Larry Page, cofundador de Google, sobre la importancia de ser ambicioso: "Cuando apuntas a las estrellas, puede que no las alcances, pero aun así llegarás a la luna"

El ex CEO de Google defiende que apuntar a metas ambiciosas puede llevarte mucho más lejos de lo esperado, incluso cuando no alcanzas el objetivo que habías marcado al principio.
La mayoría de las personas aprenden a fijarse objetivos realistas, ya que es un consejo habitual en el mundo profesional, académico e incluso personal para establecer metas alcanzables para aumentar las probabilidades de éxito.
Sin embargo, Larry Page, cofundador de Google, lleva años defendiendo una idea radicalmente distinta. Su reflexión sobre la ambición resume una filosofía que ayudó a construir una de las empresas más influyentes del planeta.
Lejos de centrarse en el éxito inmediato, el ingeniero en computación plantea una pregunta mucho más interesante: ¿qué ocurre cuando nos atrevemos a perseguir objetivos tan grandes que parecen imposibles?
Las estrellas y la luna: una metáfora sobre la ambición
Cuando Larry Page afirma que al apuntar a las estrellas quizá no las alcances, pero aun así llegarás a la luna, no está hablando de optimismo. Tampoco promete que cualquiera pueda conseguir cualquier cosa simplemente deseándola.
La idea es mucho más práctica, donde las estrellas representan metas extraordinarias, aquellas que parecen fuera del alcance de la mayoría. La luna simboliza un resultado que queda por debajo del objetivo inicial, pero que sigue siendo excepcional.
Según esta forma de entender el progreso, perseguir una meta enorme obliga a avanzar mucho más lejos de lo que permitiría un objetivo convencional.
Es importante mencionar que incluso si el resultado final no coincide con lo esperado o con el objetivo, el camino recorrido suele producir logros que habrían sido imposibles con expectativas más modestas.
El verdadero coste de pensar demasiado pequeño
Cabe señalar que la reflexión también encierra una crítica a la cautela excesiva, sobre todo porque muchas personas limitan sus objetivos por miedo al fracaso, convencidas de que es más seguro perseguir metas pequeñas y alcanzables.
Pero Larry Page sostiene justo lo contrario, y es que cuando se reducen las ambiciones, también se reduce el potencial de crecimiento, por lo que las metas modestas suelen generar resultados modestos.
En cambio, los desafíos extraordinarios obligan a desarrollar nuevas capacidades, asumir riesgos y encontrar soluciones que de otro modo nunca aparecerían. Es decir, su frase funciona como una invitación a la resiliencia.
No alcanzar el objetivo inicial no significa necesariamente fracasar. En muchas ocasiones, el simple intento de conseguir algo excepcional termina produciendo avances muy superiores a los que habrían surgido siguiendo un camino más conservador.
Una filosofía que ayudó a construir Google
La visión de Larry Page forma parte de la cultura que impulsó durante años en Google junto a Sergey Brin. Desde sus inicios, la compañía apostó por proyectos que parecían desproporcionadamente ambiciosos.
Organizar toda la información disponible en internet, desarrollar sistemas avanzados de inteligencia artificial o impulsar tecnologías capaces de transformar industrias enteras son ejemplos de esa forma de pensar.
Page llegó a defender que, en ocasiones, es más fácil progresar en proyectos extremadamente ambiciosos porque muy pocas personas están dispuestas a competir en ellos.
Mientras la mayoría busca objetivos seguros, quienes apuntan más alto encuentran espacios donde la innovación puede florecer con mayor libertad. De hecho, este consejo puede aplicarse a cualquier ámbito donde existan aspiraciones, desafíos y posibilidades de crecimiento.
La ambición no garantiza el éxito, pero sí amplía el alcance de lo que una persona puede llegar a conseguir. Esa es la idea central que Page ha defendido durante años: el mayor riesgo no siempre es fracasar en una meta enorme.
A veces, el verdadero riesgo consiste en conformarse con objetivos tan pequeños que nunca obliguen a descubrir hasta dónde podríamos llegar, por lo que, en el fondo, su reflexión no trata sobre alcanzar las estrellas, trata sobre evitar que el miedo a no conseguirlas nos impida siquiera despegar.

