Rory Johnston, analista petrolero: "Si el estrecho de Ormuz sigue cerrado, no hablaremos de una recesión, sino de una depresión global"

Rory Johnston
Rory JohnstonMontaje con IA

¡Alerta global por Ormuz! El cierre del estrecho desata una crisis de combustible sin precedentes. Los países pobres, los más castigados por la escasez de petróleo y materias primas.

El equilibrio de la economía mundial depende de puntos muy concretos del mapa y uno de ellos es el estrecho de Ormuz, una vía marítima por la que circula cerca del 20% del petróleo mundial.  

Es importante destacar que su fragilidad no es nueva, pero el contexto actual de los conflictos entre Israel, Estados Unidos e Irán ha vuelto a situarlo en el centro del tablero.

En una entrevista concedida al medio New Statesman, Rory Johnston declaró que si este paso permanece cerrado durante un periodo prolongado, el impacto podría derivar en una depresión global.

Qué es el estrecho de Ormuz y por qué es clave para la economía mundial

Cabe señalar que el estrecho de Ormuz es un paso marítimo de unos 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho, situado entre las costas de Irán y Omán, que conecta el golfo Pérsico con el mar de Omán y, desde ahí, con el océano Índico y el resto del mundo. 

Por él transita aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural que consume el planeta cada día, procedente de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y el propio Irán. 

No existe ninguna alternativa de ruta capaz de compensar ese volumen si el paso queda bloqueado. Lo que Irán ha hecho no es simplemente declarar el cierre, ha minado el estrecho y ha amenazado con atacar cualquier buque que intente cruzarlo. 

Eso convierte el bloqueo en algo cualitativamente distinto a un corte diplomático o a una interrupción logística. Ningún naviero asegura un buque en esas condiciones, y ningún armador envía un barco sin seguro.

Cuando Johnston dice que si el estrecho permanece cerrado no hablaremos de recesión sino de depresión. Una recesión es un retroceso económico del que las economías suelen recuperarse en uno o dos años con políticas adecuadas. 

Una depresión implica un colapso sostenido, destrucción masiva de empleo, quiebra de cadenas productivas enteras y un daño estructural que puede tardar una década en revertirse.

Una crisis que el mercado no puede absorber como las anteriores

En 2022, cuando Rusia invadió Ucrania, los mercados de energía sufrieron un shock severo. Los países europeos pudieron buscar fuentes alternativas, redirigir importaciones, acelerar contratos y adaptar su consumo de forma gradual. 

Lo mismo ocurrió con los ataques hutíes al mar Rojo entre 2023 y 2024, que encarecieron el transporte y alargaron las rutas, pero no cortaron el suministro de golpe.

El bloqueo de Ormuz no da ese margen, ya que es un corte brusco, de enorme volumen y sin alternativa inmediata. Johnston lo describe con una imagen precisa y doblarlo hasta el punto de romperlo. 

El mercado puede absorber perturbaciones cuando tiene tiempo de adaptarse, pero aquí no lo tiene, y es que las cifras de precio reflejan esa tensión.

Si el cierre se prolonga sin solución diplomática a la vista, el escenario de los precios deja de ser una proyección extrema para convertirse en una referencia operativa.

El impacto que ya se nota y lo que está por llegar

Para las economías más ricas, un petróleo en esos niveles actúa, en palabras de Johnston, como una subida de impuestos masiva y repentina aplicada sobre toda la economía al mismo tiempo. 

El dinero que los hogares y las empresas destinan a combustible, transporte y energía deja de circular en el resto de la economía. Menos consumo, menos inversión, inflación al alza y bancos centrales atrapados entre la necesidad de contenerla y el riesgo de agravar la recesión si suben los tipos.

Europa se encuentra en una posición delicada debido a que depende en gran medida del gas natural importado, y ese mercado ya funciona en régimen de subasta abierta, donde los barcos cambian de destino en ruta hacia quien ofrezca más. 

Los países del Sur Global no tienen ninguna capacidad para competir en esa subasta. Si el petróleo disponible fluye hacia quien más paga, lo que llega a las economías más pobres es escasez real, no solo cara. 

Además, habrá efectos directos sobre el transporte de alimentos, la logística agrícola y la cadena de suministro humanitaria en regiones que ya operaban con márgenes muy ajustados.

El mundo ha atravesado crisis energéticas muy severas y ha salido de ellas sin contratiempos. Pero ninguna combinó este volumen de suministro cortado con esta velocidad. 

Lo que diferencia el análisis de Rory Johnston del catastrofismo habitual es precisamente eso: no dice que el sistema vaya a colapsar, dice que las herramientas para evitarlo son insuficientes si el conflicto se prolonga. 

Y que, en este caso, la única variable que puede cambiar el cálculo económico no está en ningún banco central ni en ningún ministerio de finanzas, sino en la mesa de negociación diplomática.

Más información sobre: