No te fíes de los purificadores de aire: un estudio dice que ni siquiera lo prueban con personas antes de llegar al mercado

Solo un 8 % de los estudios incluyeron a personas, lo que significa que no existen pruebas sólidas de que estos productos domésticos reduzcan los elementos contaminantes en situaciones reales.
Los purificadores de aire portátiles se venden como una defensa eficaz contra virus, bacterias y contaminantes, por lo que son ideales en hogares, oficinas, hospitales y hasta colegios, sobre todo después de la pandemia de COVID-19.
Sin embargo, una investigación internacional de casi 700 estudios pone en duda esta confianza, puesto que se detectó que más del 90% de las pruebas no se hicieron con personas, sino en habitaciones vacías o con animales de laboratorio.
Dicho de otro modo, la mayoría de los dispositivos llegan al mercado sin pruebas reales de que ayuden a reducir contagios en condiciones cotidianas. El dato más llamativo es que solo un 8% de las investigaciones incluyó ensayos clínicos en humanos.
El resto se centró en medir partículas en el aire o en comprobar si los aparatos reducían la presencia de microbios en entornos controlados. Esa diferencia es clave, eliminar polvo o bacterias en un espacio cerrado no garantiza que disminuya el riesgo de infección en una oficina llena de gente.
Entre las tecnologías revisadas aparecen sistemas de oxidación fotocatalítica o de plasma frío, presentados como soluciones avanzadas contra virus y hongos. Sin embargo, ninguno de los estudios revisados demostró que esas técnicas redujesen contagios en personas.
Algo similar ocurre con los filtros enriquecidos con nanomateriales que, sobre el papel, parecen más eficientes, pero no existen evidencias clínicas que lo confirmen. Peor aún, algunos dispositivos podrían liberar ozono o formaldehído, sustancias consideradas como contaminantes peligrosos.
Un riesgo de salud para millones de personas
El atractivo de los purificadores es evidente, sobre todo porque prometen un aire más limpio y una defensa extra frente a los virus respiratorios, justo en un momento en que la calidad del aire se ha convertido en una preocupación global.
Muchos consumidores confían en ellos como complemento a la ventilación natural, convencidos de que añaden una capa de protección difícil de conseguir de otra manera. Los modelos con filtros HEPA son los más populares. Estos son capaces de atrapar partículas muy pequeñas, incluidas las que transportan patógenos.
También se promocionan las lámparas de luz ultravioleta, que en teoría inactivan virus y bacterias. El problema, como recuerda la investigación, es que la reducción de partículas no equivale automáticamente a menos contagios.
Y es que sin estudios clínicos bien diseñados, no se puede garantizar que la promesa de "respirar más seguro" sea cien por ciento cierta.
De esta manera, los purificadores de aire se han convertido en un símbolo de confianza pospandemia, pero su eficacia real contra infecciones sigue sin demostrarse de forma contundente. El marketing va varios pasos por delante de la ciencia.
El debate sobre la verdadera utilidad de los purificadores de aire
Los expertos insisten en que la ventilación natural, así como los sistemas de filtración centralizados en edificios, son más eficaces que confiar únicamente en dispositivos portátiles.
Abrir ventanas, mejorar el diseño de la ventilación y mantener filtros profesionales en sistemas de climatización suele tener un impacto mucho mayor que colocar un purificador en una esquina del salón.
Por eso, la comunidad científica reclama ensayos clínicos en condiciones reales, con personas expuestas a los virus habituales en interiores, de lo contrario, no son tan seguros como dicen.
Solo así se podrá saber si estos aparatos cumplen lo que prometen. Mientras tanto, la duda permanece, ¿son una herramienta de prevención o más bien un producto de consumo envuelto en promesas publicitarias?
Qué es un purificador de aire y cómo funciona
Un purificador de aire es un dispositivo diseñado para reducir contaminantes presentes en espacios cerrados. Su objetivo es mejorar la calidad del aire eliminando partículas sólidas, alérgenos, compuestos químicos y, en teoría, microorganismos como bacterias y virus.
El funcionamiento depende de la tecnología que incorpore. Por ejemplo, Los filtros HEPA capturan partículas diminutas al hacer pasar el aire a través de una malla muy densa, mientras que los sistemas con carbón activo absorben olores y gases.
Otras tecnologías más recientes, como el plasma frío o la oxidación fotocatalítica, no se limitan a filtrar, sino que reaccionan químicamente para destruir microorganismos. En teoría suena bien, pero la evidencia real de su eficacia en humanos es escasa.
En cuanto al uso, los fabricantes recomiendan situarlos en habitaciones cerradas, mantener las ventanas en determinadas condiciones y cambiar los filtros cada cierto tiempo. Sin embargo, el estudio recuerda que incluso cumpliendo con estas pautas, no hay pruebas sólidas de que disminuyan las infecciones respiratorias en un contexto real.
El objetivo declarado de estos aparatos es ofrecer un aire más limpio, pero esa promesa choca con un vacío de evidencias científicas. Mientras que sí pueden ser útiles para personas con alergias, no está demostrado que sean una barrera efectiva contra virus como la gripe o el coronavirus.

