Peter Stewart, psicólogo empresarial: "Deja de preguntar a la IA sobre tus problemas laborales, la solución está justo a tu lado"

Psicólogo Peter Stewart
Psicólogo Peter StewartGenerado con IA

Recurrir a chatbots para resolver problemas delicados en el trabajo no es recomendable. El psicólogo recomienda apoyarte en un amigo cercano o en un compañero de confianza.

Cada vez es más habitual recurrir a la inteligencia artificial para tomar decisiones en el entorno laboral. Ya sea para abordar un conflicto con un compañero o hasta para saber qué decir en una reunión.  

Cabe señalar que los chatbots se han convertido en una especie de asesor personal que está disponible en cualquier momento. Sin embargo, esa facilidad tiene límites que empiezan a ser evidentes.

Cuando la IA da respuestas correctas… pero inútiles

El problema no está en la calidad de las respuestas, sino en su encaje con la realidad, y es que la inteligencia artificial puede ofrecer soluciones bien estructuradas, coherentes y aparentemente razonables. 

Pero el inconveniente es que lo hace sin conocer el contexto concreto en el que deben aplicarse, y esto, en un entorno laboral, lo es todo. 

Las relaciones personales, la cultura de la empresa o los antecedentes de cada situación influyen más que cualquier recomendación. Una respuesta válida puede no funcionar, o incluso empeorar el problema, cuando se traslada a un caso real.

Por ello, el psicólogo empresarial Peter Stewart ha señalado precisamente ese límite al analizar el uso creciente de la IA como herramienta de apoyo en decisiones laborales. 

Su planteamiento es que, cuando se trata de conflictos o situaciones complejas dentro del entorno del trabajo, la solución no suele estar en la respuesta de un chatbot, sino en un entorno más cercano.

Hablar con un compañero de trabajo ofrece una información que ninguna herramienta de IA puede replicar, ya que no es una cuestión de tecnología, sino de acceso a la realidad.

El límite de las máquinas en las relaciones humanas

Cada vez más profesionales utilizan la IA para redactar mensajes, preparar conversaciones o buscar orientación en situaciones de incertidumbre debido a que es una forma rápida de obtener una estructura o una idea inicial.

El riesgo aparece cuando esa ayuda se convierte en sustituto del diálogo directo, por lo que la decisión deja de basarse en la experiencia real y pasa a depender de una recomendación que no tiene en cuenta todos los factores.

La inteligencia artificial trabaja con patrones, no con experiencias vividas, y esto puede detectar estructuras comunes en conflictos laborales, pero no entiende las particularidades de cada caso. 

Es decir, no percibe tensiones internas, no interpreta matices emocionales y no anticipa reacciones específicas. Por eso, en situaciones donde intervienen personas, la precisión no es suficiente.

Un debate que va más allá del trabajo

Este uso de la IA se conecta con un debate más amplio sobre su papel en ámbitos relacionados con la toma de decisiones personales. 

Desde la gestión emocional hasta la orientación profesional, cada vez es más frecuente delegar en herramientas que ofrecen respuestas inmediatas.

El problema no es utilizarlas, sino confundir su función. Y es que pueden servir como punto de partida, pero no como sustituto de procesos que requieren interacción humana.

La inteligencia artificial puede ayudar a ordenar ideas, pero no puede resolver por sí sola los problemas que dependen de relaciones reales. En el entorno laboral, donde cada decisión está condicionada por factores difíciles de cuantificar, ese límite se vuelve evidente.

Cabe señalar que la diferencia no está en dejar de usar estas herramientas, sino en entender para qué sirven y para qué no. Cuando el problema es humano, la solución también suele serlo.

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