El ADN de antiguos cazadores-recolectores podría explicar por qué algunas personas pueden vivir hasta los 100 años

Ciertos patrones genéticos heredados de cazadores-recolectores de la Edad de Hielo europea pueden estar asociados con una mayor longevidad en personas de la actualidad.
¿Por qué algunas personas llegan a los 100 años con relativa buena salud mientras la mayoría no supera los 80? Un estudio de la Universidad de Bolonia, Italia, ha encontrado una pista inesperada y parece tener la respuesta.
Afirman que el ADN de poblaciones que vivieron hace 14.000 años, durante la última Edad de Hielo europea, podría tener algo que ver.
Los centenarios italianos muestran un 38% más de probabilidades de portar herencia genética de cazadores-recolectores occidentales comparados con adultos más jóvenes.
Es por esta razón que el vínculo entre pasado prehistórico y longevidad moderna plantea preguntas sobre cómo adaptaciones evolutivas antiguas siguen influyendo en la salud actual.
La clave está en comparar ADN prehistórico con centenarios vivos
El equipo liderado por la profesora Cristina Giuliani, especialista en epigenética, analizó el ADN de 333 centenarios italianos y 690 adultos más jóvenes como grupo de control.
Para ello, utilizaron paleogenómica, una técnica que compara genomas modernos con ADN extraído de restos humanos antiguos. En este caso, cruzaron los datos con 103 genomas prehistóricos recuperados en yacimientos arqueológicos europeos.
Modelaron el ADN de cada participante como una mezcla de cuatro componentes ancestrales: agricultores neolíticos que llegaron a Europa hace unos 8.000 años, pastores esteparios que migraron desde las praderas orientales, cazadores-recolectores occidentales del grupo Villabruna (hace aproximadamente 14.000 años) y poblaciones del Cáucaso iraní.
Italia resulta especialmente útil para este tipo de estudios por su posición geográfica. Es una encrucijada de migraciones antiguas, lo que genera una diversidad genética que permite rastrear múltiples linajes en la misma población.
La huella genética de los cazadores-recolectores
Los centenarios portaban significativamente más segmentos de ADN heredados de cazadores-recolectores occidentales, especialmente en regiones del genoma previamente vinculadas con longevidad.
No se trata de un "gen de la longevidad" único, sino de pequeños cambios distribuidos en múltiples puntos del genoma que pueden alterar cómo el cuerpo gestiona energía, responde a infecciones o repara células.
El patrón era más claro en mujeres centenarias. La muestra masculina fue más pequeña, lo que limita la capacidad de confirmar si el efecto es igual en hombres.
Al final, este pequeño desequilibrio reflejó la realidad demográfica, en el cual las mujeres superan ampliamente a los hombres entre las personas que alcanzan los 100 años de edad.
Por qué el ADN de la Edad de Hielo podría ayudar hoy
Durante el Último Máximo Glacial, el pico más frío de la Edad de Hielo, los humanos europeos enfrentaron inviernos extremos, escasez prolongada de alimentos y presión constante de infecciones.
Las variantes genéticas que ayudaron a sobrevivir esas condiciones (almacenamiento eficiente de energía, respuesta inmunitaria rápida, pero controlada) podrían favorecer ahora un envejecimiento más saludable en contextos completamente diferentes.
Los investigadores sugieren que estas variantes podrían reducir la inflamación crónica de bajo grado, conocida técnicamente como "inflammaging".
Este proceso daña tejidos con la edad, aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas, diabetes y demencia, y se considera uno de los motores principales del envejecimiento acelerado.
Es por esta razón que si las variantes de cazadores-recolectores frenan ese proceso inflamatorio, explicaría parte de su correlación con la longevidad. Del mismo modo, el estudio muestra correlación, no causa-efecto, por lo que tener más ADN de cazadores-recolectores no garantiza llegar a los 100 años.
Factores de confusión como dieta, nivel socioeconómico, acceso a atención médica o contaminación ambiental podrían estar relacionados tanto con la ascendencia genética como con la longevidad.
Los investigadores ajustaron estos factores estadísticamente, pero no pueden eliminarlos por completo sin experimentos más controlados. Se necesitan estudios de laboratorio para entender cómo estas variantes influyen en metabolismo, inmunidad o reparación celular a nivel molecular.
La longevidad humana implica decenas de vías biológicas interconectadas, no un solo factor genético. Una revisión reciente señala que solo cinco vías principales se han vinculado consistentemente con longevidad en humanos, lo que subraya la complejidad del fenómeno.
El vínculo entre ADN prehistórico y longevidad moderna muestra como adaptaciones evolutivas forjadas bajo presiones extremas siguen influyendo en la salud miles de años después.
Aunque nadie debería tratar la ascendencia genética como un pronóstico de longevidad, este tipo de estudios abre ventanas para identificar mecanismos biológicos específicos que podrían convertirse en objetivos terapéuticos.

