, tanto por su barra fija como por las ventanas superpuestas o los iconos de escritorio.

Los productos de Apple que nunca fueron inventados por Jobs

Plagio, copia, síntesis... No importan los términos usados, ya que Apple se dedicó a mirar alrededor y a desarrollar productos que veía que funcionaban en el mismo mercado, como ha ocurrido durante décadas en la historia de la compañía.

Por ejemplo, el diseño vertical del iPod original, en 2001, rendía directamente un homenaje al reproductor de radio transistor Braun T3 de 1958, por su rueda central para el desplazamiento o la disposición de su altavoz.

Más adelante, con el iMac G5 (2004), Apple siguió de nuevo los pasos de Braun, con el modelo LE1; y 3 años después, con la calculador del iPhone, la compañía directamente copió incluso todos los colores de la calculadora de bolsillo Braun ET66, de 1987. Jobs, evidentemente, admiraba la lógica de diseño de Braun.

Pero no era la única empresa que excitaba el cerebro del CEO de Apple. Con la presentación del iPod de 2001, hizo caso a Jon Rubinstein, un ejecutivo de hardware de Apple que había visitado previamente las instalaciones de Toshiba en Japón. Allí, descubrió un disco duro enano de 1,8 pulgadas con 5 gigabytes de capacidad, un diseño que licenció la compañía de Jobs meses después en exclusiva.

Hasta el iPhone de 2007 había sido pensado anteriormente al menos de forma parcial: las pantallas táctiles ya existían, pero Apple se hizo con todas las patentes 2 años antes de los gestos táctiles, al adquirir la compañía FingerWorks.

Incluso en una de las últimas presentaciones de Jobs, antes de su muerte, el CEO siguió insistiendo en que los inventos tecnológicos no eran de por sí suficientes, sino que tenían que agregarse a otras cuestiones, sobre todo relacionadas con lo que él denominaba las artes liberales. Y, gracias a esa visión, fundó un imperio tecnológico que se mantiene vivo muchos años después.

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