BMW inventa el quinto tipo de motor: gasolina, diésel, híbrido, eléctrico y ahora FCEV

La marca alemana creó el iX5 Hydrogen, capaz de generar electricidad a partir de hidrógeno comprimido. Una nueva alternativa junto a motores de combustión, híbridos y eléctricos.
Durante décadas, elegir un coche significaba decidir entre gasolina o diésel. Después llegaron los híbridos y, más recientemente, los eléctricos de batería. Sin embargo, BMW cree que el futuro del automóvil no estará dominado por una única solución.
La marca alemana trabaja en una nueva alternativa basada en hidrógeno que podría sumarse a las opciones ya existentes, una propuesta que gira en torno a los coches FCEV, una tecnología que BMW considera capaz de convivir con los motores tradicionales y con la electrificación actual.
Cabe mencionar que el objetivo de la compañía no es sustituir inmediatamente a las demás motorizaciones, sino ampliar el abanico de posibilidades para responder a diferentes necesidades de uso.
¿Qué es un FCEV y por qué BMW lo considera una quinta alternativa?

FCEV son las siglas de Fuel Cell Electric Vehicle, o vehículo eléctrico de pila de combustible. A pesar de que suele hablarse de ellos como coches de hidrógeno, técnicamente son coches eléctricos. La diferencia es que no dependen exclusivamente de una gran batería recargable para obtener energía.
BMW considera que esta tecnología puede convertirse en la quinta gran opción mecánica del mercado, junto a los motores de gasolina, diésel, híbridos enchufables y eléctricos de batería. Bajo esta visión, el futuro de la movilidad estará marcado por la coexistencia de distintas soluciones, cada una adaptada a diferentes circunstancias.
Cabe señalar que el sistema desarrollado almacena hidrógeno en depósitos específicos de alta presión. Posteriormente, ese hidrógeno llega a una pila de combustible, donde reacciona con el oxígeno presente en el aire.
La reacción química genera electricidad, que alimenta un motor eléctrico encargado de mover el vehículo. A diferencia de los motores de combustión, este proceso no implica quemar combustible, por lo que el único subproducto directo es el vapor de agua.
Además de la pila de combustible, el sistema incorpora una batería auxiliar de menor tamaño que las utilizadas por los coches eléctricos, la cual almacena energía durante las frenadas y proporciona un apoyo adicional cuando se requiere un aumento puntual de potencia.
El BMW iX5 Hydrogen y el reto del almacenamiento

El principal escaparate de esta estrategia es el BMW iX5 Hydrogen, desarrollado en colaboración con Toyota. Uno de los mayores desafíos de los coches de hidrógeno ha sido encontrar espacio suficiente para integrar sus depósitos sin perjudicar la capacidad de carga.
Según la compañía alemana, ese obstáculo se ha reducido gracias a una nueva solución de integración denominada Hydrogen Flat Storage, cuyo objetivo es que las futuras versiones FCEV ofrezcan niveles de practicidad similares a los de otras variantes del mismo modelo.
Entre las principales ventajas de esta tecnología destaca la rapidez del repostaje, que puede completarse en pocos minutos, así como la posibilidad de ofrecer autonomías elevadas manteniendo una experiencia de conducción propia de un vehículo eléctrico.
Sin embargo, el hidrógeno sigue enfrentándose a un problema importante: la infraestructura. Las estaciones de repostaje especializadas continúan siendo escasas en muchos países, lo que limita su expansión comercial.
Por ello, la apuesta de BMW refleja que la transición hacia una movilidad con menos emisiones podría ser más compleja y diversa de lo que se preveía hace unos años.
En lugar de un único vencedor, la industria podría dirigirse hacia un escenario donde varias tecnologías compartan protagonismo. Y en ese futuro, los coches de pila de combustible podrían ocupar un lugar que hasta hace poco parecía reservado exclusivamente a los eléctricos de batería.

