Bret D. Andrews, neurólogo, advierte sobre el peligro de convivir con este popular electrodoméstico: "Están asociados con un mayor riesgo de asma"

Expulsan contaminantes que se asocian directamente con el aumento del asma, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y un menor desarrollo pulmonar en los niños.
Mientras invertimos en purificadores de aire o nos preocupamos por la contaminación del tráfico, mantenemos en el centro de la cocina un dispositivo que quema combustibles fósiles a diario.
El doctor Bret D. Andrews, neurólogo y miembro de la organización Médicos de la Bahía de San Francisco por la Responsabilidad Social, ha protagonizado un vídeo para el canal 350 Silicon Valley en YouTube que está cambiando la perspectiva de muchos usuarios.
En él, explica con datos clínicos por qué convivir con una cocina de gas no es seguro, especialmente si hay niños en casa. La advertencia cobra especial relevancia si analizamos nuestros hábitos de vida.
Según los datos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), pasamos aproximadamente el 90 % de nuestro tiempo en espacios interiores.
Esto significa que la calidad del aire que respiras dentro de tu salón o cocina tiene un impacto mucho mayor en tu salud a largo plazo que el aire de la calle. Sin embargo, Andrews señala un fallo estructural en la mayoría de viviendas: la falta de ventilación adecuada.
La química tóxica que respiras al cocinar es peligrosa para la salud
Cuando enciendes el fogón de gas para preparar la cena, no solo estás generando calor. Estás iniciando una reacción de combustión que libera subproductos nocivos directamente al ambiente en casa.
El principal señalado por el doctor Andrews es el dióxido de nitrógeno (NO2), un gas irritante que afecta al sistema respiratorio. Junto a él, se expulsan otras partículas finas y monóxido de carbono.
Cabe señalar que el problema que agrava esta situación es la infraestructura de las viviendas. El neurólogo afirma que solo un tercio de los hogares utiliza sistemas de ventilación o campanas extractoras eficaces mientras cocina.
Ya sea por el ruido que generan, por olvido o porque el sistema simplemente recircula el aire sin sacarlo al exterior, el resultado es que los gases tóxicos se acumulan.
Al no renovarse el aire, la cocina se convierte en una cámara de exposición a contaminantes que, en muchos casos, supera los límites de seguridad recomendados para exteriores.
Pulmones más pequeños y daño neurológico
Las declaraciones del doctor Andrews es especialmente valiosa porque, al ser neurólogo, amplía el foco de los riesgos más allá de lo respiratorio. Es sabido que los gases de la combustión irritan las vías aéreas, pero detalla consecuencias mucho más graves y sistémicas.
En primer lugar, la evidencia médica asocia estas emisiones con un aumento directo de los casos de asma y la exacerbación de enfermedades pulmonares preexistentes.
El dato más contundente que aporta el médico se refiere al desarrollo infantil. Los niños que crecen expuestos de forma considerable a estos gases pueden llegar a tener pulmones más pequeños, lo que compromete su capacidad respiratoria para el resto de su vida.
En segundo lugar, y entrando en su especialidad, Andrews advierte sobre los riesgos neurológicos y cardiovasculares.
La exposición a estos contaminantes en casa se vincula con una disminución de la función cerebral, un aumento en el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares (ictus) y el desarrollo de enfermedades cardíacas.
También señala asociaciones con resultados adversos en el parto, lo que convierte a la cocina de gas en un factor de riesgo para mujeres embarazadas. No se trata solo de "malos humos", sino de un impacto integral en la salud de la familia.
Las cocinas de inducción son la mejor alternativa
Ante este diagnóstico, la solución no es dejar de cocinar, sino cambiar la tecnología que utilizas. La alternativa que recomienda el experto y que respaldan los chefs profesionales es la inducción.
A diferencia del gas (que calienta por fuego) o la vitrocerámica radiante (que calienta una resistencia), la inducción utiliza campos electromagnéticos para excitar las partículas metálicas de la sartén.
Esto implica que el calor se genera directamente en el recipiente, no en la placa. Las ventajas en seguridad son inmediatas: no hay combustión, por lo tanto, no hay emisión de dióxido de nitrógeno ni otros gases tóxicos.
Además, la superficie de cristal se mantiene relativamente fría al tacto, reduciendo drásticamente el riesgo de quemaduras accidentales, algo crucial si tienes niños pequeños merodeando por la cocina.
Desde el punto de vista de la eficiencia, la inducción es más rápida y desperdicia menos energía, lo que a la larga también beneficia a tu factura eléctrica.
Ventila o moderniza tu cocina
Uno de los frenos para abandonar el gas es el coste de la reforma. Sin embargo, el contexto actual es favorable para la electrificación del hogar. Se destaca que existen incentivos importantes, como los reembolsos federales para la instalación de cocinas de inducción.
Este programa, diseñado para fomentar la eficiencia energética y reducir la huella de carbono, estará vigente hasta el año 2031 o hasta que se agoten los fondos, lo que te ofrece una ventana de oportunidad amplia para planificar el cambio.
Si tu situación no te permite hacer obras —por ejemplo, si vives de alquiler o tu presupuesto es muy ajustado—, no tienes por qué seguir respirando gases tóxicos. El mercado ofrece una solución intermedia muy accesible: los quemadores o placas de inducción portátiles.
Estos dispositivos se enchufan a cualquier toma de corriente y se pueden conseguir desde precios tan bajos como 50 euros. Ofrecen el mismo control de temperatura y la misma facilidad de limpieza que una placa encastrada, permitiéndote anular el uso del gas sin necesidad de llamar a un instalador.
La conclusión que se extrae de la advertencia del Dr. Andrews es clara, y es que la cocina de gas es una tecnología obsoleta que presenta riesgos sanitarios injustificables en la vivienda moderna.
Tenemos herramientas a nuestro alcance para protegernos. La opción ideal es la transición tecnológica hacia la inducción, aprovechando las ayudas públicas o las opciones portátiles económicas.
Pero si el cambio no es posible hoy mismo, la recomendación médica es abrir la ventana. Garantizar una corriente de aire cada vez que cocinas es la única barrera física que te separa de los efectos nocivos del dióxido de nitrógeno.

