Baterías de sodio: el as en la manga de Europa para conseguir la ansiada dependencia energética

Baterías de sodio
Baterías de sodioGenerada con IA

Europa ha encontrado en la sal común su mejor arma para dejar de depender de las potencias asiáticas. Las baterías de sodio podrían ser la clave para el boom definitivo.

Teniendo en cuenta la cantidad de tecnologías a nivel de baterías que existen hoy en día, resulta bastante extraño que el futuro de la energía en Europa no esté en minas extranjeras, sino en algo tan común como la sal.

Las baterías de sodio son el as en la manga para romper, por fin, la dependencia del litio. Mientras que este se considera el oro blanco que todo el mundo se pelea y que China controla, el sodio está en todas partes, es barato y, lo más importante, lo tenemos aquí mismo.

Cabe señalar que la extracción del litio es un proceso extremadamente contaminante que requiere grandes cantidades de agua y energía, generando además enormes emisiones de dióxido de carbono.

Para extraer una sola tonelada de litio, se liberan aproximadamente 15 toneladas de CO₂ a la atmósfera, contribuyendo directamente al calentamiento global. Además, el proceso de extracción afecta gravemente al entorno, secando acuíferos, dañando ecosistemas y causando estragos irreversibles en los lugares donde se lleva a cabo la minería.

Las baterías de sodio representan la alternativa más prometedora hasta la fecha. Además, su proceso de extracción tiene un impacto ambiental mucho menor y es que, al ser el sodio tan abundante en la naturaleza, especialmente en los océanos, su obtención no implica los daños ecológicos.

Aunque es cierto que, en comparación con las baterías de litio, las baterías de sodio tienen una densidad energética ligeramente inferior (es decir, menor autonomía), la innovación tecnológica avanza rápidamente para solventar este pequeño problema, sobre todo si se habla de vehículos.

El "plan B" de Europa pasa por el uso de la sal

Por supuesto, para que este sueño se convierta en realidad, la UE necesitará invertir mucho dinero. Se está hablando de una inversión masiva de al menos 220.000 millones de euros destinados a investigación y desarrollo. 

Al final, esto no solo trata de hacer baterías para coches, sino de investigar sistemas de agua salada y electrolitos sólidos que puedan almacenar la energía de los parques eólicos y solares. 

Por otro lado, toda esta iniciativa surge ahora por algo muy sencillo: la necesidad del mercado. Hasta hace nada, el litio era (y sigue siendo) el rey porque concentra mucha energía en poco espacio, perfecto para, por ejemplo, móviles. 

Pero ahora se necesitan baterías gigantes para almacenar la luz de toda una ciudad o para coches eléctricos más asequibles. Es por eso que el sodio es el candidato perfecto: es estable, funciona mejor en temperaturas extremas y, sobre todo, no sufre las crisis de suministros que disparan el precio del litio cada dos por tres.

Además, Europa tiene una ventaja que no puede tirar a la basura. Muchas de las fábricas que hoy montan baterías de litio pueden adaptarse para fabricar las de sodio sin tener que tirarlo todo y empezar de cero.

Pero una industria no son solo máquinas y química; son personas. El plan europeo pone el foco también en la formación de los trabajadores. De ahí que se estén creando programas de formación para ingenieros. 

Las últimas investigaciones apuntan a que pronto será posible igualar o incluso superar la eficiencia energética del litio, haciendo del sodio el verdadero sustituto ecológico definitivo. 

Con esta tecnología, los coches eléctricos podrían liberarse completamente de su dependencia del litio, logrando por fin ser la solución realmente sostenible que se pretendía desde un principio. Europa quiere estar a la cabeza de todo este desarrollo.

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Carolina González

Redactora

Carolina González, redactora de actualidad, reportajes a fondo, análisis de todo tipo de productos y vídeos para el canal de Youtube.