Compran una casa flotante para evitar los altos precios de la vivienda y la experiencia termina en desastre

La casa flotante, de 120 metros cuadrados, cuenta con tres dormitorios, dos baños en suite, cocina-salón, lavadero y hasta una bodega de vinos refrigerada por el agua del río.
Si alguna vez has buscado vivienda en el centro de Londres, sabrás que el mercado inmobiliario es, para muchos, un terreno inaccesible. Y es que en barrios como Battersea, el precio del suelo ha alcanzado cotas que rozan lo absurdo.
Esta imposibilidad de acceder a una casa está empujando a personas con alto poder adquisitivo a buscar soluciones lejos de tierra firme. Un caso representativo, recogido por el medio iNews, es el de Ian y Johanna Mitchell.
Tras analizar el mercado, el matrimonio llegó a la conclusión que pagar 1.7 millones de libras (casi 2.04 millones de euros) por un ático de tres dormitorios era un sinsentido financiero.
En lugar de hipotecarse por un apartamento convencional, compraron una barcaza holandesa tipo Luxemotor y la reformaron a medida. Muchos se preguntaron, ¿es la vivienda flotante una jugada inteligente?
Un palacio sobre el agua por menos de un millón
En 2015, los Mitchell invirtieron 900.000 libras (unos 1.08 millones de euros) en la compra de un barco holandés de tipo Luxemotor y, lo más importante, en la propiedad del amarre en el muelle St Mary's de Battersea.
Con la ayuda de expertos, cortaron el casco para alargar la barcaza hasta los 30 metros, creando un hogar de 118 metros cuadrados de superficie habitable. El resultado final nada tuvo que envidiar a una mansión en tierra.

La embarcación cuenta con tres dormitorios, baños en suite, una cocina equipada con electrodomésticos de alta gama e incluso una bodega de vinos bajo el suelo que aprovecha la temperatura natural del río.
Lograron las mismas especificaciones que el ático de dos millones de euros, pero por casi la mitad de la inversión inicial. Y es que al ser propietarios del amarre, adquirieron un activo tangible.
A diferencia de las licencias de uso temporal, poseer una casa flotante es, a efectos prácticos, como tener un trozo de suelo en la Zona 1 de Londres, pero a un precio inferior y con casi las mismas comodidades.
Los costes de mantenimiento: el beneficio oculto
Según los datos facilitados por los Mitchell a iNews, el mantenimiento anual ronda las 7.250 libras (aproximadamente 8.700 euros). Cifra que incluye electricidad, calefacción por diésel, agua y las tasas correspondientes a la Autoridad Portuaria de Londres.
Si comparamos este dinero con los gastos de comunidad y el impuesto municipal de un ático de lujo en Battersea, la diferencia es abismal. Además, el matrimonio aprovechó una ventaja fiscal en el Reino Unido: las casas flotantes suelen estar exentas del impuesto de timbre.
Por ejemplo, en una vivienda de un millón de euros, este ahorro fiscal puede suponer decenas de miles de euros que se quedan en tu cuenta bancaria en lugar de ir a las arcas públicas.
Sin embargo, el mercado náutico no funciona igual que el inmobiliario, por lo que tras diez años de uso, la pareja ha puesto la barcaza a la venta por 930.000 euros. Esto implica asumir una pérdida directa de unos 150.000 euros respecto a la inversión inicial.
Pero a pesar de haber perdido dinero, la pareja ha vivido años en una comunidad tranquila y sin ruidos de tráfico. La vivienda flotante se consolida así como una alternativa real para quienes priorizan el espacio, la ubicación y el disfrute inmediato.

