El mayor ladrón de electricidad lo tienes en tu cocina: gasta tres veces más electricidad que tu frigorífico

Imagen generada con IA

Aunque se presentan como una opción eficiente para tu cocina, su consumo real es mayor de lo esperado, lo que explica por qué paga más en tu factura de la luz cada mes.

Aunque te esfuerces por ahorrar energía en casa, puede que estés pasando por alto al verdadero culpable del aumento en tu factura de la luz, el cual está en tu cocina, lo usas cada día y consume más de lo que imaginas.

Con los precios de la luz disparados y el coste de vida en ascenso, cada kilovatio cuenta. Es por esta razón que muchos hogares están revisando su consumo energético, pero pocos saben que uno de los electrodomésticos más modernos —la placa de inducción— puede ser también el que más gasta.

Según estudios recientes, una placa de inducción puede llegar a consumir hasta 748 kWh al año, más que otros dispositivos que están en la cocina. Para ponerlo en perspectiva, un horno ronda los 496 kWh anuales, un frigorífico unos 270 kWh y una lavadora, en torno a los 150 kWh.

¿Por qué gasta tanto la placa de inducción?

Aunque suele considerarse una tecnología eficiente frente a las planchas eléctricas tradicionales, la realidad es que el uso intensivo de una de inducción puede disparar el consumo. Tiene una potencia elevada, y si cocinas a diario, ese consumo se mantiene constante durante largos periodos. Al final del mes, lo notas.

La percepción de que es una solución moderna ha contribuido a que muchos usuarios no cuestionen su gasto real, pero los datos lo confirman, incluso con una alta eficiencia, es el tiempo de uso lo que marca la diferencia. Y en una cocina que usas todo el tiempo, esa diferencia se convierte en varios euros.

No se trata solo del tipo de electrodoméstico que tienes, sino de cómo lo usas. Cocinar a máxima potencia más tiempo del necesario, calentar sin tapa o dejar la placa encendida mientras terminas de cortar los ingredientes son gestos cotidianos que multiplican el gasto. Lo mismo pasa con otros aparatos. 

Al precalentar el horno sin necesidad o mantienes el frigorífico a temperaturas más bajas de lo necesario, estás consumiendo más energía de la que realmente necesitas. En cambio, pequeños cambios como cocinar con tapa, usar el fuego justo para mantener caliente o descongelar con antelación reducen el impacto energético sin esfuerzo.

Cómo ahorrar sin dejar de cocinar

La clave está en cambiar rutinas mínimas, pero sin renunciar a la comodidad. Puedes cocinar en tandas para aprovechar el calor acumulado de la placa de inducción, preparar varios platos a la vez y conservarlos en la nevera

Esto no solo reduce el tiempo de uso del electrodoméstico, también evita encenderlo varias veces al día. Mantener limpia la superficie de cocción también ayuda, sobre todo si hay restos de grasa o suciedad, la transferencia de calor no es óptima y el dispositivo trabaja más de lo necesario.

Por otro lado, apagar la placa uno o dos minutos antes de terminar la cocción es otro gesto útil. La superficie permanece caliente durante un tiempo, lo suficiente para que el alimento termine de hacerse sin consumir energía extra. Si utilizas ollas o sartenes con fondo grueso, mejor aún, ya que conservan el calor durante más tiempo.

Si tu placa permite elegir niveles de potencia, úsalos con lógica, no hace falta cocinar a máxima intensidad, salvo que realmente lo requiera la receta. Una cocción a fuego medio suele ser suficiente y más eficiente. También es recomendable tapar los recipientes al cocinar, puesto que el calor se concentra mejor y reduces el tiempo necesario para hervir o guisar.

Cabe señalar que no todo pasa por la placa, también puedes combinarla con otros métodos de cocción más rápidos, con menor demanda energética. Una olla a presión reduce el tiempo de cocinado a la mitad. 

El microondas, bien utilizado, es más eficiente que recalentar en la sartén. Incluso una freidora de aire puede ayudarte a preparar ciertos platos con menor consumo energético. Por último, elegir electrodomésticos con etiqueta energética alta también ayuda, y mucho.

Si bien puede suponer una inversión al principio, a medio plazo compensa. Lo que ahorras en consumo se nota mes a mes, especialmente en aparatos de uso frecuente como la placa, el horno o el frigorífico. Revisar el estado de los cables, las conexiones o el aislamiento térmico de la cocina también puede contribuir a un mejor rendimiento general del sistema eléctrico.

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