¿Por qué nadie (o casi nadie) usa ya el GPS integrado en su coche?

Los GPS integrados en el coche ya son cosa del pasado
Los GPS integrados en el coche ya son cosa del pasado

La lenta evolución de los GPS integrados ha permitido que Android Auto y CarPlay tomen ventaja, ofreciendo sistemas más rápidos, modernos y completos que los que instalan muchos fabricantes.

Cada vez son más los conductores que, antes de arrancar el coche, no buscan el navegador del salpicadero, sino que conectan el móvil, abren Google Maps o Waze y confían en él para llegar a cualquier destino.

Hace una década, el GPS integrado era símbolo de un vehículo moderno, equipamiento premium reservado a gamas altas. Pero hoy, muchos lo ignoran, incluso aunque esté instalado de fábrica.

Es importante mencionar que esta situación revela un cambio profundo en la relación entre tecnología y automóvil. Durante años, el mapa integrado fue el referente debido a que prometía comodidad, rutas fiables y algo muy valorado en su momento, que era no depender del teléfono.

Era un accesorio que sumaba estatus, un plus tecnológico frente a coches más básicos. Es por esta razón que su importancia se reflejaba en los catálogos, en los precios y en la publicidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, el GPS perdió fuerza.

Y es que las actualizaciones eran lentas o de pago, y la rapidez del software nunca alcanzó a superar a las apps de mapas del móvil. Pero, ¿por qué el GPS integrado ha quedado relegado a un segundo plano?

Android Auto y Apple CarPlay han tomado el mando

La respuesta empieza en el bolsillo, puesto que un smartphone es rápido, intuitivo y siempre está al día. Lo conectas con un cable y Android Auto o Apple CarPlay, proyectan en la pantalla del coche la misma interfaz que ya conoces.

Se despliegan tus rutas favoritas guardadas, el historial de búsquedas, el tráfico en tiempo real, así como los comandos por voz que no requieren menús complejos. No necesitas pagar por mapas, todo se actualiza solo, sin esfuerzo.

El móvil resolvió el mismo problema de forma más cómoda, con una interfaz que responde mejor al tacto, el mapa gira sin tartamudeos, el cálculo de ruta es más rápido y el asistente de voz entiende instrucciones naturales sin obligarte a navegar por iconos o submenús.

Cabe destacar que el móvil ofrecía lo mismo que el GPS en el coche, pero gratis, más actualizado y con una curva de uso conocida. Cuando los fabricantes reaccionaron con pantallas mejores, procesadores más rápidos y actualizaciones OTA, la migración ya estaba hecha.

Este desplazamiento no ocurrió porque el GPS integrado dejara de funcionar, sino porque la alternativa se volvió mejor en casi todo: velocidad, ergonomía, información, conectividad y coste.

Lo que aún aporta el GPS del coche (y por qué sigue en el mercado)

El GPS del coche no ha desaparecido, todavía sostiene un valor que el móvil todavía no cubre al cien por cien. El navegador integrado funciona sin cobertura, se integra con sistemas internos del coche y mantiene funciones asociadas a seguridad, climatización o instrumentos del vehículo sin depender del teléfono.

Para viajes largos en zonas sin red o para conductores que quieren un sistema independiente del móvil, sigue siendo útil. El abandono del GPS integrado no responde a una moda, sino a una transición tecnológica.

El móvil resolvió la navegación de forma más rápida, flexible y actualizada. El coche, por sofisticado que sea, no pudo seguir el ritmo del software de las grandes tecnológicas como Apple y Google.

En este caso, este sistema no desaparece, pero pierde protagonismo frente a un sistema más adaptable. Si el coche es cada vez más software, la batalla ya no está en los motores, sino en las interfaces. Y ahí, por ahora, la ventaja sigue siendo de las apps de navegación como Android Auto con Google Maps o CarPlay de Apple.

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