El gran enemigo del rendimiento en videojuegos no siempre es la GPU: el cuello de botella podría estar en tu RAM

Si te gustan los videojuegos, probablemente en alguna ocasión has culpado a tu tarjeta gráfica de los tirones o las caídas de fps. Sin embargo, la culpa podría tenerla otro componente.
Si tienes un ordenador totalmente personalizado, seguramente has tenido mucho cuidado en elegir el hardware más adecuado para tus sesiones gaming. El problema viene cuando, de repente, notas que el juego no va tan fluido como debería.
Muy probablemente la culpa recaiga en la tarjeta gráfica o pienses que el procesador no ha sido una buena elección. Es la reacción más lógica, ya que el mercado lleva años vendiendo la idea de que el rendimiento de un videojuego depende casi en exclusiva de tener una gráfica top y muy cara dentro de la torre.
Sin embargo, lo cierto es que muchas veces estás apuntando al objetivo equivocado. Existe un componente al que pocos le suelen prestar atención más allá de mirar cuántos gigabytes tiene, pero que puede llegar a destrozar por completo tu experiencia de juego: la memoria RAM.
Da igual que te hayas gastado un sueldo entero en la mejor tarjeta gráfica del mercado (y más ahora con los precios disparados); si tu memoria RAM no es capaz de enviarle los datos al procesador a la velocidad que este los necesita, habrás creado un cuello de botella perfecto y tu juego funcionará de la peor forma posible.
El gran engaño de los gigabytes en la RAM: aquí la cantidad no lo es todo
En los videojuegos actuales, cuando, por ejemplo, vas corriendo por el mapa de un juego de mundo abierto, el procesador necesita cargar constantemente las texturas de los árboles, los datos de los enemigos que hay y las físicas de los objetos.
Todos esos archivos se almacenan de forma temporal en la memoria RAM. Si esa memoria funciona a una velocidad lenta o tiene unos tiempos de respuesta (latencias) demasiado altos, el procesador se detendrá durante unas milésimas de segundo esperando la información. En tu pantalla, esas milésimas de segundo son igual a ver un pequeño parón en la imagen.
El gran problema con la RAM es que, cuando la gente va a comprar un ordenador para jugar, casi todo el mundo se fija únicamente en una cifra: 16 GB de RAM o 32 GB de RAM. Uno piensa que, si cumple con la cantidad de memoria que te pide el juego en sus requisitos mínimos, esto es un salvavidas asegurado.
Pero esto es un error. La cantidad de gigabytes solo determina cuánto espacio tienes disponible para colocar datos; no dice absolutamente nada sobre lo rápido que puedes mover esos datos de un lado a otro.
Aquí es donde entra en juego la velocidad de la memoria RAM, que se mide en megahercios (MHz) o megatransferencias por segundo (MT/s) en los estándares más actuales como DDR5.
Cuanto mayor sea este número, más rápido se moverán los datos hacia el procesador. Además, las memorias tienen unos números llamados latencias, como el famoso CL16 o CL30, que indican cuánto tarda la memoria en reaccionar desde que recibe una orden.
Una memoria con muchos GB, pero una velocidad baja y una latencia alta, se convertirá, aunque no lo creas, en la peor pesadilla para tu procesador, impidiendo que tu tarjeta gráfica trabaje como debe.
Pero esto no es todo, y otro factor vital que la mayoría de los usuarios pasa por alto es el conocido como Dual Channel o doble canal. Para que el procesador se comunique perfectamente con la memoria, lo ideal es repartir la cantidad total de RAM en dos módulos separados (por ejemplo, dos módulos de 8 GB en lugar de uno solo de 16 GB).
Al instalar dos módulos en las ranuras correctas de la placa base, es como si tuvieses una autopista de doble carril para los datos, duplicando el ancho de banda del sistema. Jugar con un solo módulo de memoria es, literalmente, recortar a la mitad el potencial rendimiento de tu ordenador.
El gran truco final: activar el perfil XMP o EXPO en tu ordenador
Aparte de todo esto, puede que, como jugador, tengas una memoria RAM top en tu PC. Sin embargo, puede que la estés usando a una velocidad más baja de lo que deberías sin saberlo.
Para que te hagas una idea, cuando compras una RAM de alta velocidad y la instalas en tu PC, Windows la configurará por defecto a una velocidad muy básica por motivos de compatibilidad y seguridad de fábrica.
Para corregir esto, es obligatorio entrar en la BIOS del ordenador y activar una opción llamada XMP (en procesadores Intel) o EXPO (en procesadores AMD). Esta función aplica de forma automática un perfil de overclocking seguro creado por el fabricante, dejando la memoria a las velocidades a las que realmente debería ir. Este simple gesto puede darte una mejora de rendimiento de entre un 10% y un 15% en muchos juegos.

Carolina González
Redactora
Carolina González, redactora de actualidad, reportajes a fondo, análisis de todo tipo de productos y vídeos para el canal de Youtube.

