La realidad detrás de elegir tu distro de Linux, una curva de aprendizaje que podría no convencerte

Hay varias distros de Linux que deberías ignorar totalmente si eres un usuario medio que quiere dar el salto desde otro sistema o, de lo contrario, acabarás desesperándote.
Es muy habitual que un usuario que quiera cambiar Windows o macOS por Linux se encuentre ante una complicada decisión: elegir una distro que se adapte a lo que busque, y no es pequeña la lista.
Además, si nunca has entrado en este mundo, hay algunas distros que deberías evitar por completo, ya que la curva de aprendizaje puede desesperar y acabarás odiando este ecosistema.
En cualquier caso, algunas distros fáciles de aprender a usar han provocado un ligero crecimiento de Linux en el entorno de escritorio, con una cuota de mercado durante el último año del 3,09%, por detrás del 4,21% de macOS y, por supuesto, del imbatible Windows (62,16%), según los datos de Statcounter.
Ahora bien, en lo que se refiere a superordenadores y servidores alrededor del mundo, Linux es imbatible y prácticamente no tiene ningún tipo de competencia, por ser un sistema muy moldeable, personalizable y contar con herramientas específicas según el uso.
Como ves, continúa siendo un sistema minoritario para el usuario promedio, que en muchas ocasiones prefiere una alternativa que ya cuente con herramientas preinstaladas o una interfaz que ya resulte familiar.
Para conseguir una distro de Linux que no te eche para atrás, te cuento cuáles son las que deberías esquivar y algunas de las más fáciles para dar el salto sin ningún tipo de problema.
Las distros que debes evitar si no quieres desesperarte
En cualquier sistema operativo, un mayor control y personalización implica siempre una dificultad mayor, aunque hay distros que se llevan la palma en este sentido.
La primera de estas, destinada concretamente a profesionales muy avanzados, es Arch Linux, que opera bajo el principio KISS –Keep It Simple, Stupid–, aunque en este caso "simple" es un adjetivo que no tiene nada que ver con sencillez, sino que es un mensaje para los desarrolladores que no busquen automatizaciones ni adornos innecesarios.
La instalación se realiza mediante línea de comandos, por lo que no tendrás ningún tipo de menú; desde aquí, tendrás que crear de forma manual las particiones del disco mediante comandos de texto, además de montar el sistema de archivos, configurar la fecha y hora, y descargar cada paquete individualmente.
En caso de que cometas algún error, podrías conseguir que tu PC no arranque. A cambio, es una distro que se actualiza diariamente, pero que requiere de revisar constantemente las notas de cada versión, para evitar errores que no tengan solución.
Básicamente, aquí la curva de aprendizaje es una línea vertical, por lo que si quieres comenzar en este mundo, no es recomendable que empieces por Arch Linux. Adicionalmente, tampoco es aconsejable si no quieres andar revisando manuales o notas de la versión constantemente.
Un paso más allá va Gentoo. Por norma general, en las distros las aplicaciones se descargan con un binario precompilado –un archivo ya listo para ejecutar–, pero Gentoo solo descarga el código fuente, por lo que cada cual tiene que compilarlo en su propia máquina.
Además de que necesitarás un procesador bastante potente, podrías tirarte horas o incluso días configurando simplemente un entorno gráfico; es una gran ventaja si buscas optimizar hasta el más mínimo detalle del software, pero una pérdida de tiempo si no necesitas esto.
Por supuesto, requiere de conocimientos muy avanzados en arquitectura de ordenadores, por lo que evítala a toda costa si eres un usuario medio.
En esta misma lista aparece NixOS, un sistema basado en lo que se conoce como configuración declarativa; es decir, que la gestión recae sobre un archivo de texto escrito en el lenguaje de programación Nix.
Es una gran opción para ingenieros de software o para la administración de sistemas, pero no es apta para el usuario medio; eso sí, si buscas algo ultra estable, es de las mejores distros que puedes encontrar.
Distros para comenzar sin acabar odiando Linux
En el extremo opuesto, hay distros muy simples para comenzar sin tener que andar en terminales con comandos que no conoces, y mediante una interfaz gráfica muy cuidada y personalizable.
La primera de ellas es Linux Mint, que utiliza el entorno de escritorio Cinnamon, con una barra de tareas y organización muy parecida a la de Windows, además de actualizaciones automáticas y un explorador de archivos muy fácil de usar.
Como ventaja, si algo falla durante un actualización, el sistema permite volver con un solo clic al estado anterior para mitigar cualquier posible error, así que es perfecta para comenzar en el mundo Linux.
La segunda es Zorin OS, quizá la distro más personalizable si estás buscando un entorno de escritorio parecido a diferentes versiones de Windows, así como de macOS –aunque esta opción solo está disponible en la versión Pro–.
Afortunadamente, Zorin OS gestiona automáticamente herramientas de compatibilidad como Wine, por lo que no tendrás que realizar configuraciones avanzadas.
Por último, otra de las más accesibles es Pop!_OS, una distro basada en Ubuntu que permite la descarga directa de una ISO para usuarios con tarjetas gráficas de Nvidia, por lo que los controladores restrictivos se instalan sin ningún tipo de problema y sin pantallas congeladas.
Con ella, la única dificultad es la adaptación a su interfaz gráfica, ya que no se parece en nada a Windows; a pesar de ello, es muy intuitiva y en pocos días te habrás acosutmbrado totalmente a esta distro.
En conclusión, si lo que buscas es el control absoluto sobre tu máquina, elige las primeras, pero si quieres tenerlo ya todo listo sin tener que andar realizando configuraciones avanzadas, opta mejor por estas últimas.
