Hace 20 años iniciar el PC era una prueba de paciencia: así era arrancar un ordenador antiguo

Hoy damos por sentado que un PC se encienda en 10 segundos, pero no siempre fue así. Esperar a que una app arrancara podía parecer eterno, y eso sin contar los reinicios, errores o actualizaciones.
Hoy puedes encender el ordenador, escribir tu contraseña y ponerte a trabajar en cuestión de segundos. Hace unos años, no era tan rápido como piensas, bastaba pulsar el botón de encendido para iniciar una larga cadena de esperas que podían alargarse cinco, seis o incluso más minutos.
Si ahora te molesta que el equipo tarde 15 segundos en reaccionar, es porque has olvidado lo que significaba usar un PC doméstico a principios de los 2000. Durante años, arrancar el equipo era una tarea que exigía tiempo y paciencia, pero debido a que la tecnología ha avanzado tanto ya no nos damos cuenta.
Pero si viviste aquella época, recordarás lo que era esperar frente a una pantalla negra, ver desfilar mensajes de la BIOS y rezar para que el sistema operativo no diese errores. La experiencia era frustrante, aunque en ese momento no lo pareciera tanto, simplemente, no conocíamos otra cosa.
Encender un PC solía ser sinónimo de paciencia y espera
La rutina era conocida por muchos usuarios que era pulsar el botón, ver la pantalla inicial del fabricante, después el chequeo del sistema, la carga del sistema operativo y, con suerte, el escritorio completo al cabo de varios minutos.
Aunque el equipo fuera nuevo, aunque tuviera lo mejor de lo mejor para su época, aquello era lo normal. No existían discos SSD, la memoria RAM era limitada y los procesadores, aunque útiles, iban justos para tareas básicas.
Después llegaba la segunda fase, donde el escritorio se mostraba, pero seguía sin estar todo listo. Los procesos del antivirus, los controladores de sonido, el software de la impresora o el gestor de conexión a Internet seguían cargándose en segundo plano.
Si querías abrir una carpeta, el sistema tardaba tanto que llegabas a pensar que se había colgado. Abrir un navegador era como iniciar un programa de edición de vídeo hoy en día, por lo que todo se sentía lento, pesado y poco fluido.
Eso sí, esta situación era parte de la rutina en aquellos años, puesto que reiniciar era la última opción, porque sabías que implicaba volver a empezar desde cero con otra ronda de minutos perdidos.
Cabe señalar que hoy en día puedes reiniciar el PC sin pensarlo, sin interrumpir tu trabajo, y en menos de lo que tarda una canción en sonar ya estás de vuelta. Aquella época no era peor por capricho, sino que era el reflejo de una tecnología aún en desarrollo.
Las descargas, otro suplicio que hoy suena ridículo
Del mismo modo, descargar un programa o un juego era toda una aventura. Si el archivo ocupaba 1 GB, lo normal era dejar el ordenador encendido durante la noche. Si eran más GB, mejor asumías que tendrías el PC trabajando toda la semana. Además, no era raro que la conexión se cayera a mitad del proceso, entonces, a empezar de nuevo.
Todo esto en ordenadores con discos duros HDD de 128 GB o más, donde cada archivo contaba, ya que la gestión del espacio era casi una tarea estratégica. Eliminabas programas, movías carpetas a disquetes o CD, hacías malabares para instalar algo nuevo, y el resultado no siempre era el esperado.
Hoy, con una conexión decente y almacenamiento rápido, instalas cualquier cosa en minutos, muchas veces sin moverte de la nube. Ver el progreso en segundos nos ha hecho olvidar lo que era esperar sin garantías, por lo que mucho ha cambiado desde aquella época de las versiones de Windows XP o incluso antes.
Tener varios programas funcionando al mismo tiempo no era habitual, y no porque no quisieras, sino porque el ordenador no daba más de sí. Dos apps abiertas a la vez podían ralentizar todo el sistema. Abrir una hoja de Excel mientras tenías el navegador encendido podía ser un error fatal. El sistema se congelaba, o directamente lanzaba un aviso de error. Había que elegir: o navegabas o trabajabas.
Hoy puedes tener decenas de pestañas, una videollamada en segundo plano, un editor de texto, Spotify, un gestor de tareas y varios servicios sincronizados al mismo tiempo sin que el sistema apenas se inmute. La multitarea ya no es una función, sino que es una condición por defecto.
También los sistemas operativos han cambiado radicalmente. Windows XP o Vista necesitaban tiempo, reinicios y atención constante. Windows 10 o 11 se actualizan solos, se reinician rápido, reparan errores en segundo plano y casi nunca te obligan a interrumpir tu trabajo.
Si alguna vez sientes que tu ordenador tarda en arrancar, recuerda lo que era encender un PC en 2003. Te daba tiempo a preparar café, planear la mañana y aun así seguías viendo cómo el sistema terminaba de cargar. Hoy la informática ha alcanzado un nivel de eficiencia que parecía imposible hace dos décadas.

