Un experto da la clave de por qué los coches autónomos no son fiables: no entienden a los humanos

A pesar de los avances en inteligencia artificial, tanto Tesla como otras empresas son incapaces de que estos vehículos 100% autónomos circulen todavía con normalidad.
Según los planes de Elon Musk, los coches autónomos ya tenían que haberse convertido en algo cotidiano desde hace tiempo. Sin embargo, la realidad demuestra que no es así. A pesar de las promesas llevadas a cabo tanto por Tesla como por quienes prevén un futuro automatizado, con menos accidentes y carreteras más seguras, siguen sin ser una realidad fiable. ¿Por qué?
La lógica hace pensar que a pesar de los avances en inteligencia artificial y sistemas de asistencia cada vez más elaborador e independientes, las complicaciones en su funcionamiento se deben a una cuestión puramente técnica. Un experto, en cambio, ha desarrollado una teoría cuanto menos curiosa. El problema, según él, estaría en otra parte: no entienden a los humanos.
Los coches autónomos y la falta de entendimiento

Según Ronald McLeod, profesor honorario de Psicología de la Ingeniería en la Universidad Heriot-Watt, el mayor obstáculo para los coches autónomos no tiene que ver con las máquinas, sino con los humanos. Ese es el motivo, sostiene, por el que aún no son fiables. Así lo ha expuesto en su libro, Transición a la Autonomía, en el que trata en profundidad el tema.
Lo que dice básicamente McLeod es que, efectivamente, los coches autónomos ya cuentan con numerosos avances tecnológicos: cámaras, radares, radares, mapas de alta precisión y ordenadores capaces de procesar millones de datos por segundo. Pero a pesar de ellos, cuando se trata de dar el salto a las carreteras, siguen sin resultar seguros al cien por cien.
La razón, expone, es más sencilla de lo que en ocasiones se piensa. Conducir no es algo tan sencillo como evitar obstáculos y seguir normas, por ejemplo a la hora de mantenerse dentro de una carretera y cumplir con una regulación de velocidad establecida. Conducir es, en esencia, un tema de interpretar intenciones. Con todo lo que eso conlleva.
Esto, si se piensa con detenimiento, está relacionado con la lectura de comportamientos humanos, por así decirlo. Un ejemplo lo expone a la perfección. Cuando un conductor humano ve a un peatón parado en la calle, es capaz de entender qué va a hacer, sin ir más lejos si se dispone a cruzar la calle o no. Un coche autónomo, por el contrario, es incapaz de identificarlo.
Una enorme brecha entre el cerebro y la máquina
Otra de las cuestiones que, al menos según esta investigación, complica la situación de los coches autónomos, pasa por la propia psicología. La de las personas, se entiende. El experto insiste en que a ojos de cualquiera, un vehículo automatizado puede dar la impresión de estar conduciendo mal, aunque en realidad no esté cometiendo ningún error manifiesto.
¿Cómo se explica esto? Acciones como dudar al tomar un cruce, frenar un poco tarde o simplemente acelerar con brusquedad, tienden a ser automáticamente comprendidas como fallos en su funcionamiento artificial, cuando quizá no sea así, ya que se encuentren dentro de lo razonable. Pese a ello, la desconfianza crece, y eso, al final, genera igualmente un conflicto.
