Emma Frans, epidemióloga: "La inteligencia cristalizada aumenta con la edad siempre que no pierdas esta habilidad"

Emma Frans/Imagen generada con IA

La científica sueca, reconocida por su labor en el Instituto Karolinska, sostiene que no basta con acumular años de experiencia: es esencial seguir aprendiendo y evitar la rutina mental.

La discusión sobre la discriminación por razón de edad, especialmente hacia las personas mayores, conocido también como edadismo, vuelve una y otra vez al debate público. ¿Cuándo se supone que alguien es "demasiado mayor" para seguir siendo competitivo en el trabajo

Los prejuicios apuntan a que la edad resta capacidad, pero la evidencia científica dice otra cosa. La epidemióloga Emma Frans afirma que la inteligencia cristalizada aumenta con la edad, pero siempre y cuando no se pierda la habilidad de mantener la curiosidad y la disposición a aprender.

Qué es la inteligencia cristalizada y en qué se diferencia de la inteligencia fluida

Para entender de qué hablamos conviene distinguir entre dos tipos de inteligencia: la fluida, que está ligada a la rapidez para resolver problemas nuevos, a la agilidad mental sin apoyarse en experiencias previas, una capacidad que comienza a descender a partir de los 30 años. 

En cambio, la inteligencia cristalizada se alimenta de los conocimientos acumulados, del lenguaje y de la experiencia, y no solo no se pierde de inmediato, sino que puede seguir creciendo con la edad.

Investigadoras como Erika Jonsson Laukka, del Instituto Karolinska, han demostrado que esta forma de inteligencia no empieza a debilitarse hasta mucho más tarde, incluso pasados los 70 u 80 años. Pero hay una condición: no basta con acumular años de experiencia. Tienes que mantener activa la curiosidad, actualizar tus habilidades y no caer en la rutina mental.

Eso implica estar abierto a lo nuevo, aprender herramientas digitales, seguir la evolución del mercado, leer, formarte y aceptar que siempre queda algo más por descubrir. Esa actitud multiplica el valor de lo que ya sabes y convierte tu experiencia en una ventaja, no en un lastre.

Cabe señalar que el problema real muchas veces no está en la capacidad de las personas, sino en los prejuicios de las empresas. Ahí entra en juego el edadismo, y casos como el de la directora ejecutiva de la empresa ferroviaria SJ en Suecia, forzada a dimitir con 62 años, muestran cómo la edad sigue siendo usada como excusa para apartar a profesionales. 

Paradójicamente, los datos contradicen esa visión. Un estudio de la American Economic Review revela que la media de los fundadores de startups más exitosas es de 45 años. 

La conclusión conecta de nuevo con la reflexión de la epidemióloga Emma Frans, que ha expresado en reiteradas ocasiones que no se trata de tener la velocidad mental de una persona de 20 años, sino de combinar la experiencia acumulada con liderazgo y habilidades sociales.

El valor de las habilidades sociales y el liderazgo

En el mundo laboral actual, donde las relaciones son cada vez más colaborativas, el peso de las habilidades sociales crece de forma constante. Saber coordinar equipos, generar confianza y tomar decisiones estratégicas son competencias que se refuerzan con la edad. 

Emma Frans lo subraya, y es que dirigir no consiste solo en resolver problemas rápidos, también en mantener la cohesión, así como la motivación de un grupo de trabajo. Lo que buscan las empresas no es necesariamente juventud, sino iniciativa, pasión y energía.

El neurocientífico Torkel Klingberg añade un matiz clave: la inteligencia por sí sola no explica el éxito. Rasgos como la perseverancia, la capacidad de aprender de los fracasos y la constancia marcan la diferencia. En combinación con la experiencia, estos factores permiten mantenerse competitivo mucho más allá de los 60 años.

Claves para seguir siendo competitivo si tienes más de 60 años

Los expertos coinciden en que el talento de una persona mayor que está a punto de entrar a la vejez no pierde valor, pero sí necesita cuidarse y renovarse. Hay varios frentes en los que se puede trabajar:

Actualizar habilidades: No importa cuántos años lleves en tu sector, siempre hay herramientas nuevas, metodologías distintas o tecnologías emergentes que conviene dominar. Esa actualización constante evita quedar fuera del mercado laboral.

Competencias digitales: Cada vez más puestos de trabajo requieren soltura con plataformas online, software especializado o inteligencia artificial. Invertir tiempo en estas competencias es fundamental para que la experiencia no se perciba como obsoleta.

Aprendizaje permanente: Mantener la curiosidad de la que habla Emma Frans significa no dejar de leer, de preguntar, de formarse. La actitud de aprendiz constante es la que mantiene viva la inteligencia cristalizada.

Cuidar cuerpo y mente: Adlén lo recuerda con su ejemplo personal: mejorar la salud física a través del ejercicio impacta directamente en la energía, la concentración y la calidad del pensamiento. Dormir mejor y tener más resistencia también se traduce en mejor rendimiento laboral.

En definitiva, se trata de no desconectar del mundo ni del propio sector. Un profesional que une décadas de experiencia con voluntad de actualizarse resulta mucho más valioso que alguien que solo aporta rapidez mental, pero carece de experiencia.

El edadismo, además de ser una discriminación injusta, es un error estratégico. Ninguna sociedad ni empresa puede permitirse prescindir de la experiencia acumulada de miles de profesionales cuando la demanda de talento es tan alta.

Replantear el futuro del trabajo significa integrar mejor a las generaciones mayores, no apartarlas. La combinación de experiencia, curiosidad, así como formación continua es un recurso crítico para la competitividad de cualquier empresa.

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