Tu PC puede aguantar 10 años más: así puedes convertirlo en una máquina nueva

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Aunque es complicado que un PC aguante más de 10 años, es posible si sigues estos pasos, a pesar de que quizás tengas que comprar algún componente nuevo.

Se suele decir que la vida media de un portátil oscila entre los 3 y los 5 años al máximo nivel, incluso hasta 7 años en caso de que hayas realizado un buen mantenimiento y lo hayas cuidado.

Pero cualquier ordenador es capaz de aguantar muchos más años, incluso una década entera, como me ha ocurrido a mí: tengo un portátil con casi 15 años a su espalda y, aunque no es la panacea de la informática, lo sigo manteniendo y funciona bastante rápido.

Hay varios aspectos, no obstante, que has de tener en cuenta, como la temperatura ambiente a la que estás utilizando tu dispositivos, las condiciones de humedad, el polvo acumulado y si has limpiado o desmontado alguna vez tu ordenador.

Esto último es esencial, ya que es obligatorio en muchos casos que tengas que cambiar alguna que otra pieza, por tener una RAM escasa o por cambiar la unidad de memoria, además de otros componentes que puedan haberse estropeado.

Es normal que algunos componentes soporten peor el calor y, si has utilizado el ordenador de forma intensiva, seguramente algunos se encuentren oxidados por el paso del tiempo y el desgaste de los mismos.

Estos son los consejos que a mí me han servido para mantener aún un portátil que puede aguantar otros 10 años más, de forma que funcione en la práctica casi como el primer día.

Un recambio necesario a los componentes

El polvo y el calor son los principales enemigos de cualquier dispositivo electrónico, por lo que para mantener en buenas condiciones un ordenador la primera regla es simple: realiza una limpieza superficial –y en el interior, en caso de que los ventiladores estén llenos de suciedad– de forma periódica, así notarás que el calor es menor.

Para cualquier tipo de mantenimiento, lo obligatorio siempre es tener un kit de limpieza, aunque sea el más básico, para tener una pistola de aire comprimido, paños de microfibra y alcohol isopropílico con una pureza mínima del 90%. Esto es lo esencial para cualquier limpieza.

En los ordenadores de los últimos años, además, los fabricantes han facilitado muchísimo que el usuario pueda cambiar las piezas, por lo que necesitarás ver cómo se encuentra la memoria RAM y el disco duro –esto último en caso de que tu PC tenga ya bastantes años–.

Si notas que alguna pieza está oxidada o en el día a día los recursos que utilizas se funden prácticamente con el lanzamiento de una sola aplicación, lo mejor es aumentar la RAM a al menos 8 gigabytes, sin necesidad tampoco de dar el salto a DDR5, ya que este mercado ha sufrido una subida masiva de precios.

En el caso del disco, lo mejor es que des el salto a SSD si no lo has hecho, aunque siempre deberás revisar muy bien la compatibilidad de los componentes con el conjunto, para prevenir errores que pueden salir caros.

Para prevenir también posibles aumentos repentinos de tensión en la batería o apagones que puedan afectar a tu PC, lo más recomendable es hacerse con UPS, un sistema de alimentación ininterrumpida que te protegerá ante cortes eléctricos, algo que puede afectar a los componentes de un ordenador viejo, ya que los más recientes llegan con una gestión inteligente de la batería.

Ahora bien, no en todos los casos es obligatorio cambiar las piezas; si están bien y las has mantenido correctamente, lo mejor es dirigirse al software, que será seguramente el causante de que un PC viejo se congele o funcione con lentitud.

El salto obligatorio a una distro de Linux que no machaque tu PC

Si tienes un ordenador que ya tenga Windows 10 o que incluso tenga Windows 11 y no funcione correctamente, lo mejor es pasarse a Linux, donde encontrarás muchísimas distros aptas para tu PC.

Hay algunas que están especialmente indicadas para ordenadores antiguos, sin que tenga que sufrir tu RAM o tu disco; gracias a Linux, podrás disfrutar de tu PC como si lo estuvieras estrenando.

Si quieres probar con alguna de estas, lo mejor es que utilices una máquina virtual para no cambiar directamente el sistema o que configures un arranque dual, para no perder Windows, en caso de que llegues desde aquí.

Entre las más ligeras del ecosistema de Linux, aparecen distros como Puppy Linux, antiX Linux o Tiny Core Linux. Estas son las ultraligeras, aunque lo más recomendable es optar por ir un punto más, si tu PC lo permite.

Una de las mejores opciones es Lubuntu bastante amable con el usuario, aunque también puedes elegir Linux Lite o Bodhi Linux.

De cualquier forma, el simple hecho de instalar Linux o tener un arranque dual no es suficiente para que el PC no se congele o se reinicie solo, ya que todo dependerá de qué servicios estés utilizando.

Por ejemplo, tendrás que prestar especial atención al navegador que hayas elegido, ya que es una de las aplicaciones que mayor cantidad de recursos suele consumir; hay también muchas opciones ligeras que, por cierto, también son más cuidadosas con la privacidad.

Por otro lado, si crees que tu PC ya no te va a servir mucho para un uso personal, hay opciones muy interesantes que puedes probar, como hacer de él el centro de un almacenamiento casero, mediante sistemas como TrueNAS, para tener todos tus archivos de forma local.

O convertir tu máquina en una consola de emulación retro, ya que también existen sistemas operativos abiertos del entorno de Linux que permiten emular títulos increíbles desde la Atari hasta la PlayStation 2 o la GameCube.

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