Psicólogos confirman que existe una fórmula para identificar a las personas muy inteligentes por su forma de vestir: "El patrón no es solo un solo color, sino un sistema"

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La psicología ha estudiado cómo la ropa puede influir en la mente, pero sobre todo en la atención, especialmente cuando asociamos determinadas prendas con significados concretos.
Hay quien convierte la ropa en una forma de llamar la atención, con colores, accesorios o combinaciones difíciles de ignorar. Otras personas hacen justo lo contrario y prefieren prendas sencillas, cómodas y fáciles de combinar.
Pero ninguna de esas elecciones permite saber por sí sola cómo piensa una persona, aunque la psicología sí lleva años estudiando hasta qué punto lo que vestimos puede influir en cómo nos sentimos y actuamos.
Cabe señalar que la psicóloga Rachel Goldman señala precisamente que los colores y la forma de vestir pueden tener efectos sobre el bienestar y el comportamiento de las personas.
Pero ojo, eso no significa que exista un tono capaz de revelar la inteligencia, pero sí ayuda a entender por qué la elección del vestuario puede ser más deliberada de lo que parece a primera vista.
Michelle Lewis, especialista en psicología del color y fundadora de The Color Institute y ColorAnalysis.com, asegura haber detectado una forma de organizar el vestuario entre ejecutivos, productores y otros perfiles con los que ha trabajado.
Asegura que más que un patrón visual fijo, habla de un sistema completo pensado para simplificar decisiones, pero sobre todo, de adaptar la imagen a cada situación.
La clave está en la forma de vestir

Ese sistema parte normalmente de prendas funcionales, cortes limpios y piezas que no dependen demasiado de las tendencias. La intención es disponer de un armario fácil de utilizar y con pocas decisiones innecesarias cada mañana.
Sobre esa base aparece uno de los elementos que Lewis considera más relevantes, y es que los tonos neutros sirven como punto de partida y después se añade un color concreto según lo que se quiera transmitir en ese momento.
No hay, por tanto, un supuesto “color de las personas inteligentes”, sino que la elección de cómo vestir cambia con el contexto.
Michelle Lewis relaciona el rojo con seguridad y capacidad de decisión, mientras que el azul puede ayudar a proyectar confianza y una imagen más analítica.
El verde oscuro se asocia con estabilidad y autoridad discreta, mientras que el morado, por su parte, puede encajar en entornos creativos o negociaciones donde interesa transmitir apertura.
En cuanto al naranja, este se vincula con situaciones más sociales, en las que se busca dinamismo y participación. Son asociaciones planteadas por la experta, no reglas universales capaces de medir el cociente intelectual.
La comodidad también entra en la ecuación

Es importante mencionar que la funcionalidad tiene otro componente importante, y es que elegir prendas cómodas puede reducir pequeñas distracciones durante el día y hacer que la ropa requiera menos atención.
Una encuesta realizada para Unbound entre más de 2.000 consumidores encontró que el 81% priorizaba la comodidad frente al precio o el estilo.
Este dato ayuda a entender el peso que tiene el confort al elegir ropa, aunque conviene ponerlo en contexto. No era un estudio sobre personas con alta inteligencia y, por tanto, no demuestra que quienes tienen un CI mayor valoren más la comodidad.
La psicología ha investigado también si la ropa puede modificar determinados procesos mentales. En 2012, Hajo Adam y Adam Galinsky publicaron un estudio sobre lo que denominaron enclothed cognition.
Su trabajo planteaba que vestir determinadas prendas, junto con el significado que atribuimos a ellas, podía influir en tareas relacionadas con la atención.
Sin embargo, una réplica posterior, realizada con una muestra mucho mayor y siguiendo un protocolo previamente definido, no logró reproducir aquel mismo efecto sobre la atención selectiva.
La ropa puede afectar a la percepción, comunicar intenciones e incluso condicionar cómo afrontamos determinadas situaciones, pero convertir el armario en una especie de test de inteligencia va mucho más allá de lo que permite afirmar la evidencia disponible.
Lo interesante no está en buscar una prenda que delate a alguien especialmente inteligente, sino en observar cómo algunas personas convierten su vestimenta en una herramienta práctica y deliberada.
