Mustafa Suleyman, gran gurú de la IA: "Cada vez hay más informes de personas que sufren 'psicosis de IA'"

El jefe de inteligencia artificial de Microsoft dice que cada vez hay más personas que creen a pies juntillas lo que dice esta tecnología, aunque no sea real.
La inteligencia artificial ya es capaz de todo: sustituye a la gente en sus puestos de trabajo (no es por sonar catastrofista, pero a la vista está lo que ha sucedido en grandes compañías como Amazon o Klarna), puede crear universos completamente innovadores gracias a la generación de imágenes y vídeo y, además, impulsar un nuevo trastorno de salud mental.
Hablamos de la conocida como psicosis de IA, un término que está cogiendo cada vez más fuerza y que describe situaciones en las que los usuarios confían más en los chatbots impulsados por esta tecnología, hasta afectarles su estado mental.
Se trata de una patología de la que ya han dado cuenta algunos usuarios, entre los que se incluye uno que desarrolló lo que en psicología se conoce como "delirios paranoides", al creer que la inteligencia artificial conocía todos sus secretos y quería exponerlos públicamente.
Este no es un caso aislado y que solo preocupe a los expertos en el ámbito de la salud mental, sino que las dudas también han llegado a las altas esferas de la tecnología, como es el caso de Microsoft y su jefe de inteligencia artificial, Mustafa Suleyman, conocido gurú en este ámbito.
"Me ha quitado el sueño"
El directivo de la creadora de Copilot ha reconocido en su perfil personal de X que lo que él llama "IA aparentemente consciente" le ha quitado el sueño. "Hablemos de ello: qué es, por qué me preocupa, por qué es importante y por qué pensar en ello puede llevarnos a una mejor visión de la IA", ha propuesto en un hilo de comentarios.
Con ello, ha dejado claro que esta tecnología, que responde a las siglas IAA, "replica marcadores de consciencia de forma tan convincente que parece indistinguible" de una persona humana que afirme ser consciente. "Ya se puede construir con la tecnología actual y es peligrosa", ha matizado.
Si bien Suleyman ha insistido en que "actualmente no hay ninguna evidencia de consciencia en la IA", es posible que algunos usuarios sí la perciban como consciente y, por lo tanto, creerán que todo lo que le rodea "es real". "Incluso si la consciencia en sí misma no es real, sus impactos sociales sin duda lo son", ha añadido.
En este sentido, ha dado un dato revelador sobre estos casos: "Los informes sobre delirios, psicosis de IA y apego no saludable siguen aumentando". Con ello, ha querido aclarar que esto no solo está repercutiendo especialmente a personas que ya puedan tener problemas de salud mental, sino que se extiende más allá y que no son casos aislados.
Así, el gurú tech ha insistido en que las empresas de esta industria deberían "compartir intervenciones, limitaciones y barreras que impidan la percepción de la consciencia", así como anularla si un usuario la desarrolla, con una visión de la inteligencia artificial que respalde "lo que significa ser humano".
La psicosis de la IA preocupa a los expertos
A pesar de que actualmente este trastorno no está reconocido de manera oficial y a nivel médico, ya son muchos los profesionales los que lo están estudiando, ya que consideran que este problema se asemeja a la adicción a internet, así como a la depresión y a la ansiedad que frecuentemente se asocia a las redes sociales.
Y aunque hay muchas opiniones al respecto, ya que para algunos esto es solo algo pasajero e, incluso, inventado, mientras que otros consideran que el problema radica en que la inteligencia artificial ofrece un trato demasiado similar al humano, lo que puede confundir a la gente que la utiliza y, en el peor de los casos, engañarla.
Porque si bien hace unos años la película de Spike Jonze, Her, podía parecer algo completamente imposible, ya hay quien cree que su media naranja es una máquina que no solo le da la visión del mundo y las respuestas que quiere, sino que también se hace pasar por una persona.
De ahí que los expertos insistan tanto en que las grandes compañías deberían preocuparse un poco más por hacer que sus soluciones no intenten reemplazar la figura de los humanos y que, en ese caso, tampoco simulen tener sentimientos y emociones.
