Isabel Aranda, psicóloga del trabajo: "Ha llegado el momento de replantearnos el concepto de desconexión"

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La desconexión mental y digital es imprescindible para velar por el bienestar individual, ayudando a disfrutar de un descanso mental efectivo y a ver reducido el estrés y la ansiedad, entre otros.
Cuando hablamos de desconexión digital, es habitual pensar automáticamente en el derecho que tienen los trabajadores a no responder llamadas, correos electrónicos o mensajes fuera de su jornada laboral, siendo clave tanto para el bienestar individual como para la productividad de las organizaciones. Sin embargo, una experta como es Isabel Aranda, psicóloga del trabajo, conferenciante y autora de siete libros, defiende replantear el concepto de desconexión y reservar también durante el tiempo de ocio, especialmente en vacaciones, momentos sin pantallas ni notificaciones.
Hoy en día ya estamos familiarizados con el síndrome FOMO (acrónimo en inglés de miedo a perderse algo), que corresponde a la angustia que sufren algunas personas en redes sociales y en entornos digitales de comunicación por el miedo a perderse algo de lo que sí disfrutan otras personas. Se trata del clásico miedo a sentirse excluido, pero con una mayor problemática, ya que se proyecta al mundo digital, donde la perspectiva cambia al centrarse en las interacciones en entornos móviles.
Aranda advierte, en una reflexión compartida en LinkedIn, de que tanto la tecnología como nuestra propia conducta tienen parte de responsabilidad: con el trabajo al alcance del bolsillo, la sensación de estar siempre disponibles nos impide salir del "modo trabajo". Además, estar pendiente de las notificaciones que se reciben, de los "me gusta" en redes sociales y de las actualizaciones acaba por generar ansiedad, un problema especialmente frecuente entre la gente joven, sobre todo en adolescentes que aún están desarrollando su personalidad.
Por ello, la experta cree que hay que replantear el concepto de desconexión: no somos un ordenador que se apaga pulsando un botón, y no basta con dejar de trabajar, sino que necesitamos recuperar el equilibrio físico y mental. Una reflexión que, si la llevamos al terreno digital, pone en valor la importancia de desconectar pantallas y dispositivos también fuera del entorno laboral.
Cómo desconectar eficazmente del mundo digital
A las plataformas les interesa que los usuarios permanezcan todo lo posible dentro de ellas, ya que su modelo de negocio se basa en el tiempo que el usuario está utilizando las mismas. El principal problema se da cuando la persona está permanentemente pendiente de ellas, atenta a cada interacción o publicación, por miedo a perderse algo y preocupada por el éxito de sus propias publicaciones.
A pesar de todo, Isabel Aranda aclara que, más que una desconexión radical durante unas semanas, la solución pasa por aprender a crear ventanas de conexión y desconexión saludables durante todo el año. Entre sus recomendaciones está practicar hábitos digitales saludables, reservando momentos del día para estar plenamente presente, sin pantallas.
Este tema es especialmente preocupante en el momento en el que existe una falta de comunicación con el mundo que nos rodea, lo que acaba derivando en un aislamiento de la persona. Por otro lado, la frontera entre el mundo digital y el real es cada vez más difusa, como se observa cuando se producen caídas generalizadas en plataformas como WhatsApp e Instagram y los usuarios acuden rápidamente a Twitter (ahora X) para saber si realmente sucede algo o son ellos los que sufren el problema.
Esta actitud refleja la gran preocupación existente por perderse lo que sucede en el entorno digital. En esta línea, otra de sus principales recomendaciones es volver a conectar con las personas importantes y rebajar las expectativas: no hace falta que las vacaciones sean "instagrameables", sino preguntarse si son para disfrutarlas o para enseñarlas. Así, ese tiempo de ocio puede servir de verdad para descansar, algo clave para la salud.

