Protestas masivas contra ChatGPT, la IA y Sam Altman: "Destruyen el periodismo, el arte y la humanidad"

¿El fin de la tregua? El movimiento "Humanity First" asedia a Sam Altman. Protestan por el uso de obras sin permiso para entrenar a ChatGPT. ¿Puede la IA sobrevivir a esto?
No parecen buenos tiempos para Sam Altman y ChatGPT. La inteligencia artificial, llamada supuestamente a mejorar la vida de todo el mundo, se está convirtiendo en el centro de la polémica con demasiada frecuencia. Y en las últimas horas ha sido precisamente la compañía OpenAI la que más pelos está recibiendo por parte de sus críticos.
Desde luego, no es casualidad. Su reciente acuerdo con Estados Unidos para sustituir a Anthropic han generado el rechazo de numerosos usuarios, sobre todo por la situación tan delicada que se está viviendo en Irán. Pero las quejas van más allá de eso. Muchos consideran que la IA lo está desvirtuando todo, desde el periodismo, hasta el arte y la creatividad humana.
ChatGPT y Sam Altman en el punto de mira

San Francisco, en Estados Unidos, se ha convertido en la capital mundial contra la inteligencia artificial. En concreto, contra todo lo que tiene que ver con OpenAI, ChatGPT y el propio Sam Altman. Medios como Futurism se han hecho eco de las recurrentes protestas que la población está volcando contra lo que consideran una amenaza en toda regla.
Las pancartas y consignas que se escucharon durante la manifestación evidencian la incertidumbre y el malestar de mucha gente. Uno de los mensajes más repetidos fue contundente: "La IA destruye el periodismo, destruye el arte y destruye la humanidad". Aunque las protestas no reunieron a multitudes masivas, sí representan el profundo rechazo que transmite una parte importante de la sociedad.
Un movimiento creciente contra la inteligencia artificial
El objetivo de los manifestantes está claro: limitar la inteligencia artificial. O, en algunos casos, eliminarla por completo. Una postura que coincide con las polémicas experimentadas últimamente, que van desde el control excesivo de los gobiernos hasta lo mucho que contaminan sus molestos centros de datos, que están transformando pueblos enteros de Estados Unidos.
Los organizadores sostienen que tecnologías como ChatGPT amenazan múltiples sectores creativos y profesionales. Entre las principales preocupaciones destacan el impacto en el empleo (una realidad que ya se está produciendo), el uso de datos para entrenar modelos de IA y la concentración de poder en manos de unas pocas empresas tecnológicas.
Otro de los grandes focos del debate es el mundo artístico. Muchos creadores consideran que los modelos de IA se entrenan utilizando obras de artistas sin su consentimiento, lo que genera un conflicto legal y ético.
Pero sobre todo se repite un pensamiento que, a decir verdad, tiene cierto sentido: la IA se está imponiendo como una realidad incontestable allá donde se mire. Sin ir más lejos, la mitad de lo que se publica en Internet ya lleva su firma. Pero ¿alguien lo pidió realmente? Lo cual también lleva a hacerse otra pregunta, que no es ni mucho menos baladí: ¿a quién beneficia realmente?
