Se olvidó de que había comprado en 1992 acciones de Microsoft: 30 años después descubre su valor actual

Anthony Scaramucci con acciones de Microsoft
Anthony Scaramucci con acciones de MicrosoftMontaje

Anthony Scaramucci, exdirector de comunicaciones de Donald Trump durante diez días, descubrió unas acciones de Microsoft que compró en 1992 y que hoy valen una fortuna.

Imagínate abrir una cuenta en el banco y descubrir que aquella compra casi accidental de acciones que hiciste en los noventa se ha multiplicado hasta cifras que ya quisieran muchos fondos de inversión. 

Eso es lo que le ocurrió a Anthony Scaramucci, según Benzinga, que se topó con una inversión olvidada desde hace casi tres décadas y cuyo valor actual ronda los 300.000 dólares. No fue una operación brillante, sino que fue un despiste que terminó jugando a su favor. 

Antes de que su nombre sonara por su fugaz paso por la Casa Blanca, Scaramucci era —y sigue siendo— un hombre de mercados. Entró en Goldman Sachs a finales de los ochenta, cuando la tecnología empezaba a perfilar el futuro de Wall Street. 

Su trayectoria financiera ha sido más amplia que su etapa política, que queda como una nota al margen. Lo relevante aquí no es su pasado mediático, sino cómo un inversor veterano terminó aprendiendo una lección inesperada sobre el largo plazo.

Una compra pequeña de acciones que hoy vale miles de dólares

En 1992, Scaramucci quería abrir una pequeña cuenta para su hijo recién nacido y decidió gastar 1.200 dólares en acciones de Microsoft. No era una apuesta arriesgada, pero tampoco la gran compra de su vida, sino que un gesto típico de la época: elegir una empresa sólida, meter unos ahorros y dejar que crecieran. 

El problema es que aquello ocurrió antes del acceso masivo a internet, donde la información llegaba en extractos bancarios en papel. Si te mudabas, el correo no siempre te seguía. Y así, entre cambios de dirección y una vida profesional movida, la cuenta quedó olvidada. 

Años más tarde, al localizar la documentación perdida, apareció el golpe de suerte. La inversión se había multiplicado por la combinación perfecta de divisiones sucesivas de acciones, la expansión de Microsoft y un crecimiento acumulado durante treinta años que recompensó a quien no tocó nada. 

Scaramucci admite que, si hubiera recordado la cuenta, la habría vendido durante la etapa en la que Microsoft se estancó bajo la dirección de Steve Ballmer. Fueron años de dudas, sin avances espectaculares y con la sensación de que la compañía perdía impulso. 

Como no tuvo presente la inversión, nunca llegó a pulsar el botón de venta, ese error involuntario evitó que saliera en el peor momento. La paciencia fue una coincidencia que terminó siendo más rentable que cualquier estrategia activa.

Microsoft: tres décadas de cambios que justifican la subida

La evolución de Microsoft explica por qué ese capital creció tanto. La compañía encadenó varias divisiones de acciones en los noventa y principios de los dos mil, amplió su presencia en todos los mercados tecnológicos y se asentó como valor refugio dentro del sector. 

Las acciones no siempre subieron, pero siguieron un recorrido que, visto a largo plazo, ha sido de una consistencia poco habitual. Los analistas actuales mantienen proyecciones optimistas porque la empresa sostiene un crecimiento sólido, impulsado por la nube y la inteligencia artificial. 

Todo ese recorrido histórico es el que beneficia a cualquiera que haya comprado acciones durante décadas. Si buscas entender cómo funciona de verdad el largo plazo, esta historia lo resume sin adornos, donde a veces lo más rentable es intervenir tus ahorros.

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