La edad media de cambio de un coche eléctrico no llega a 4 años… un gasolina supera los 12, según un estudio

Los coches eléctricos se cambian cada 4 años, mientras los de gasolina superan los 12; el renting, la batería y la tecnología explican esta gran diferencia.
El cambio hacia la movilidad eléctrica es imparable. Con la prohibición de los coches de combustión interna prevista para 2035 en la Unión Europea y otros mercados como Japón o California, los coches eléctricos serán los protagonistas del futuro.
Pero si miramos el comportamiento actual de los conductores, el panorama es más complejo de lo que parece. Un reciente estudio ha revelado que, mientras que los propietarios de coches de gasolina o diésel conservan sus vehículos durante más de una década, quienes apuestan por un coche eléctrico lo cambian en menos de cuatro años.
Esta diferencia refleja no solo una evolución tecnológica, sino también un cambio en los hábitos de consumo, el tipo de adquisición más frecuente (como el renting o el leasing) y la percepción del valor a largo plazo.
El tiempo de renovación varía según el tipo de motor
Según el informe de S&P Global, los vehículos con motor de combustión tienen una vida útil cada vez más larga. En Estados Unidos, la media se sitúa en 12,5 años, subiendo a 13,6 años en el caso de los turismos. En Europa, especialmente en países como España, esa cifra se eleva aún más. El parque móvil español supera los 14 años de media, situándose como uno de los más envejecidos del continente.
En cambio, los coches eléctricos suelen cambiar de manos mucho antes. La media se sitúa en apenas 3,6 años. Esta rotación más rápida está estrechamente ligada al modelo de compra predominante.

Una parte importante de los usuarios opta por modalidades de alquiler con opción a compra (leasing) o renting, que tienen contratos típicos de unos cuatro años. Al finalizar ese periodo, muchos usuarios prefieren estrenar un modelo más reciente y eficiente.
Existen varias razones que explican esta tendencia. La primera es el perfil del comprador. Al tratarse de un producto más caro que su equivalente de combustión, los coches eléctricos suelen atraer a un público con mayor poder adquisitivo y más propenso a cambiar de modelo cada pocos años.
Además, existe cierta incertidumbre sobre el rendimiento a largo plazo de las baterías. Aunque los fabricantes aseguran una durabilidad mínima de 8 años, el coste de sustituir una batería puede superar los 10.000 euros. Esta preocupación hace que muchos conductores prefieran no asumir ese riesgo y opten por devolver el coche al finalizar su contrato de renting.
También influye el avance tecnológico, ya que cada año aparecen nuevos modelos eléctricos más eficientes, con mejor autonomía y tiempos de carga reducidos, lo que incentiva a los conductores a actualizarse rápidamente.
El efecto dominó en el mercado de segunda mano
Esta renovación constante de coches eléctricos tiene un impacto directo en el mercado de segunda mano. Muchos vehículos procedentes del renting acaban ahí, generando una oferta creciente. Esto ha provocado una bajada de precios significativa. Solo en 2023, el precio de los eléctricos usados descendió un 15% en EEUU y un 8% en Europa, según datos de Autoscout24.
Esta tendencia puede facilitar el acceso a la movilidad eléctrica para quienes no pueden permitirse un vehículo nuevo, pero también genera dudas sobre la depreciación de estos coches a medio plazo.
Aunque las normativas apuntan hacia un futuro sin motores de combustión, el camino hacia una movilidad 100% eléctrica será progresivo. La renovación más frecuente de los coches eléctricos responde a factores como el leasing, el temor a la degradación de la batería y la rápida innovación del sector.
Por el contrario, los vehículos de combustión interna seguirán en circulación durante muchos años debido a su fiabilidad y a la resistencia al cambio de muchos conductores.