La IA va a matar al periodismo digital y este es el motivo

La inteligencia artificial ha fulminado la forma tradicional de contar las noticias, pero sobre todo de buscarlas. Todo apunta a que este será el fin del periodismo online.
Tenemos que asumirlo cuanto antes: nos hemos vuelto muy vagos a la hora de buscar información, contrastar las fuentes y formular una opinión justificada sobre un tema. Y esto, como no podía ser de otra manera, es culpa de la inteligencia artificial.
Hoy en día es más sencillo preguntarle cualquier cosa a la IA que buscar esa misma información en Google, ya que los chatbots y asistentes tienen como misión principal facilitar a los usuarios cualquier tarea que quieran realizar, como por ejemplo, estar al corriente de las últimas noticias.
Las posibilidades de la IA son infinitas y eso es algo de lo que nos percatamos a diario, ya sea que queramos crear una imagen a partir de un texto o hacer un pódcast sobre algo que nos interese. Estas son, sin duda, capacidades muy útiles e interesantes, pero, como todo, el uso de esta tecnología también tiene su parte negativa.
La inteligencia artificial necesita mucha infraestructura (GPUs potentes, ventiladores, refrigeradores, electricidad, etc.) y centros de datos nada sostenibles para procesar toda la información con la que trabaja, además de que favorece la desinformación con la generación de imágenes y contenidos fraudulentos.
También se cree que esta tecnología hará que desaparezcan muchos puestos de trabajo, aunque la realidad es que las empresas no buscan suplir talento a base de IA, sino incorporar aquel que sepa manejarla. No obstante, su uso está afectando sobre el empleo de miles de periodistas de manera indirecta, según ha advertido recientemente TollBit.
Ha cambiado la forma en que se buscan las noticias
La inteligencia artificial está transformando la forma en que se crea, se difunde y se experimenta con los contenidos que son de actualidad. Es una tecnología tan importante para quienes se encargan de compartir una noticia como para quienes las reciben y las leen y, por tanto, su irrupción ha modificado ambas tareas.
Los periodistas, por su parte, han encontrado grandes oportunidades en la IA. Gracias a ella, pueden invertir menos tiempo en la investigación de un tema, acceder a fuentes de información cuya existencia desconocían o conocer mejor sus audiencias. Esto significa que lo que antes les ocupaba días y meses, ahora se reduce a tan solo unos minutos.
El escenario también ha cambiado mucho para los lectores, ya que, en los últimos años, la forma de estar en contacto con la actualidad ha evolucionado a pasos agigantados hasta convertirse en una tarea tan sencilla como escribir un prompt de texto preguntando "¿qué ha pasado hoy?".
Si hace no tanto era necesario abrir un periódico o poner el telediario, esta manera de informarse rápidamente se modificó con el impulso de los buscadores. Después, con las redes sociales, ya que, tal y como adelantó hace ya unos años The New York Times en el artículo For Gen Z, TikTok Is The New Search Engine, no son pocos los que usan estas plataformas para informarse.
Gracias a pequeñas píldoras informativas —que en muchas ocasiones sacian esa sed de novedades, porque van al grano, a lo viral—, pueden poner en contexto a estas personas sobre un determinado tema, añadiendo el enlace a la noticia completa en la misma publicación o bien invitando a revisarla desde sus páginas web.
Ahora son los chatbots de IA generativa los que se han convertido en una herramienta muy útil para acceder a la información. Tanto es así que soluciones como Copilot y Perplexity, por ejemplo, pueden reunir y estructurar las principales noticias del día en una única interfaz y, además, añadir enlaces a las fuentes consultadas.
La IA reduce el tráfico web hasta un 96%
La firma de investigación Gartner predijo en febrero del año pasado que el tráfico de los motores de búsqueda tradicionales caería un 25% para 2026, principalmente debido a los chatbots de IA y otros agentes virtuales. Estimaciones como esta ya avanzan cuál es el futuro de las búsquedas en internet y vaticinan que el porvenir del periodismo digital no es muy esperanzador.
Si bien empresas como OpenAI y Perplexity aseguraron que proporcionarían nuevas fuentes de ingresos a los editores de medios de comunicación, al dirigir a más lectores a sus páginas web, la realidad es muy diferente, ya que los motores de búsqueda impulsados por IA envían un 96% menos de tráfico de referencia a sitios web de noticias y blogs que la búsqueda tradicional de Google.
El dato es abrumador, teniendo en cuenta que la viabilidad de los medios de comunicación online dependen, principalmente, de dos pilares fundamentales. Por un lado, de las visitas que registran y, por otro, de la publicidad, que solo llega a las webs si los publicistas confían en que colocar sus anuncios en estas ellas (y, por lo tanto, invertir en ello) va a suponer un retorno económico.
Debido a este cambio de tendencia, las empresas que dependen del tráfico de búsquedas se encuentran en una situación que comienza a ser crítica.
