Analizan las baterías de 8.000 coches eléctricos y la conclusión es clara: "El kilometraje no lo es todo"

¿Vas a comprar un eléctrico usado? Un estudio revela que el kilometraje importa menos que cómo se cargó. Descubre el factor que degrada la batería el doble de rápido.
Si estás buscando un coche eléctrico de segunda mano, es muy probable que tu mayor preocupación no sean los neumáticos ni el estado de la carrocería, sino la batería.
Ese miedo a heredar un componente degradado y costoso es el muro que frena a miles de compradores en dar el salto a la movilidad eléctrica, pero la realidad en 2026 está eliminando esos prejuicios.
De acuerdo con un estudio de la firma británica Generational, ha analizado 8.000 vehículos para demostrar que la química de la batería de los coches usados es más resistente de lo que se creía.
El mito del 95 % de la batería de los coches eléctricos
Olvídate de la idea de que una batería se agota como la de un viejo móvil tras un par de años de uso. Los datos actuales indican que la salud media de las baterías se mantiene en un sorprendente 95,15 %.
Esta cifra demuestra que la inmensa mayoría de los coches mantienen su capacidad de almacenamiento casi intacta tras sus primeros años de vida.
Es por esta razón que es momento de que dejemos de ver la degradación como una caída libre para entenderla como un proceso extremadamente lento.
Incluso cuando te fijas en unidades con una década de rodaje, la salud de las celdas suele resistir por encima del 85 %. Esta capacidad es más que suficiente para cubrir tus trayectos diarios sin que notes una pérdida real de operatividad.
No cabe duda alguna de que la tecnología ha demostrado una estabilidad que permite al vehículo envejecer con una dignidad que pocos esperaban hace solo cinco años.
El odómetro miente: Por qué los kilómetros no lo son todo
Cabe destacar que, en un eléctrico, el número que marca el cuadro de instrumentos ya no define el desgaste del coche. Se han detectado unidades con más de 160.000 kilómetros que conservan una salud de batería envidiable, situada entre el 90 % y el 95 %.
A diferencia de un motor de combustión, donde el rozamiento de cientos de piezas móviles dicta el final de su vida útil, en el eléctrico mandan los ciclos químicos.
Por eso, un coche muy rodado puede estar en mejor estado que uno que apenas se ha movido, pero ha sido maltratado en el garaje. Lo que realmente debe importarte es el "uso de calidad" que haya recibido esa batería.
Dos coches idénticos con el mismo kilometraje pueden tener estados de salud opuestos dependiendo de cómo hayan sido gestionados por sus anteriores propietarios.
Esto significa que tu prioridad debe ser conocer el historial de cuidados de la batería por encima de la distancia recorrida o el estado de la carrocería.
Los verdaderos verdugos de la autonomía
Si quieres ser un comprador inteligente, tienes que vigilar factores que no aparecen a simple vista. El abuso sistemático de la carga rápida en corriente continua y las temperaturas extremas son los verdaderos enemigos de la vida útil de los coches eléctricos.
Someter a las celdas a un estrés térmico constante o dejar que la energía baje frecuentemente del 10 % acelera el desgaste mucho más que cualquier viaje largo por carretera.
Afortunadamente, los casos de degradación severa son anecdóticos y representan apenas el 1 % del parque móvil analizado. Se trata de excepciones ligadas a malas praxis muy concretas, y no a un defecto inherente de la movilidad eléctrica.
La mayoría de los conductores se sitúan en una franja de seguridad que garantiza una vida útil mucho más larga de lo que el mercado de ocasión se atreve a admitir.
De hecho, la propuesta de instaurar pruebas de salud independientes y estandarizadas es el único camino para que el mercado de segunda mano sea totalmente fiable.
Necesitas que el vendedor te entregue un certificado de salud de la batería con la misma naturalidad con la que te daría las llaves del vehículo.
Al final, la transparencia es la única herramienta capaz de disipar las dudas que aún te asaltan. El coche eléctrico no tiene un problema de fiabilidad, sino un reto de comunicación que los datos están empezando a resolver con rotundidad.
Elige con criterio, pide información técnica y comprende que la era del cuentakilómetros como única medida de confianza ha pasado definitivamente a la historia.

