Ibrahim Naber, reportero en la guerra, sobre el apagado de Starlink a las tropas rusas: "Lo único que nos queda ahora, son radios, cables y palomas"

Ibrahim Naber en Ucrania con un soldado ruso
Ibrahim Naber en Ucrania con un soldado rusoMontaje con IA

¿Palomas mensajeras en 2026? El reportero Ibrahim Naber narra el colapso de las comunicaciones rusas tras el bloqueo de Starlink. "Es volver a lo antiguo para poder sobrevivir".

En las últimas semanas, la guerra en Ucrania ha dado un giro para Rusia. Y es que SpaceX ha restringido el acceso de Starlink dentro del territorio ucraniano, dejando fuera a las unidades rusas que los usaban.  

A partir de ese giro, las tropas de Rusia que operaban en zonas ocupadas han pasado de depender de una red satelital de alta capacidad a buscar soluciones mucho más básicas para coordinarse.

El detonante fue el paso a un sistema de "lista blanca". Según las declaraciones de Ibrahim Naber, publicadas en exclusiva por Politico, desde el 4 de febrero solo funcionan en Ucrania los terminales Starlink que están registrados y autorizados a través del gobierno de Kiev. 

El resto, incluidos los que Rusia había conseguido por vías indirectas, han quedado bloqueados. Para Ucrania, la red sigue activa bajo control oficial, pero para muchas unidades rusas, el servicio satelital de Elon Musk ha dejado de existir.

¿No hay Starlink? ¿Qué ha pasado exactamente?

Hasta hace poco, cualquier antena Starlink que se encontrase dentro de la huella de cobertura podía conectarse si estaba activo a nivel comercial, y Rusia aprovechó esa realidad. 

Compró antenas a través de terceros países, compras en mercado gris o desvío de equipos y las desplegó en zonas ocupadas de Ucrania. Con ellas, levantó redes de datos rápidas y relativamente seguras cerca del frente.

Sin embargo, esta estrategia ha cambiado. A petición de Ucrania y bajo presión internacional, SpaceX ha activado el sistema de verificación que comprueba desde dónde se conecta cada terminal y si está en la lista autorizada. Si no lo está, la conexión no se establece. 

Lo que antes era una infraestructura de acceso amplio se ha convertido en una red segmentada donde Kiev decide qué equipos funcionan dentro de sus fronteras.

Es importante mencionar que algunas unidades ucranianas se quedaron sin servicio temporalmente porque sus terminales aún no figuraban como validados. 

Hasta que se regularizó su situación, también tuvieron que apoyarse en medios alternativos. Pero el objetivo de fondo era claro: cortar el acceso a los soldados rusos sin sacrificar la ventaja que Starlink aporta a Ucrania.

Lo que las tropas rusas tenían con Starlink y lo que pierden

Starlink no era solo un "internet rápido" para las fuerzas rusas, sino que servía para coordinar drones FPV, enviar vídeo en tiempo real desde unidades de reconocimiento y mantener enlaces de mando en primera línea. 

De hecho, una antena, una fuente de energía y un enrutador bastaban para tener un puesto de mando avanzado con comunicaciones modernas.

Con esa infraestructura, ajustar fuego de artillería era cuestión de segundos. Un dron detectaba una posición, enviaba la imagen mediante Starlink y el mando enviaba coordenadas actualizadas a los cañones. 

Lo mismo con ataques de drones kamikaze, donde la baja latencia de la red ayudaba a pilotar con precisión en entornos complejos. Sin embargo, al cortar la conexión, todo ese flujo se rompe. 

¿Qué les queda ahora? Radios, cables y sistemas propios

De acuerdo con el reportero Ibrahim Naber, que está en medio del conflicto, afirma que, sin Starlink, muchas unidades rusas han tenido que apoyarse en medios más tradicionales. 

Radios tácticas, analógicas y digitales, que sufren limitaciones de alcance, calidad y seguridad frente a la interceptación. Redes cableadas, ya sean de fibra o de cable de campo, útiles para enlaces entre posiciones relativamente estáticas, pero poco adaptables si el frente se mueve o si se destruyen las rutas físicas.

En algunos casos, la transmisión de órdenes y datos vuelve a depender de mensajeros y vehículos. Coordenadas que antes viajaban en tiempo real por un enlace satelital ahora tardan minutos, con el riesgo de que queden desfasadas cuando llegan. 

Esa combinación de radios, cables y mensajería lenta es lo que lleva al soldado citado por Naber a hablar de "radios, cables y palomas" como resumen de su nueva situación.

Rusia intenta llenar el hueco con sus propios sistemas satelitales, tanto militares como civiles. Sin embargo, estos no aportan la misma mezcla de cobertura global, latencia baja y facilidad de despliegue que ofrecían los terminales Starlink. 

Además, son más conocidos y más vulnerables a interferencias desde el lado ucraniano y sus aliados. El resultado es una red de comunicaciones más fragmentada, más lenta y más expuesta.

Una nueva ventaja para Ucrania

Ucrania, por su parte, sigue apoyándose en Starlink como pieza central de sus comunicaciones tácticas. Los terminales oficiales, registrados a través de los canales acordados con la compañía, continúan operativos. 

Esto permite que unidades de reconocimiento, artillería, así como mando mantengan buena parte de las capacidades que ya habían desarrollado durante la guerra.

El coste ha sido asumir un mayor grado de control externo sobre una infraestructura crítica. Y es que SpaceX decide dónde y cómo se puede usar Starlink, y el gobierno ucraniano tiene que gestionar un registro preciso de terminales para no dejar a nadie fuera. 

Ese modelo reduce el riesgo de uso indebido, pero también refuerza la idea de que una empresa privada se ha convertido en actor clave en un conflicto armado.

El caso que describe Ibrahim Naber pone encima de la mesa dos realidades. La primera es que una decisión de una compañía puede alterar en días la forma en que un ejército se comunica y se coordina. 

No es solo una cuestión militar, sino también empresarial y política. La segunda es que la dependencia de infraestructuras comerciales de conectividad es ya parte del paisaje de la guerra moderna.

Mientras Ucrania conserva acceso privilegiado a Starlink, muchas unidades rusas han tenido que retroceder varias casillas en su forma de operar. 

Pasan de un escenario donde los datos fluían por satélite a otro donde vuelven a depender de radios interferibles y de cables que se cortan. Lo que cambia es la eficacia con la que se pueden ejecutar decisiones en el frente.

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