Es el caso de páginas de reservas de viajes, como Kayak y Tripadvisor. También, de la firma de tecnología educativa Chegg, cuyo tráfico se desplomó un 49% interanual en enero, una caída que se asoció con la llegada de los Resúmenes creados por IA al propio Buscador de Google.
Esta funcionalidad, anunciada casi un año y recientemente lanzada en los países europeos, reúne los resultados que considera más interesantes en la parte superior del motor de búsqueda y de manera predeterminada, con los enlaces a las fuentes que considera y antes de ofrecer la lista de resultados web a la que ya nos tenía acostumbrados.
Con la incorporación de estos resúmenes, Chegg sufrió una caída de su volumen de tráfico web del 8% durante el segundo trimestre del año pasado, según ha señalado Forbes, que se ha hecho eco del análisis de TollBit y ha compartido opiniones con el representante de la empresa, Ian Crosby. Este abogado, socio del bufete Susman Godfrey, ha afirmado que esta práctica "es una amenaza para internet".
Debido al impacto negativo que ha tenido esta característica en sus resultados, Chegg ha demandado recientemente a Google, alegando también que los resúmenes generados por esta tecnología incluían contenidos de su página web que no estaban acreditados, es decir, que no mostraban que Chegg los había creado.
Y es aquí donde se abre otro melón que también abre a la incertidumbre el futuro del periodismo digital, el de cómo los motores de IA infringen la propiedad intelectual al extraer, de forma muy dudosa, la información que brindan a los usuarios.
Chatbots que violan el copyright
Para reunir todos los contenidos noticiosos y ofrecerlos de forma tan rápida, empresas como Microsoft, Anthropic y compañía hacen lo que se conoce como raspado web o scraping, una técnica que utilizan estos bots para extraer datos de sitios web de manera automática y entrenar con ellos sus modelos de IA.
OpenAI, Perplexity, Meta y otras tantas empresas de IA rastrearon un promedio de 2 millones de veces sitios web de todo tipo (locales, nacionales, internacionales, etc.) durante el cuarto trimestre de 2024 y cada página fue rastreada alrededor de siete veces, según el informe de TollBit; demasiada información en manos desconocidas si se tiene en cuenta cómo se utiliza después.
Según Forbes, muchos de los desarrolladores de IA no identifican claramente que están utilizando bots para rastrear y extraer datos de las páginas webs, de manera que los propietarios de estos sitios no pueden conocer con certeza cómo llegan todos los contenidos que publican a sus chatbots y si realmente son propietarios de ellos.
Esto pone en evidencia cómo las tecnológicas hacen y deshacen a su antojo sin proteger los derechos de autor, algo que ya han demandado figuras del arte y el entretenimiento como el estudio Ghibli recientemente, pero que no ha tenido tanta trascendencia en lo concerniente a los medios online que, incluso, han visto cómo sus contenidos de pago se ofrecen de manera gratuita gracias a la IA.
De hecho, medios como CNBC y Bloomberg denunciaron el año pasado que Perplexity había copiado y republicado artículos de pago, en diferentes casos con textos prácticamente idénticos y sin atribuir su autoría a dichas cabeceras.
No obstante, no han sido las únicas que han interpuesto quejas ante la empresa que desarrolla esta inteligencia artificial, ya que New York Post y Dow Jones la demandaron por infringir presuntamente su copyright y por atribuirles hechos no coincidentes con la realidad. En ambos casos, Perplexity se lavó las manos.
En esta situación de incertidumbre entra en juego el factor de la indefensión, ya que los medios de comunicación online optan por dejar que Google y OpenAI sigan campando a sus anchas y recopilando su información de manera incorrecta, en lugar de frenar su actividad.
Al hacerlo, podría afectar a su posicionamiento SEO y reducir su visibilidad en los resultados de búsqueda del motor de Google, lo que nuevamente lleva al problema del tráfico web por el auge de los chatbots de IA y demuestra que esta rueda de desgaste es muy difícil de contener.
Resiliencia para mantenerse a flote
Algunas compañías han tenido la iniciativa de buscar nuevos modelos económicos para mantenerse en la era de la IA, como licenciar sus artículos. De este modo, las desarrolladoras de estos chatbots pueden utilizarlos de manera correcta y legal. Es el caso de Associated Press, Axel Springer y Financial Times, que han firmado acuerdos de contenido con OpenAI.
Entonces, ¿cuál es el futuro del periodismo digital? En base a estas informaciones, no es disparatado afirmar que es una profesión que está contra las cuerdas. Si las grandes tecnológicas siguen potenciando sus herramientas de IA para la búsqueda, el tráfico web irá aminorando y los medios de comunicación dejarán de alimentarse de clics y publicidad, y por tanto de ingresos económicos.
Y si, a todo ello, sumamos que ChatGPT, Gemini y compañía despojan esta información de sus autores, no tendrá sentido que haya alguien detrás de una pantalla escribiendo un artículo que una inteligencia artificial ya replica e incluso puede empezar a crear de forma autónoma.
