Javier Dasí, ingeniero eléctrico y experto en energía: "Siempre que puedas, primero pasa calor con el ventilador y luego ya enciende el aire acondicionado"

El experto explica por qué el ventilador consume 20 veces menos que el aire acondicionado y cómo combinar ambos dispositivos reduce tu factura eléctrica en verano.
Cuando el calor aprieta y el termómetro no da tregua, muchos hogares ya no saben qué hacer para soportar las altas temperaturas sin ver cómo se disparan los gastos.
Y es que la tentación de encender el aire acondicionado a primera hora de la tarde es casi irresistible, pero también letal para la factura de la luz al final del mes.
Javier Dasí, experto en energía, ha dicho en TikTok que se debe retrasar el uso del aire todo lo posible y dejar que el ventilador haga el trabajo sucio. Su consejo no es renunciar al confort, sino cambiar el orden para no tirar el dinero.
El ventilador como primera línea de defensa

Un ventilador consume unos cincuenta vatios por hora. Un aire acondicionado, en cambio, arranca consumiendo entre mil y mil doscientos vatios hasta alcanzar la temperatura deseada, y luego se estabiliza en unos quinientos o seiscientos.
La diferencia es abismal, y para que nos hagamos una idea, veinte ventiladores funcionando a la vez gastan en la factura lo mismo que un único aire acondicionado.
Dasí insiste en que el ventilador debe ser el primer recurso cuando el calor empieza a molestar. Solo cuando el aparato ya no refresca, porque solo mueve aire caliente, tiene sentido dar el paso siguiente y encender el aire acondicionado.
La combinación inteligente que reduce el consumo
El experto no propone eliminar el aire acondicionado, sino usarlo con cabeza. Cuando el ventilador se queda corto, el aire debe encenderse a una temperatura moderada, nunca excesivamente baja.
El truco está en mantener ventiladores activos junto al aire para distribuir el frío por toda la estancia. Así el compresor trabaja menos, el equipo consume menos energía y la sensación térmica mejora sin necesidad de bajar el termostato hasta límites absurdos.
De hecho, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE) marca en este sentido una línea roja, que es no bajar de los veintiséis grados.
Dasí añade una pauta sencilla que muchos olvidan. Por la noche, apagar todos los aparatos y abrir ventanas para crear corrientes que refresquen la vivienda de forma completamente gratuita. Al amanecer, cerrar persianas y ventanas para aislar el interior antes de que el calor exterior invada la casa.
Durante el día, ventiladores. Y el aire acondicionado, únicamente si resulta imprescindible. Es un ciclo que convierte al usuario en gestor activo de su propio confort sin depender únicamente de la tecnología.
El error que te cuesta el triple
El ingeniero alerta de un factor que muchos descuidan: la tarifa eléctrica. Muchos hogares pagan entre veinte y treinta céntimos por kilovatio-hora, prácticamente el triple de las mejores ofertas del mercado.
Optimizar el contrato es tan decisivo como optimizar el uso de los aparatos. No sirve de nada apagar luces si después se paga un precio desorbitado por cada vatio consumido.
Por ello, revisar la tarifa es, en palabras del experto, el primer paso antes de tocar ningún interruptor.
Así que el ventilador no es un sustituto del aire acondicionado; es el primer eslabón de una cadena que, bien gestionada, mantiene el bolsillo fresco sin renunciar a una vida cómoda.
