Malos hábitos que te pueden llevar a tener que comprar un mando nuevo para tu consola

Mandos consola
Mandos consolaUnsplash

El mando de tu consola puede aguantar muchos años al máximo nivel, pero hay varios hábitos comunes que pueden hacer que tengas que comprar uno nuevo antes de tiempo.

Muchos usuarios compran una consola con un mando que ya venga en el mismo pack, y aunque suelen cuidar habitualmente su PS5 o Xbox, prácticamente se olvidan del mando, quizá el aspecto más importante.

Al igual que ocurre con la máquina, vas a tener que realizar una limpieza constante si no quieres que el polvo y la suciedad se acaban acumulando en el interior y terminen por provocar que el mando no funcione.

Como en cualquier dispositivo que tiene componentes tan importantes en su interior, el calor es el mayor enemigo de este, y la acumulación de polvo hará que la experiencia acabe llevándote a tener que comprar uno nuevo.

Un buen mantenimiento es básico para que los botones no se acaben congelando o para que los joysticks no terminen con drift y acabes desesperándote en tus partidas por movimiento involuntarios constantes.

Pero más allá de que cuides el mando, hay ciertos hábitos que prácticamente todos los usuarios compartimos y que harán que tengas que plantearte la compra de un nuevo mando sin que hayas aprovechado el que tienes al máximo.

Estos son algunos de los que deberías evitar sí o sí para que el mando aguante muchos más años al mejor nivel y no tengas que pasar por el servicio técnico o por caja.

'Rage quit', el hábito de los malos perdedores

Es bastante común toparse con vídeos en redes sociales de jugadores que, al perder contra un jefe final, un partido de FIFA o en Call of Duty, lanzan abruptamente el mando contra una superficie. 

Si te ocurre a ti, ten cuidado, ya que incluso un golpe del mando contra una superficie acolchada como el sofá no va a amortiguar el impacto, sino que puede terminar desalineando los motores de vibración háptica.

Además, las carcasas de plástico pueden absorber el impacto, aunque las pestañas que sujetan las placas de circuito pueden romperse, con lo que acabarás teniendo botones sueltos o directamente bloqueados.

Lo mejor en estos casos es dejar el mando en la mesa, respirar profundamente y parar un tiempo; y, por supuesto, no enfadarse por un videojuego, ya que pasarás tu rato de ocio más tranquilo.

Comida y bebida, el enemigo número uno

Es también bastante habitual ver a jugadores comiendo de una bolsa de patatas y tocando el mando al mismo tiempo; además de que es una guarrería llevarse algo a la boca mientras se juega con un mando que puede acumular suciedad.

En el caso de las comidas grasientas o con azúcar, tocar los botones o los joysticks puede hacer que se cuele este tipo de suciedad. A cambio, tendrás botones que no se despegan bien y el interior lleno de residuos que tendrías que eliminar ya con una limpieza profunda.

Como consejos, tampoco juegues con una bebida cerca, ya que hay mucha probabilidad de que la tires durante la partida y, si se cuela dentro del mando, podrías corroer las soldaduras de la placa.

Machacar los botones y cargarse los joysticks

Hay quienes juegan también con mucha agresividad y creen que si pulsan los botones con mayor fuerza estos responderán mejor. A no ser que uses gatillos adaptativos para las armas o al conducir coches, presionar más fuerte los botones podría romperlos.

Esto se debe a que cuentan con almohadillas de goma, una especie de silicona que hace rebotar el botón, pero si los presionas fuertemente de forma habitual el botón acabará quedando hundido al romperse la almohadilla.

En este mismo sentido, muchos juegos usan los botones L3 o R3 para correr o mantener el acceso a rueda de armas, etc. Aquí tampoco hace falta que presiones al máximo, ya que de lo contrario acabará apareciendo el drift en los joysticks y la cámara y el personaje se moverán solos.

Dejar el mando en cualquier lugar

Aunque vivas solo y no haya nadie más en casa, lo mejor es que nunca dejes el mando tirado en cualquier lado, como el sofá, ya que si te sientas, el mando no va a soportar el peso de tu cuerpo y, casi con total probabilidad, romperás los joysticks.

Tampoco sirve dejarlo cogiendo polvo, así que lo mejor es hacerse con una plataforma para poder guardarlo adecuadamente, sobre todo si en casa hay niños pequeños o mascotas como gatos y perros.

En ambos casos, si son muy pequeños o cachorros, es probable que les llame la atención, y más de un caso ha habido de usuarios que se encuentran los joysticks mordisqueados o el mando destrozado en el suelo.

Lo mejor es usar un soporte para dejarlo en un sitio seguro o directamente guardarlo en un cajón cuando no lo estés usando.

Cargarlo sin pensar en el cargador

Tu mando no se va a estropear por conectarlo con un cable de móvil que tengas por casa, siempre que tengas los puertos correspondientes, pero sí puede hacerlo si no piensas en un cable de calidad.

Como recomendación general de los fabricantes, lo mejor es que el cargador cuente con una salida nominal de 5 V, con un rango de entre 1 A y 1.5 A. Prácticamente todos los adaptadores de móviles modernos cumplen con esto.

Sobre conectarlo a un cargador de pared, ocurre lo mismo. Solo tendrás que revisar que no sea un cable genérico, que tenga estas cifras y que cumpla con los estándares. Afortunadamente, los mandos ya cuentan con su propia administración de energía.

Enrollar los cables

Este hábito ha sido siempre unos de los más comunes, sobre todo en mando como los de la PlayStation 1, que tenían que usarse siempre mediante cable; ahora bien, enrollarlos y guardarlos puede no ser lo mejor.

Esta práctica habitual provoca que los cables acaben soportando mayor presión en la parte que está pegada al mando, lo que puede llevar a roturas y a que tengas que comprar un nuevo cable.

Actualmente, ya son mejores que los de antes, pero si sigues guardándolos así a largo plazo podrías enfrentarte al mismo problema que con los antiguos.

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