El ejército de EEUU incorpora a sus filas el primer robot de microondas capaz de freír enjambres de drones en segundos

Leonidas AR une el arma de microondas Leonidas HPM de Epirus con el vehículo TRX de GDLS, un robot terrestre híbrido-eléctrico de 10 toneladas con autonomía e inteligencia artificial.
Epirus ya demostró que su arma de microondas podía inutilizar varios drones al mismo tiempo. Ahora, junto a General Dynamics Land Systems, ha dado el siguiente paso: montar su tecnología en un robot autónomo capaz de operar sin tripulación y eliminar amenazas aéreas en cuestión de segundos.
Lo han llamado Leonidas AR, y no es ciencia ficción, puesto que es la primera plataforma terrestre con arma de microondas del mundo en manos del ejército estadounidense.
En un momento donde los drones kamikazes se han convertido en una de las armas más eficaces del conflicto moderno y donde Rusia los utiliza para saturar defensas, atacar infraestructuras y agotar recursos enemigos, esta arma es esencial.
Ante esta situación, los países de la OTAN buscan soluciones que neutralicen enjambres enteros de forma rápida y barata. Estados Unidos ya tiene la suya, que es un sistema que sustituye los misiles por energía dirigida.
Leonidas AR combina dos elementos probados, que es el cañón de microondas Leonidas HPM de Epirus y el vehículo TRX de General Dynamics, una plataforma de 10 toneladas con propulsión híbrida y autonomía asistida por inteligencia artificial.
El resultado es un robot todoterreno que no dispara, sino que "fríe" los sistemas electrónicos de los drones enemigos con una ráfaga invisible. ¿Cómo funciona exactamente un arma así y qué cambia para el futuro de las guerras?
Cómo funciona Leonidas AR y por qué es el arma más temida de los drones
La base de Leonidas AR es el sistema HPM (High Power Microwave), un arma de energía dirigida que emite pulsos electromagnéticos capaces de inutilizar cualquier circuito en segundos.
A diferencia de los misiles, no destruye el objetivo físicamente; lo desactiva desde dentro, saturando sus sistemas eléctricos como si hubieras lanzado una descarga que los deja ciegos.
El dispositivo puede atacar múltiples drones a la vez, lo que Epirus denomina "capacidad de uno a muchos". En un campo de batalla saturado, eso significa que un solo disparo puede neutralizar un enjambre entero sin que quede un solo dron operativo.
Cabe señalar que el arma también permite ajustar la potencia, definir zonas seguras o modificar frecuencias para evitar interferencias, algo impensable en un sistema cinético.
La gran ventaja es que no genera escombros, ni fuego, ni fragmentación, solo corta la comunicación y anula la electrónica enemiga. El inconveniente es su dependencia de línea directa de visión y la sensibilidad a las condiciones atmosféricas, pero en términos tácticos, es una herramienta inmediata y precisa.
Un dron terrestre que caza drones
La estructura sobre la que se monta el arma es el TRX, un vehículo autónomo desarrollado por General Dynamics Land Systems. Pesa unas diez toneladas, funciona con propulsión híbrido-eléctrica y puede recorrer hasta 480 kilómetros sin repostar.
Incorpora sensores, radar de 360 grados y un sistema de inteligencia artificial que le permite desplazarse y posicionarse sin intervención humana.
En la práctica, el TRX es un robot de combate diseñado para moverse en zonas de riesgo sin exponer soldados. Puede patrullar por su cuenta, acompañar convoyes o actuar como parte de un escudo móvil contra drones.
Es importante mencionar que su modularidad permite acoplar distintos equipos, lo que facilita que la versión de microondas no sea la única: se prevé una variante con ruedas para ampliar su movilidad.

El salto frente al modelo anterior —el Leonidas Stryker, instalado sobre un vehículo blindado convencional en 2022— es precisamente esa autonomía. Ahora el sistema no depende de un conductor ni de una tripulación, lo que multiplica su flexibilidad operativa y reduce el peligro humano.
Leonidas AR resuelve uno de los grandes dilemas actuales, y es que derribar un dron suele costar mucho más que fabricarlo. Los interceptores, misiles o sistemas antiaéreos tradicionales son eficaces, pero caros.
Un arma de microondas reduce drásticamente ese gasto, puesto que un solo disparo puede neutralizar varios objetivos por una fracción del coste. Además, su funcionamiento "definido por software" permite actualizarlo o reconfigurarlo sin reemplazar hardware.
Los operadores pueden ajustar la potencia, modificar parámetros o añadir nuevas funciones mediante actualizaciones remotas. Todo ello con cero munición y un mantenimiento mínimo.
Para el ejército estadounidense, la apuesta es clara, que es una defensa antidrón móvil, autónoma y escalable. Lo que antes requería una batería de misiles, ahora cabe en un vehículo de 10 toneladas controlado a distancia.
Riesgos y límites de la nueva tecnología
Aunque el sistema promete ventajas, también plantea dudas, y es que un pulso electromagnético de alta potencia puede afectar a infraestructuras cercanas, equipos de comunicación o dispositivos no militares.
Esto significa que su uso en entornos urbanos o mixtos podría generar interferencias no deseadas. También existe la posibilidad de ciberataques contra el propio robot. Un fallo en sus sistemas de navegación convertirían la ventaja en un riesgo operativo.
Además, el uso de armas autónomas sigue generando debate en el ámbito ético y legal, especialmente si el sistema puede actuar con mínima supervisión humana. En cualquier caso, la dirección del desarrollo militar está clara: automatización y energía dirigida como base de la defensa.
Leonidas AR no sustituye a los sistemas tradicionales, pero redefine la forma en la que se puede proteger el espacio aéreo a corto alcance. Su desarrollo marca una transición: de los misiles y cañones al uso controlado de energía pura.
El ejército estadounidense lo ve como el inicio de una nueva generación de sistemas no cinéticos, donde los robots asumen las tareas más peligrosas y la precisión reemplaza al poder de fuego.
Cabe destacar que el desafío ahora no es técnico, sino estratégico, y decidir hasta qué punto una máquina autónoma debe tener poder de ataque. La guerra por el control del espectro ya ha comenzado, y esta vez no se libra con balas, sino con microondas.
