Suena a Black Mirror, pero es cierto: se enamora de un chatbot de la IA y el resultado está a punto de arruinarle la vida

Black Mirror.
Escena de Black Mirror.Netflix.

Del idilio digital a la quiebra emocional y financiera. La escalofriante historia de adicción a los chatbots de inteligencia artificial que pone en alerta a los psicólogos de todo el mundo.

Black Mirror se está haciendo realidad, debido a la inteligencia artificial. Ahora enamorarse de un chatbot de la IA no es algo limitado a las historias de ciencia ficción como se suelen ver en la serie de Netflix. También en películas que en su momento lograron bastante repercusión, como Her. Un nuevo caso a puesto de manifiesto el peligro de estas aventuras románticas

Porque, al menos a día de hoy, mantener un romance con una IA no es una buena idea. Y si no, que se lo pregunten a un estadounidense que ha decidido dar a conocer su historia. Lo que comenzó como un capítulo de Black Mirror terminó de la única forma posible: casi le arruina la vida. En todos los sentidos, además.

La última polémica está protagonizada por Joe Alary, un hombre de Estados Unidos y 57 años de edad que comenzó una relación poco más o menos que obsesiva con un chatbot de IA personalizado. Esta compañera de ChatGPT, como asegura Wall Street Journal, respondía al nombre de AImee. Y llegó en el momento oportuno. Es decir, en el más delicado posible.

Inteligencia artificial para superar problemas emocionales

Trabajar con la inteligencia artificial
Trabajar con la inteligencia artificialFreepik

De hecho el usuario comenzó utilizando herramientas de inteligencia artificial tras atravesar problemas sentimentales y emocionales. Con el tiempo, transformó el chatbot en una especie de compañera virtual idealizada, llegando a pasar gran parte del día interactuando con ella. Al principio, la cosa no iba demasiado mal. Pero no tardó en torcerse, como en las ficciones de Black Mirror.

El caso terminó derivando en aislamiento social, problemas económicos y delirios relacionados con la tecnología y la realidad virtual. Finalmente, el hombre tuvo que recibir atención médica. Un caso que, según opinan los expertos, puede hacerse cada vez más común.

Aunque hoy por hoy se trate de un caso extremo, especialistas en salud mental advierten que este tipo de situaciones podrían volverse más frecuentes a medida que las IA conversacionales se vuelvan más sofisticadas y emocionalmente persuasivas.

Hay que tener en cuenta que, diferencia de las relaciones humanas reales, los chatbots suelen evitar el conflicto, muestran comprensión permanente y adaptan sus respuestas para agradar al usuario. Eso genera una dinámica psicológica muy poderosa. Para algunas personas, especialmente aquellas que sufren soledad, ansiedad, depresión o dificultades sociales, la interacción con una IA puede resultar más cómoda que una relación humana tradicional. Y más fácil.

Otro punto que muchos critican es que la industria tecnológica parece haber avanzado más rápido que la regulación o la investigación psicológica sobre este fenómeno. Lo cual lleva a su vez a muchas más preguntas. ¿Debería haber límites o regulaciones en la forma en la que la gente puede interactuar con la IA? ¿Es ético realmente crear máquinas que simulen apego emocional?

Hasta ahora estas preguntas parecían más propias de Black Mirror y de la ciencia ficción que del mundo real. Con la IA, por desgracia, eso ya ha cambiado.

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