Jared Cooney Horvath, neurocientífico, sobre el uso de ordenadores en las escuelas: "La hemos fastidiado"

Jared Cooney Horvath, neurocientífico, sobre el uso de ordenadores en las escuelas: "La hemos fastidiado"
Alumnos usando ordenadores en clase.Freepik.

El especialista advierte de que la llevado de la tecnología a las aulas puede tener connotaciones negativas para la salud cognitiva de los más jóvenes.

Hace ya bastante tiempo que los ordenadores llegaron a las escuelas. De hecho, se invirtió mucho dinero en digitalizar aspectos de la enseñanza que, al menos hasta ese momento, habían permanecido con dinámicas tradicionales. Ahora un reputado neurocientífico, Jared Cooney Horvarth, ha expresado sin dilaciones que esto fue un error: "La hemos fastidiado", asegura. 

La opinión de Cooney Horvarth puede parecer subjetiva, y quizá hasta cierto punto lo sea. Una de las complicaciones del sistema educativo de cualquier lugar del mundo es que este resulta difícil de analizar. Más allá de los resultados de los alumnos, no hay mucho sobre lo que medir, sobre todo a corto-medio plazo. ¿Por qué entonces el experto se muestra tan contrariado?

La informatización de las aulas, ¿un problema real?

Hace ya más de una década, muchas escuelas apostaron no solo por ordenadores, sino también por llevar a sus aulas dispositivos electrónicos de todo tipo: tablets, portátiles, pizarras digitales y demás. Hasta cierto punto, parecía lo lógico: una forma de progreso y de facilitar la vida tanto a los alumnos como a los profesores. El neurocientífico Jared Cooney Horvath no está de acuerdo.

El investigador empieza por dejar claro que no tiene nada en contra de la tecnología, así en general, como recogen medios internacionales. Incluso hasta cierto punto comprende la lógica de introducir a los jóvenes estudiantes a un mundo digital que está ahí, y con el que tiene sentido que se vayan familiarizando. Pero no comparte el entusiasmo de la mayoría de gobiernos al respecto.

Según Cooney Horvath, el error no está en introducir tecnología, sino en asumir que los dispositivos digitales generarían mejoras educativas de forma automática. "Nadie se preguntó si esas herramientas eran pedagógicamente efectivas para cada contexto", afirma. Y sobre todo sus preocupaciones tienen que ver con el que es su campo de conocimiento: el cerebro.

En su opinión del neurocientífico, la presencia constante de pantallas interfiere con procesos cognitivos básicos de la gente de menor edad. El cerebro, sostiene, no está diseñado para gestionar estímulos múltiples que compiten por atención, algo que los ordenadores y dispositivos digitales hacen de forma permanente. Las consecuencias, advierte, son inevitables.

¿Cómo afectan las pantallas a los estudiantes?

Las palabras de Jared Cooney Hovath son contundentes. "Cuando pones un ordenador en manos de un niño sin una guía pedagógica clara, estás pidiendo que su atención compita con miles de estímulos", explica Cooney Horvath.

Las notificaciones, los accesos a internet y la naturaleza interactiva de las interfaces digitales tienden a fragmentar la atención de los estudiantes.

¿Y qué considera él que sucede entonces? Pues que se produce una reducción de la concentración profunda, menos retención de información y que, en definitiva, el aprendizaje se torna más superficial.

Además, el neurocientífico argumenta que la multitarea -o la ilusión de multitarea que generan las pantallas- no es una verdadera ventaja cognitiva. Más bien todo lo contrario: el cerebro alterna entre tareas, lo que incrementa el esfuerzo mental y reduce la eficacia del aprendizaje.

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