CATL enfría el entusiasmo por la batería de estado sólido para el coche eléctrico: cara, peligrosa y aún muy lejos

Las pilas en estado sólido tardarán al menos una década en llegar.
Las pilas en estado sólido tardarán al menos una década en llegar.Imagen generada por IA

Mientras muchos fabricantes apuestan por la batería de estado sólido, CATL pone el foco en alternativas más realistas como las baterías de sodio o las semisólidas.

Durante años, la batería de estado sólido ha sido presentada como la gran promesa para revolucionar el coche eléctrico, al tener mayor autonomía, más seguridad, tiempos de carga más rápidos y costes reducidos. 

Esta tecnología ha alimentado el entusiasmo de fabricantes y usuarios por igual, y ha sido promocionada como la clave definitiva para consolidar la movilidad eléctrica. Sin embargo, la realidad es más compleja. 

Según CATL, el mayor productor de baterías del mundo, esta solución podría estar sobrevalorada, ya que es cara, potencialmente peligrosa y, sobre todo, muy difícil de llevar la producción a gran escala en los próximos años.

Riesgos ocultos de las baterías de estado sólido

Mientras muchas marcas aceleran para no quedarse atrás en la carrera tecnológica, lanzando prototipos que integran baterías de estado sólido, CATL opta por enfriar las expectativas. Con clientes tan importantes como Tesla, BMW o Hyundai, su visión tiene peso. Y no es que la empresa descarte la tecnología, pero considera que aún está lejos de ser una opción viable comercialmente.

En cambio, empresas como Changan han anunciado sus avances, con prototipos que apuntan a cifras prometedoras de hasta 1.500 km de autonomía y una densidad energética de 400 Wh/kg. Incluso aseguran haber incrementado la seguridad de sus baterías en un 70% gracias al uso de inteligencia artificial para la monitorización remota. Y, de hecho, la producción en serie está prevista para 2027.

Otros grandes nombres del sector, como Toyota, Nissan o BMW, también han marcado objetivos ambiciosos. Pero más allá de los anuncios, la fabricación de baterías de estado sólido presenta múltiples obstáculos técnicos. 

CATL lleva más de diez años investigando este tipo de baterías, y aun así su CEO, Robin Zeng, explicaba en una entrevista a Financial Time que las complicaciones químicas y estructurales que plantea esta tecnología hacen que esté lejos de una comercialización práctica.

La clave del problema está en el uso de litio metálico puro en el ánodo, necesario para alcanzar esa prometida densidad energética. Esta elección supone retos complejos. 

Para empezar, el material necesita mantenerse a presiones extremadamente altas para evitar que se degrade con el uso. Esa presión complica su fabricación, reduce la vida útil del sistema y puede convertir la batería en una fuente de peligro en caso de impacto o fallo estructural.

Zeng advierte también del riesgo químico que implicaría una perforación en la carcasa, debido a que el litio puro podría reaccionar con el oxígeno y formar compuestos tóxicos como el hidróxido de litio. Esto hace que la seguridad sea uno de los grandes frenos a su despliegue masivo, junto con el coste de producción y las dificultades logísticas de escalar una nueva química de baterías.

Alternativas más viables: el impulso de las baterías semisólidas

Frente a estos desafíos, CATL pone el foco en una opción más realista a corto plazo, las baterías de estado semisólido. Esta tecnología híbrida, que combina electrolitos sólidos y líquidos, ya está siendo aplicada en modelos como el IM L6 de SAIC o el Nio ET7, ambos comercializados en China.

Las baterías semisólidas ofrecen mejoras significativas sobre las tradicionales de iones de litio, porque pueden duplicar la autonomía, reducir el peso y mantener unos costes similares. 

Además, no presentan los mismos riesgos de presión ni las reacciones peligrosas asociadas al litio metálico puro. CATL lleva tiempo desarrollando esta alternativa y está convencida de que será la clave para una transición energética más segura y sostenible.

Lejos de desechar por completo la idea de las baterías de estado sólido, CATL insiste en que se trata de una tecnología prometedora, pero cuyo horizonte comercial no llegará antes de 2035. Mientras tanto, prefiere concentrar esfuerzos en lo que puede producirse, escalarse y usarse hoy con garantías.

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