Se cumplen 40 años de la película de ciencia ficción más extraña de todos los tiempos: nadie la entendió, y hoy es de culto

Se trata de uno de los films más incomprendidos de los años 80, fracasó en taquilla y tenía claras influencias de Kafka, Orwell e incluso Philip K. Dick.
La ciencia ficción es un género cuanto menos peculiar. Una y otra vez suele estrellarse en taquilla, y muchos de sus grandes clásicos no llegan a comprenderse del todo (cuando lo hacen) hasta muchos años después de su estreno. Prueba de ello es el caso de uno de los máximos exponentes del género, al menos a nivel cinematográfico, como fue Blade Runner.
Pero no fue ni mucho menos la única. Solo en los años ochenta existieron muchos otros ejemplos significativos, que no convencieron en su momento y hoy en día son prácticamente culto. Entre ellas, una película que este año celebra su 40 aniversario, y que muchos consideran absolutamente de culto, a pesar de ser una producción realmente extraña.
La extraña película de ciencia ficción que hoy es de culto
Pocos clásicos de ciencia ficción son tan peculiares como Brazil, el mítico film del ex Monty Python Terry Gilliam. De hecho, solo definir el género de la película, o de qué trata, supone todo un desafío en sí mismo. La película tiene mucho de comedia negra, de surrealista, de drama o de distopía, pero desde luego es una clara demostración de amor por la ciencia ficción.
Las influencias de la producción también son tan evidentes como múltiples: hay mucho del impresionismo alemán, de Kafka, de Orwell o incluso de Philip K. Dick. Sin olvidar tampoco la propia y peculiar visión de su director, un cómico amante de la ciencia ficción, que comenzó codirigiendo Los caballeros de la mesa cuadrada, y después firmaría otras obras dignas de estudio.
Entre ellas, Las aventuras del barón Munchausen (una loca fantasía con ciertas semejanzas con Brazil) o 12 monos, protagonizada por Bruce Willis y Brad Pitt. Pero sin duda su obra más singular fue y continúa siendo Brazil. Por no faltar, no faltan ni siquiera el cameo de Robert De Niro, interpretando uno de los papeles más incalificables e incomprensibles de toda su larga carrera.
Como suele ocurrir en estos casos, Brazil fue un fracaso comercial. La película costó alrededor de 15 millones de dólares, y apenas fue capaz de recaudar algo más de 9. Todo ello con Terry Gilliam manteniéndose fiel a su peculiar y complicada visión, y haciendo oídos sordos al intento de los productores por editar el film hasta hacerlo más comercial y fácil de comprender.

Brazil, la distopía futurista por excelencia
La historia de Brazil seguía a Sam Lowry (Jonathan Pryce), un apático funcionario que trabaja para un gigantesco y deshumanizado aparato burocrático. Vive en un mundo totalitario, hipertecnificado y dominado por formularios, conductos y errores administrativos. Sam sueña con escapar de su monótona vida mediante fantasías en las que vuela y salva a una misteriosa mujer.
Su realidad cambia cuando un error burocrático conduce a la detención y muerte de un inocente, y Sam, al investigar, se cruza con la mujer de sus sueños en la vida real: Jill Layton (Kim Greist). Pero Brazil es mucho más que eso, una de esas experiencias diferentes que solo puede explicarse de una forma: viéndola.