Ingeniero de Silicon Valley confiesa el robo masivo de secretos militares de EEUU para China: "El valor asciende a cientos de millones de dólares"

Chenguang Gong robó más de 3.000 archivos que contenían secretos tecnológicos militares, incluyendo información sobre sensores infrarrojos para aviones y cámaras resistentes a la radiación.
Un ingeniero con acceso a tecnología militar ha admitido haber robado miles de archivos clasificados para beneficio de China. Esta confesión ha encendido todas las alarmas en las agencias de seguridad, no solo por la gravedad de los documentos robados, sino porque confirma que el espionaje puede pasar desapercibido en la industria tecnológica.
Chenguang Gong, ciudadano con doble nacionalidad china y estadounidense, descargó más de 3.600 documentos sensibles pertenecientes a empresas del sector de defensa. Lo hizo desde su portátil de trabajo y los almacenó en dispositivos personales justo antes de cambiar de compañía.
Cabe señalar que no era un empleado cualquiera, había trabajado con sensores diseñados para confundir misiles, cámaras espaciales resistentes a la radiación y sistemas de alerta temprana para detectar lanzamientos de cohetes. Información valorada en cientos de millones de dólares, cuya filtración podría comprometer la seguridad nacional de Estados Unidos.
Uno de los golpes más relevantes contra la seguridad de Estados Unidos
Gong llegó a Estados Unidos en los años noventa, donde estudió ingeniería eléctrica, obtuvo la ciudadanía en 2011 y desde entonces trabajó en empresas vinculadas a proyectos militares. Diseñó circuitos, lideró equipos de sensores y tuvo acceso a sistemas de vigilancia y hardware espacial.
Sin embargo, mientras desarrollaba tecnología en Silicon Valley, también presentaba proyectos a programas de captación de talento del Gobierno chino.
Esos programas no eran simples becas, sino incentivos económicos para que profesionales con acceso a tecnología estratégica compartan conocimientos con instituciones chinas. Gong participó en varias convocatorias, incluyendo en ellas parte del trabajo desarrollado en sus empleos estadounidenses.
Llegó incluso a incluir esquemas confidenciales en sus presentaciones, algo que demuestra que su colaboración con esos programas no era casual ni superficial.
En marzo de 2023, justo después de aceptar un nuevo trabajo en una empresa rival, comenzó a copiar archivos desde su portátil de empresa a una memoria USB y dos discos duros externos.
Más de 1.800 documentos fueron transferidos después de haber firmado el nuevo contrato. Paralelamente, notificó a su empleador que se ausentaría para atender asuntos familiares en China, pero nunca salió del país. Durante esos días estuvo en su casa preparando el robo de datos.
Los documentos robados incluían esquemas técnicos para sensores infrarrojos empleados en defensa antimisiles, cámaras diseñadas para resistir la radiación del espacio y sistemas de seguimiento para objetos hipersónicos.
Tecnología altamente sensible, fruto de años de desarrollo y millones de inversión, que no solo tiene valor comercial, sino consecuencias directas sobre la capacidad de defensa de Estados Unidos.
Si estos archivos llegan a manos de una potencia extranjera, pueden replicarse o utilizarse para desarrollar contramedidas. Los sistemas se vuelven predecibles y las capacidades defensivas se debilitan, por lo que no es solo una cuestión de derechos de autor, sino de seguridad nacional.
Es importante mencionar que Chenguang Gong no fue descubierto por un fallo técnico, sino por una auditoría rutinaria. Y es que al revisar el historial de actividad de Gong tras su salida, su antigua empresa detectó transferencias masivas de archivos a dispositivos externos.
Lo comunicaron al FBI, que puso en marcha una operación de vigilancia, donde obtuvo órdenes de registro. En su domicilio encontraron los discos con los archivos sustraídos y otras pruebas que confirmaban el robo de información.
Además, el análisis de su actividad digital reveló que ya había comenzado a recopilar material confidencial desde su llegada al país, lo que indicaba indicios de un patrón continuado que había pasado desapercibido durante años.
Condenado a 10 años de prisión
Chenguang Gong fue arrestado en febrero y se declaró culpable en julio de 2025. El delito conlleva una pena máxima de 10 años de prisión, pero las implicaciones del caso van mucho más allá de una condena personal.
Este episodio demuestra cómo el espionaje empresarial se cuela en las estructuras privadas de empresas contratistas, utilizando incentivos económicos para extraer información sin necesidad de hackeos ni infiltraciones complejas.
No hay que subestimar estos canales, puesto que son discretos, eficaces y están diseñados para aprovechar el talento de quienes ya tienen acceso legítimo. Con una presentación, una propuesta o una simple transferencia de archivos, se puede comprometer tecnología crítica.
Este caso pone sobre la mesa la necesidad de revisar los mecanismos de protección de datos sensibles en el sector tecnológico y militar. Las contraseñas o los protocolos internos ya no son suficientes, es fundamental que las empresas integren auditorías constantes.

